El euro no pasa por sus mejores momentos, y los más pesimistas auguran su desaparición o que algunos países de la zona euro la tendrán que abandonar, con las consecuencias que eso tendrá para la moneda única.
Además, según las previsiones oficiales, el paro no va a disminuir, y si lo hace, será en el final del año.
El gas va a subir, aun más, y el petróleo puede que se dispare (en el momento de escribir estas líneas su precio ha subido mas de un 4%) por el posible bloqueo, por Irán, del estrecho de Ormuz.
El PP, en veinte días de gobierno, ya ha faltado a sus promesas electorales y ha subido el IRPF como nunca había subido antes. De hecho, la subida del 1% de las pensiones queda prácticamente anulada con la subida del IRPF.
Eso por no hablar de la reducción del 10% a los altos cargos de la administración (incluidos los directores generales que casi todos son funcionarios), que no tiene su reflejo en los sueldos de los parlamentarios, que muchos van al hemiciclo o a las cortes, a jugar con el iPhone o iPad que los españoles les pagamos, porque más no hacen.
Los bancos están ahogados, y el dinero que reciben de los bancos centrales lo utilizan para sanear sus cuentas, pero no para dar oxígeno a los miles de emprendedores y empresas que lo necesitan.
Como consecuencia de todo esto el consumo se retrae, y lleva al cierre de muchas empresas.
¿No iba el PP a fomentar el consumo? Si se creen que con no subir el IVA eso está logrado, se equivocan de cabo a rabo, ya que para estimular el consumo lasa medidas deben de ser más agresivas.
Sin entrar más a fondo, y dada en la situación trágica que el enemigo Rodriguez ha dejado España, y digo enemigo porque si amara a España no le habría hecho lo que le ha hecho, el panorama que nos espera es, cuando menos, poco halagüeño.
Me temo que muchas familias van a tener muchos apuros, no sólo para llegar a final de mes, sino incluso para poder comer (confiemos en le buen hacer de Caritas Española, la tan odiada iglesia por los progre).
Desde luego, la familia del que suscribe, este año, y rompiendo una larga tradición de Reyes generosos, ha reducido los gastos navideños en un 30 o 40% por lo menos (y no somos la única familia), con los nefastos efectos que eso tiene en la economía.
Feliz año a todos, y a rezar y trabajar para que las cosas se reglen pronto, porque de no ser así, el futuro pinta muy, muy mal.