viernes, 15 de septiembre de 2023

Para el CorruPsoe hay golpistas y golpistas

Ramón Tejero Diez, sacerdote, es hijo del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. 36 años después del 23-F, en el que su padre tuvo que asumir la responsabilidad que le correspondía, su hijo reflexiona sobre qué ha llevado al actual Gobierno a no exigir la misma responsabilidad a los golpistas que han declarado unilateralmente la independencia de Cataluña. Por su interés, reproduzco íntegra la carta enviada por Ramón Tejero a La Gaceta.

MI PADRE SUFRIÓ Y CUMPLIÓ SU CONDENA

La mañana del 24 de febrero del año 1981, después del golpe de estado del famoso 23F, me encontraba frente a la Dirección General de la Guardia Civil esperando a mi padre, un militar que sólo unas horas antes había tomado el Congreso de los Diputados por mandato de los Tenientes Generales del momento y con el convencimiento –porque así se lo comunicó expresamente el General Armada y así nos lo confirmó a sus hijos- de actuar en nombre de su Majestad el Rey. Presencié como mi padre llegaba a la Dirección General de la Guardia Civil como Tte. Coronel en activo. Nadie le detuvo en el Congreso de los Diputados; él fue despidiendo a su fuerza con la elegancia y caballerosidad de un militar que, asumiendo su responsabilidad, reconocía la valía de aquellos que habían sido fieles al mandato recibido… algo que aquellos que, no han vivido el espíritu castrense, nunca comprenderán.

Mi padre se entregó en libertad, consciente del delito cometido. Le ofrecieron un avión para salir de España con todos nosotros y una importante suma de dinero, pero lo rechazó. Tan sólo pidió que no se exigiesen responsabilidades de capitán para abajo. No pidió nada para él, sino para los que habían cumplido sus ordenes pensando que lo hacían por España. Un acto de honor, del cual no fui testigo, fue la entrega de su arma reglamentaria al director General de la Guardia Civil en su despacho… pero si fui testigo de cómo generales, jefes y oficiales de la Guardia Civil se cuadraban ante él como signo de respeto ante una acción que parecía ser del conocimiento de todos ellos.

Mi padre llegó libre, con el convencimiento de haber cometido un delito, como ha reconocido públicamente, pero con la coherencia y el honor de ofrecerse en libertad y conocimiento pleno de sus hechos al Director General de la Guardia Civil… Era consciente de la ilegalidad del acto perpetrado… pero también que no había obrado por iniciativa propia, sino en todo momento cumpliendo las órdenes de los altos mandos militares que le pidieron tomar el Congreso de los Diputados por orden del Rey… como así nos lo comunicó a la familia y así lo aceptamos.

Han transcurridos muchos años desde aquellas fechas y nos encontramos ahora con una terrible realidad del asombroso “Golpe de Estado en Cataluña”. Mi padre se hizo responsable de sus actos, asumió su responsabilidad, cumplió con la pena impuesta –la máxima- hasta el último día y en elocuente silencio sigue viviendo con infinito dolor por su Patria… nuestra Patria.

Y en la situación actual de nuestra amada España nos encontramos con una realidad que nos atormenta a todos. Un expresidente de la Generalidad que habiendo cometido un delito de rebelión no solo no se entrega con limpieza y dignidad, sino que tras cometer un delito de rebelión de forma pública, se va tranquilamente a su casa, viaja al día siguiente a Bruselas sin que nadie ordene su detención o retirada del pasaporte, se ríe de todos nosotros y sigue presumiendo públicamente de su delito y de la atrocidad de su actitud que tanto daño ha hecho a todos los españoles.

…Porté la ropa de mi padre después del golpe de estado la mañana del 24 de febrero… sin saber que podría ocurrir … el 25 de febrero estaba con él en la Prisión Militar de Alcalá de Henares… con serenidad e infinita paz. Consciente de lo ocurrido y sin rencor…. pero ahora después de más de 36 años y tras los sucesos de Cataluña me pregunto como español e hijo….

¿Dónde está la dignidad de aquellos que han perpetrado el Golpe de Estado en Cataluña?… ¿Por qué no son capaces de entregarse y reconocer que han cometido un delito?… Cómo es posible que el Gobierno actual y el Poder Judicial no actúen con la misma celeridad que en su momento tuvieron con mi padre… ¿A que jugamos?…¿Dónde está la dignidad y el honor de aquellos que perpetrando un golpe de estado no lo asumen?… Señores los “golpistas” del 23F estaban detenidos en 24 horas… y los golpistas catalanes campan a sus anchas… mostrando a la comunidad internacional la debilidad de un estado que, con aparentes complejos, pretende expresar, desde silencio, el miedo a asumir la tremenda realidad de un Golpe de Estado al sistema.

No tengo ni rencor ni odio… pero si creo en la verdad, en la autenticidad, en el honor y en la valentía de asumir los hechos perpetrados. No comprendo la cobardía, la traición y la mentira. Los españoles esperamos contemplar la expresión clara y tangible de la justicia, necesitamos redescubrir el Estado de Derecho. No queremos pactos, necesitamos la Verdad, esa “Verdad que nos hace libres”, esa verdad que nos hace sentirnos personas con todo lo que ello significa.

Cataluña es España y lo será siempre. Basta ya de jugar con nuestros sentimientos. Apliquemos la ley, como la aplicaron con mi padre. No juguéis con nosotros ni con España. Basta ya de palabras. Los hombres de bien necesitamos justicia y paz en un mundo de aparente oscuridad y discordia. Necesitamos vivir con la certeza de un Estado de Derecho, con el gozo de la libertad y el convencimiento de que vivimos conforme a la verdad que se manifiesta en la justicia de aquellos que anhelamos un Estado fundamentado en los principios que nos conforman como personas. Personas que, con San Pablo, gritamos que nuestra vocación es la libertad, una libertad fundamentada en la verdad y la justicia.

Soy sacerdote, no político, pero quiero recordar que San Juan Pablo II manifestó firmemente que el amor a la Patria es un deber de justicia y que faltar a ese deber es incumplir el cuarto mandamiento de la Ley de Dios “honrarás a tu padre y a tu madre”. Según el magisterio de San Juan Pablo II, la Patria es un madre a la que debemos amor, devoción y entrega.

Amemos a nuestra Patria España coma una madre y descubriremos su ternura y gallardía, aquella que nos da a luz, nos cuida y nos lanza a la entrega generosa y gratuita de la construcción del reinado de Cristo. Un reino de gracia, de verdad, de justicia, de vida y libertad.

Dios bendiga a España Unida y nos conceda el Don de la Paz.

Ramón Tejero Diez

Sacerdote 

domingo, 3 de septiembre de 2023

Occidente ha muerto, empalado.

El pasado dieciséis de agosto, en la ciudad francesa de Cherburgo, un individuo de 18 años que no come jamón y responde al nombre de Oumar, un tipo con ficha policial abierta por anteriores obras de beneficencia, asalta la casa de una mujer blanca de 29 años, la viola, la tortura y acaba empalándola con una escoba. Con el empalamiento le perfora la vagina, el colon, el intestino delgado, el peritoneo y el diafragma. Además, le produce un colapso pulmonar y la fractura de dos costillas.

La mujer, más muerta que viva, logra llamar a urgencias y es trasladada al quirófano de un hospital de Cherburgo. Allí le salvan la vida, aunque todavía sigue gravísima en la UCI. Varios cirujanos, enfermeras y auxiliares que la han intervenido quirúrgicamente están recibiendo tratamiento psicológico, ya que en su vida profesional jamás se han tropezado con algo semejante. Algo que volvería loco al más cuerdo.

Hasta aquí, una noticia que apenas ha tenido repercusión en los medios periodísticos ni ha provocado movilizaciones de protesta en Francia.

Dos semanas antes, un policía francés de raza blanca había disparado a un joven de 18 años (un joven que tampoco comía jamón y que también tenía antecedentes policiales) causándole la muerte. Entonces, media Francia, jaleada por el equivalente francés de Podemos, por ese tal Melenchón que ahora es íntimo de Yolanda y de Sumar, se lanzó a la calle atacando a alcaldes y a cargos electos de Francia, quemando ayuntamientos y comisarías, destrozando el mobiliario público y cortando carreteras, en una orgía destructiva que ya se está haciendo habitual en Francia. Melenchón, ese estadista francés primo-hermano de Podemos, en un alarde patriótico que ya ha pasado a la Historia, mientras su Francia ardía y el Gobierno legítimo de Macron se planteaba sacar al ejército a la calle, llegó a decir lo siguiente: <<poco nos pasa para lo que nos merecemos>>.

Hasta aquí, la otra noticia de Francia, la que todos conocemos.

Y ahora me voy a referir al besito de Rubiales: un escándalo tipificado como agresión sexual que ha movilizado a media España y que ha hecho intervenir en el debate a un alto cargo de la ONU. Sí, sí. De la ONU. Por no mencionar a la FIFA, a la FAFE, a la FEFA, a FOFÓ, a MILIKI y a FOFITO.

¿Qué hace que una mujer violada y después empalada por un hombre, una chica que ahora se debate entre la vida y la muerte, tenga muchísima menos importancia nacional e internacional que el besito de Rubiales? Para mí, las causas son dos:

1-En primer lugar, los europeos tenemos una empanada mental de tal calibre que ya no distinguimos lo grave de lo menos grave; la emergencia, de la urgencia; lo severo, de las tonterías de Telecinco, por el culo te la hinco. ¿Cree el lector que es de recibo que al hijo de un actor que ha asesinado y descuartizado a su novio en Tailandia lo tratemos con más respeto y benevolencia que al calvo besucón que le ha robado un piquito a una jugadora de fútbol? ¿Es normal que mis lectores no conozcan el caso del empalamiento francés, pero que incluso la ONU haya opinado sobre el besito de Rubiales?

2-En segundo lugar, Occidente está a punto de morir de éxito. Y de eso se están encargando, con muchísimo interés, un ejército de gilipollas suicidas capitaneado por la antigua izquierda europea: ésa que antes se ocupaba de los derechos de los trabajadores y que ahora ha volcado sus esfuerzos en que usemos vibradores vaginales en lugar de los tradicionales coitos, en que aceptemos los burkas como algo progresista, y en que digamos “todos, todas y todes” para mentar a alguien.

¿Cree el lector que si el empalamiento de Cherburgo se lo hubiese hecho un hombre blanco a una mujer llamada Jalifa habría tenido la misma repercusión social, mediática y política que la que he tenido el empalamiento de esta chica blanca de 29 años? Seguro que no. Las calles de Francia estarían ardiendo todavía, y las Belarras, las Irenes, las Werstrynge, las Pam, los Echeniques, los Iglesias, las Yolandas, los Monederos y los Melenchones estarían atizando el fuego hasta poner al Estado francés en el brete de sacar al ejército a la calle, como ya intentaron hace un mes con el asesinato de un chaval por un policía.

Porque de eso va el programa de esta tropa mencionada: de hacer saltar los mimbres de un Estado en que no creen, de una Constitución que aborrecen, de una Europa con valores que les son ajenos, y de una democracia que les viene estrecha para imponer su dictadura.

De eso va esta cuadrilla. Con esas cartas tenemos que jugar, y con esos mimbres construir Europa.

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.