Con su estrategia de supercentro y de captar a desencantados del PSOE, el PP ha dejado desprotegido el flanco diestro, cuando está al alza en todo Occidente.
En España gastamos memoria de
pez, excepto para los años treinta del siglo XX. Sale de paseo Cheroqui, un
brutal asesino de ETA liberado por cortesía del PSOE y el PNV, y salvo las
víctimas, aquí nadie recuerda sus salvajadas. Esa desmemoria se aplica a todo.
Por ejemplo, ¿alguien se acuerda de cuál fue el resultado del PP en las
generales de abril de 2019? Pues con el experimento Casado se quedó en el
chasis, con solo 66 diputados y el aliento en la nuca de un Rivera con 57. En
los siguientes comicios, en noviembre de 2019, Casado mejoró, pero aun así se
quedó en 89. El PP estaba en coma.
Feijóo ha devuelto a su
partido a la competición. Ha ganado todas las elecciones que se han celebrado
desde su llegada, excepto las de Cataluña, Asturias, País Vasco y Castilla-La
Mancha, plazas siempre débiles para sus siglas. En Aragón se ha repetido esa
dinámica: el PP es el más votado y el PSOE acelera hacia abajo. Por eso los
medios de sanchismo están proponiendo desde la noche del domingo un titular
alternativo: las elecciones aragonesas las ha ganado Vox y el PP es el gran
derrotado. ¿Imagínense lo que estaría diciendo el Pravda sanchista si Alegría
hubiese obtenido el resultado del «derrotado» Azcón? El champán desbordaría los
balcones de Ferraz.
Pero aun así, es cierto que
Feijóo tiene un problema: su trozo de la tarta está menguando levemente (-1,2 %
el domingo), mientras que el del partido con que se disputa su ámbito está
aumentando (+6,6 %). Vox está disparado, como ocurre en todo Occidente con las
formaciones conservadoras de ideario rotundo, y el PP, aunque sigue ganando, se
encuentra estancado.
La estrategia de Feijóo para
sacar al PP de la UCI, donde había ingresado con Casado y Egea, consistió en
intentar pescar desde el centro a desencantados del PSOE. Y le salió bien, pues
ganó las generales de 2023 con una subida de 47 escaños y también se ha
impuesto en municipales, autonómicas y europeas. Pero ha llevado ese centrismo
al extremo de proclamar que ya no importan la derecha y la izquierda, cuando su
liza está más viva que nunca. Al instalarse en el hipercentro, se ha quedado
fuera de la ola que ahora mismo está aupando a la derecha en todo Occidente. Lo
que ofrece el PP al público es tan sensato y correcto como poco ilusionante:
relevaremos a Sánchez y gestionaremos bien. Lo cual les basta para ganar las
elecciones, sí, pero no para salir de su estancamiento.
Con tanto lanzar su anzuelo a
la izquierda, el PP ha descuidado los caladeros derechos. Los problemas de
Feijóo se evidencian si nos hacemos cuatro preguntas: 1.- ¿Es un político de
centro-derecha, o más bien de centro puro y cercano a la socialdemocracia? 2.-
¿Cuál es la idea-fuerza que ofrece a la sociedad hoy el PP, más allá de decir
que Sánchez es muy malo, lo cual es cierto, y que hay que recuperar la
normalidad? 3.- Si eres una persona de clase media, ¿en qué va a mejorar tu
vida cotidiana con el PP respecto al PSOE de Sánchez? 4.- ¿Gana apoyos en la
derecha el PP diciendo cosas como que está dispuesto a entenderse con Junts, el
partido que dio el golpe de 2017 con ERC?
El PP podría mejorar sus
resultados electorales en solo diez minutos con cuatro sencillos cambios (y
perdonen la petulancia de hacer de Pepito Grillo):
1.- Enarbole con claridad de
una vez la bandera de que el PP es el partido que te va a bajar los impuestos.
Y no solo a las personas de salarios más bajos, sino también a las clases
medias, los profesionales de éxito y las empresas, todos machacados por la
fiscalidad confiscatoria de PSOE y compañía.
2.- Fiche ya a Espinosa de los
Monteros, un político brillante hoy en el banquillo, con lo que lanzaría un
importante guiño a los votantes de derechas que no quieren un PP
socialdemócrata.
3.- Aproveche en serio y dé
protagonismo a Cayetana, que gusta al votante de derechas, hoy desatendido por
el PP, y que tiene la mejor cabeza y preparación de Génova (y energía para dar
la batalla ideológica).
4.- Súmese a la denuncia
contra los excesos del 'wokismo' y la ingeniería social de la izquierda.
La otra vía es que se
mantengan en el suave centrismo, el consenso socialdemócrata de la fiscalidad
gravosa y la tolerancia con la moral woke del PSOE. Lo cual es
pan para hoy y hambre para mañana.
Mi PD: Deberían hacer más hincapié
en el tema de la inmigración, y sumados a esos cuatro puntos, si de verdad los
cumplen, recuperarían muchos voto de los votantes de VOX que se han ido desencantados
y sintiéndose engañados por lo que es hoy el PP = PPsoe, y consideran que su voto a VOX sirve para obligar al PP a hacer lo que promete, y luego no cumple, y acercarse más a los postulados de un país de tradición cristiana.
Luis Ventoso El Debate 10.02.2026