A continuación reproduzco este interesante artículo publicado por |Juan de Dios Dávila el pasado mes de mayo, que no por se antiguo deja de ser actual y reflejar muchas verdades,
La traición se ha consumado
No estamos ante hechos puntuales, o ante una crisis
más, estamos en medio de una revolución, es decir, de un cambio violento en las
instituciones políticas, económicas y sociales.
Quizás alguno se sorprenda que indique que el cambio
que se está produciendo es violento, pero es que uno de los desencadenantes
fundamentales de esta situación ha sido el terrorismo de ETA, que hoy se ve
recompensado con su blanqueamiento, a través de su reconversión en un partido
político que es sostén del actual gobierno social-comunista de Pedro Sánchez.
Es violento porque el proceso de secesión iniciado en
Cataluña, es otro de los elementos esenciales de esta situación. De hecho, los
secesionistas catalanes son esenciales también en el gobierno de Pablo Iglesias.
Es violento porque se está aprovechando el Estado de
Alarma para poner las instituciones al servicio del partido en el poder.
Es violento porque a través del Estado de Alarma se
han anulado derechos y libertades fundamentales de los españoles, como son el
de trabajo, movimiento, reunión y manifestación.
Es violento, porque se ha legislado impidiendo la
actividad económica, de manera que es segura la ruina de cientos de miles de
familias.
Lo que se está produciendo en España, no es un
movimiento dirigido en buscar el bien común de todos los españoles. Es un
proceso surgido del social-comunismo, que hace una interpretación ideologizada
de la realidad. El que no se adapta a su ideología, pierde todos sus derechos
fundamentales. Todo el que muestra su desacuerdo con el gobierno de Pablo
Iglesias sufre el acoso inmisericorde de comunistas y socialistas en la calle,
son agredidos e incluso vigilados por los servicios de información de la
Guardia Civil, como indicó públicamente su Jefe de Estado Mayor en una
tristísima rueda de prensa.
Lo que se está produciendo en España, no es un proceso
fácil de reconducir, como algunos pretenden alegando el sentido común o el que
estamos en Europa. Desgraciadamente el motor de ese proceso revolucionario no
entiende ni de razonabilidad, ni de sentido común, ni de verdad, ni de justicia
social. Su base está en una construcción ideológica, comunista y
excluyente. O la aceptas, o eres un enemigo del Estado, un peligro de la
“nueva normalidad” y hay que acabar contigo.
Este ascenso del comunismo en España ha conseguido
redefinir la lucha de clases manipulando el sentimiento de frustración de todo
aquel que se siente injustamente tratado por la vida.
Esta mutación de la peligrosa y violenta lucha de
clases, ha permitido extenderla a una clase media que se siente injustamente
tratada, que ve como su trabajo está en peligro sin que tenga ahorros
suficientes con los que hacer frente a esta situación.
Las herramientas que emplea este gobierno
social-comunista, son la mentira y el miedo. Aquellos que no se rinden ante la
mentira, pretenden que se rindan por miedo, por eso, aquellos españoles que
salen a la calle a protestar son agredidos impunemente.
La amenaza en el Congreso del vicepresidente Pablo
Iglesias a la diputada María de la Cabeza Ruíz “…les aseguro que España y
nuestro pueblo se quitará de encima, por segunda vez en el siglo XX, la
inmundicia que representan”, está alentando las agresiones en la calle
sobre aquellos que se atreven a protestar en las plazas públicas. La disidencia
debe ser aniquilada desde el inicio, de forma brutal, para que el miedo
paralice a la sociedad y permita al comunista Pablo Iglesias tomar el poder
absoluto.
En esta situación, la tentación a la desesperanza es
grande, es más, es alentada por todos aquellos enemigos de la libertad, de la
justicia, de la verdad, de España. Muchos se preguntaran porque se alienta la
desesperanza. Pues bien, porque la virtud de la Esperanza, la pequeñita de las
virtudes, es fundamental para creer que es posible lo mejor, que es posible lo justo,
que es posible vivir dignamente, y eso forja una voluntad decidida a luchar por
lo justo y lo correcto. La Esperanza es la que alimenta la firme voluntad de
insistir en lo correcto, de proponer lo justo, de vivir libre asumiendo todas
las consecuencias que ello pueda acarrear. Hoy es el momento “de creer contra
toda esperanza”, de perseverar en ella, porque, si es posible vivir como
hombres libres, como españoles, aunque han llegado tiempos en que pensar y
expresarlo es peligroso.
Hay que salir a las plazas, a las calles a recuperar
de nuevo nuestra libertad, nadie lo va a hacer por nosotros, es la sociedad
civil, ante la traición de quienes debieran velar por su prosperidad, quienes
debemos recuperarla, porque “la libertad no se pide, se toma”.