domingo, 27 de noviembre de 2022

¡Mira! Un burro volando

El Gobierno publicará una ley para que los burros vuelen. Pasado un tiempo, se comprobará que los burros, pese a su obligación legal de volar, no lo hacen.

Entonces el Gobierno justificará el fracaso de la ley alegando que no se ha gastado lo suficiente para que los burros vuelen. La gente sensata protestará alegando que los burros son burros, no águilas.

Entonces, el Gobierno activará sus medios de propaganda para denunciar que hay sectores en nuestra sociedad que odian a los burros y quieren negarles su derecho a volar. Con el tiempo, una parte importante de la población se olvidará de la cuestión clave, que es que los burros, en efecto, no son águilas.

Y el debate derivará hacia la prevalencia de la obligación moral de amar a los burros y defender su inalienable derecho a volar como las águilas.

A tal efecto, el Gobierno legislará y establecerá el delito de odio al burro volador.

Y, para reeducar a los que no creen en los burros voladores, se creará la figura del educador en perspectiva de burros voladores. Pero, pese a todos los esfuerzos y después miles de millones de euros gastados, los burros, que son muy suyos, no volarán. Y aflorarán las críticas.

Entonces el Gobierno lanzará su consigna: "¡Ni un paso atrás en la defensa de los burros voladores!" Décadas después, los burros seguirán sin volar. Pero, para entonces, el burro volador se habrá convertido en un símbolo. Y a su alrededor habrá florecido un universo de observatorios, subvenciones, asociaciones... Su peso en las citas electorales será enorme.

Habrá un Día Mundial del Burro Volador, huelgas estudiantiles, y de las otras, en defensa del burro volador, y numerosos papers ofrecerán datos agregados sobre la población de burros y la aplicación del derecho a volar. Y los partidos que antes consideraban al burro volador como un disparate legislativo, moderarán su discurso.

No reconocerán el derecho del burro a volar, pero sí su derecho a poder saltar como gacelas. Y el burrismo derivará en dos corrientes: habrá un burrismo de tercera ola y un burrismo liberal.

Aurelio G.
Fundador y presidente de The Heroes Club.

martes, 15 de noviembre de 2022

La verdadera memoria histórica

 Érase una vez que se era...

Un país donde, sin que nadie la votara, amaneció un día una República.

Los políticos de izquierdas y de derechas que habían conspirado largamente para traerla se pusieron de acuerdo, en lo que se fuma un puro, para nombrar presidente y gobierno. Fue el 14 de abril de 1931.

Tras un breve periodo constituyente se fue a elecciones (nov 1933) y éstas, vaya por Dios, fueron ganadas por las formaciones de derechas (por cierto, de manera abrumadora).

 Las izquierdas ya habían advertido de que, en caso de que las urnas les fueran adversas, irían contra "la república burguesa".

Algo muy democrático, claro,  según afirma hoy el Gobierno Sánchez, haciendo de esta barbaridad ley.

Y cumplieron con lo anunciado: en octubre de 1934 se produce un levantamiento obrero en la cuenca minera asturiana, organizado, financiado y armado por el PSOE.

Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, a la sazón líderes socialistas, habían convocado para tales fechas una Huelga General Revolucionaria, confiando en extender la insurrección armada por toda la geografía hispana, pero aquel Golpe de Estado (oigan: GOLPE DE ESTADO) se quedó en mera (aunque sangrienta) aventura, porque salvo en pequeñas localidades de Albacete y Cádiz, el obrero eligió quedarse en casa. Y más aún cuando vieron que, aprovechando que el Pisuerga para la ocasión pasaba por la cuenca del Nalón, Lluis Companys proclamaba el Estat Catalá.

 Fueron dos semanas de destrucción y crimen, que obligaron al presidente Lerroux a recurrir al Ejército de África para devolver el orden constitucional.

Lógicamente los cabecillas fueron procesados y, a instancias del Gobierno, Largo Caballero, líder de la UGT, fue juzgado por el Tribunal Supremo y acusado por el Fiscal General de la República, Valentín Gamazo.

Gamazo pidió 30 años de reclusión para Largo Caballero por "rebelión militar". Sin embargo, y a pesar de las abrumadoras pruebas presentadas a lo largo de los cinco días de la vista, el líder socialista fue declarado inocente.

 El Fiscal Jefe Gamazo, jurista de fuste donde los hubieren, dimitió. Desde ese día, Paco Largo, bien desde el periódico Claridad, bien en sus propios mítines, no dejó de exhibir sus ideas ante masas enfervorecidas: o Dictadura del Proletariado o guerra civil. Y oigan: la tuvo.

Luego volveremos a este punto.

Agosto de 1936, el fiscal Gamazo en compañía de su esposa Narcisa y sus 9 hijos se ha trasladado a Rubielos, una aldeita en la provincia de Cuenca. Hasta allí se llegan un par de matones mandados desde Madrid, en compañía de otros 20 milicianos de localidades próximas. Toman preso a Valentín y a tres de sus hijos: José (21 años), Francisco (20 años) y Luis (17 años).

El padre suplica que lo maten a él y tengan piedad de sus hijos, pero en una carretera próxima los matan a todos cómo a perros, siguiendo el orden de menor a mayor en un alarde de morbosa crueldad. El Fiscal Jefe de la (gloriosa) República vio como asesinaban uno tras otro a sus hijos mayores antes de morir él.

 Capone fue un puto aprendiz al lado del vengativo Largo Caballero. Los cadáveres fueron abandonados en un paraje tan inhóspito que, para cuando Narcisa los encontró varios días después, ya eran sólo unos bultos hediondos.

 Y esto, amiguitos y amiguitas, resume el "Estado de Derecho" de la gloriosa Segunda República Española contra la que se sublevaron un grupo de "desalmados fascistas".

 Mire, querido imbécil: si la guerra civil hubiera sido un capricho de Franco no hubiera pasado de Melilla. Lea mientras pueda.

 Para el recuerdo:

Valentín Gamazo fue Abogado del Estado, al igual que José Calvo-Sotelo, Juan de Isasa, Porfirio Silván, Juan Manuel de Estrada, José Gómez de la Serna, Leandro González, Manuel Gómez Acebo, Pedro Redondo, Wenceslao Manzaneque, Antonio Marín, Manuel Mondéjar, Santiago Alonso, Julio Colomer, Federico Salmón, Luis Belda, Dimas Adánez, Jesús Yébenes, Teodoro Pascual, Fermín Daza, Luis Ruíz Valdepeñas, Juan Rovira, Juan Gómez, Celestino Lázaro, Ángel Aguado, Ángel Castro y Juan Godínez. Todos ellos ASESINADOS en 1936 por el Frente Popular.

 Dos años después de acabada la guerra, una persona reconoció a uno de los secuestradores de la familia Gamazo. El sujeto andaba tranquilamente por las calles de la capital.

Lo denunció y, tras ser efectivamente identificado y con un juicio justo, fue condenado a muerte y ejecutado.

 Aquel hijo de puta hoy es reivindicado por asociaciones de Memoria Histórica como "asesinado vilmente por el fascismo". Igual hasta sus descendientes reclaman un jornalito... "¡Ay de mi pobre abuelito!".

 La verdad, la puta verdad, es que la guerra civil solo la deseaba un bando: la izquierda. Los "Golpistas" fueron aquellos convidados que no se resignaron a ser de piedra.

 Y es lo que hay. Se ganó la guerra y además se ganó la paz... y eso es exactamente lo que os quieren ocultar.

 Si en verdad eres un demócrata full equipe, déjanos contarlo tal cual pasó, machote. Quién tiene miedo a la verdad.

La gran mentira.

Alfonso Ussia

jueves, 10 de noviembre de 2022

Podía haber sido escrito por un agente de la autoridad

 El siguiente relato parece ser de un policía pero también podría haber sido de un guardia civil.

 Sólo nos falta saber cuántos policías y guardias civiles más piensan de la misma manera.

 Yo, Policía, encontrándome libre de servicio, estaba de compras cuando lo vi suceder.

 Un delincuente se aproximó a su víctima.

Era una madre que llevaba a su niño de la mano. Le apuntaba con una pistola en el rostro, amenazándola con matarla si no le entregaba el bolso.

Al ver esto, mi impulso policial surgió de inmediato.

Pero así como surgió se detuvo.

Y pensé:

"No tengo apoyo de nadie, ni del lugar donde trabajo, no tendré futuro, el Ministerio del Interior no me defenderá, el Ministerio Fiscal me acusará y el Poder Judicial buscará sentenciarme.

La legislación está siendo acomodada para proteger al delincuente y la sociedad me condenará sólo por ser policía.

Mi familia..., ellos me esperan en casa".

La pobre mujer asustada ni siquiera reaccionó.

El delincuente «víctima de la sociedad opresora», sin motivos y después de obtener lo que quería, dispara su arma.

La mujer cae al suelo con su rostro envuelto en sangre. El niño llora, llora sin saber qué hacer.

En ese momento, el delincuente no sólo robó lo poco que llevaba la mujer sino que también destruyó una familia, se llevó sus sueños, sus planes y su vida.

No reaccioné. Hice la llamada al 112 y avisé.

Al fin y al cabo, ese es el procedimiento.

Llegué a casa y allí estaban mi esposa y mis hijos.

No tuve que ver al Ministro del Interior expresando que fui irracional al impedir que el victimario matase a una mujer por un bolso «porque él es una pobre víctima de la sociedad y tiene derechos y necesidades».

No tuve que escuchar al presidente del Tribunal o al representante del Ministerio Fiscal, diciendo: «ese policía sólo sabe dar palos y disparar». 

No leí en las redes sociales el desprecio de la sociedad encendidas en contra de la Policía.

No vi fotos ni vídeos mostrando la agresión policial en contra de «una persona que sólo quería llevarse un bolso».

No vi las manifestaciones de los organismos de derechos humanos reclamando justicia e indemnización para la familia del pobre muchacho, muerto vilmente a manos de la Policía represora, poco preparada y que actúa precipitadamente, a la vez que pide "encarcelar al Policía" por abuso de poder.

Tampoco vi a los medios de comunicación como siempre abriendo sus titulares de noticias desacreditando la labor policial.

Mi arma no me fue retirada y no estuve seis meses suspendido de empleo y sueldo, sin poder trabajar, mientras deciden si voy a prisión o no.

Tampoco tuve que pagar con mi dinero a un abogado para que me defendiera por tan sólo cumplir con mi trabajo.

Sí. Yo estuve allí. Pero fue como si no hubiese estado.

El problema será cuando toda la Policía actúe así.

La inseguridad será todavía mayor y el caos lo gobernará todo.

El miedo a salir de casa para ir a trabajar, a llevar a nuestros hijos a la escuela, a ir al mercado nos acompañará siempre.

Es como si pareciera que estamos buscando acomodarnos para vivir en este caos.

Hemos perdido el norte;  hemos transgredido valores, principios y funciones.

Llamamos bueno a lo malo y malo a lo bueno.

Permitimos que cualquiera investigue, el fiscal no es investigador de profesión, su verdadera profesión es abogado, por eso sueltan a los delincuentes, el verdadero investigador en todo el mundo es EL POLICÍA o EL GUARDIA CIVIL, nadie más, por eso la delincuencia crece cada vez más. 

No importa quien lo escriba, importa quien lo lee.

ASÍ ESTAMOS.