miércoles, 4 de marzo de 2026

Carta de un cura de barrio a Silvia Abril (sus declaraciones en los Goya)

Estimada Silvia:

Me llamo Francisco Javier. Soy un sacerdote del montón que vive y trabaja en un barrio obrero del sur de Madrid, en Leganés. En mi día a día no hay focos ni maquillaje; aquí la vida es muy auténtica. Me dedico a estar con gente que sufre mucho, a escuchar a quien no duerme por la ansiedad de los problemas, a consolar a quien ha perdido a alguien querido y a dar esperanza a quien ya no ve salida. Como mis compañeros, trato de ayudar a todo el que lo pide.

He escuchado unas declaraciones suyas en la gala de los premios Goya en las que, entre otras cosas, dijo: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano; me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana». Por eso me he animado a escribirle y contarle algunas cosas.

Hace menos de un mes celebré un funeral de cuerpo presente por un hombre de cincuenta años que murió de manera repentina. Infarto. Aún tengo grabados a su padre y a su madre llorando desconsolados delante del féretro, y la cara de angustia de su mujer y de sus dos hijos, que han quedado huérfanos. Fue duro. Les dije que, si existe la sed, es porque existe el agua; y que, si existe el deseo de volver a abrazar a las personas que queremos, es porque existe el Cielo. Les anuncié que seguimos a un Dios que conoce el camino para salir de la tumba. Hace unos días su mujer me dio las gracias porque aquella oración era lo único que le había dado esperanza. Al ver sus declaraciones pensé que usted podría haber venido conmigo al tanatorio y, mirando a sus hijos a los ojos, haberles dicho: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano». Y luego, a su viuda y a sus padres: «Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana».

La última vez que asistí de cerca a la muerte de una niña fue el año pasado. La planta de oncología infantil del hospital estaba decorada con cariño para dar algo de luz en medio del sufrimiento de aquellos pequeños. Sus padres me llamaron. Estuve hablando largo rato con ellos. Me emocioné cuando su madre me dijo que la niña había dicho que sabía que iba a estar bien porque iba «con Jesús». Después le administré la unción y rezamos juntos en familia. Volví por los pasillos secándome las lágrimas. Aún la recuerdo riendo con su pañuelo en la cabeza. Murió unos días después. ¿Sabe qué, Silvia? He pensado que quizá le hubiera gustado estar allí para decirle aquello de: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano». Hoy sus padres siguen adelante con un dolor inmenso y también con esperanza; incluso han recibido el regalo de otra hija. ¿Se atrevería usted a venir conmigo un día a verles y repetirles que le da pena que necesiten creer en algo?

Usted dijo también: «Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado». ¿Sabe algo? En este barrio donde estoy no hay alfombras rojas ni se celebran galas. No hay salas VIP ni trajes de noche. Sí que hay camareros inmigrantes, pero aquí suelen servir café en las mesas, no están con bandejas llevando cócteles y aperitivos gourmet en las fiestas. Soy feliz aquí, quiero a este barrio. La invito a venir, Silvia. Véngase a mi «chiringuito» parroquial y quédese una mañana conmigo visitando a los enfermos que ya no pueden salir a la calle porque viven en edificios sin ascensor. Escuche las historias de mujeres que están solas porque sus hijos no las visitan nunca. Oiga a hombres que viven con la herida de haber perdido hijos por la droga o el alcohol. Puede ofrecerles alguno de esos consejos que se dicen en televisión. Después, por la tarde, acompáñenos con las voluntarias de Cáritas repartiendo alimentos a familias inmigrantes. No tenemos photocall, pero puede ayudar a repartir cajas de fruta, puede mirarlas y escuchar sus historias, y comparta con ellas sus recetas sobre la fe.

O quédese conmigo atendiendo a jóvenes que no logran salir de una adicción, que sufren por la ruptura de sus familias o por la angustia de no poder independizarse. Estarán encantados de escuchar sus soluciones. Luego le invito a quedarse en Misa con nosotros. Y no voy a cobrarle nada. En mi «chiringuito» no entra un solo céntimo de quien no quiere darlo libremente en la declaración de la renta. En cambio, de los impuestos que yo pago, una parte irá a sus películas, lo quiera yo o no.

¿Sabe por qué muchos jóvenes, y también adultos, vuelven a lo cristiano? No es que volver sea una carencia. Es que tienen carencias porque han crecido rodeados de cosas, pero vacíos de sentido. Mucha gente de las generaciones anteriores les han dado de todo pero les han negado lo más importante. Cuando alguien tiene frío, busca un refugio donde haya fuego, ese fuego que a veces se les ocultó. Necesitan creer porque, como usted y como yo, sufren, lloran, se angustian, tienen miedo y experimentan debilidad. Porque ven la vida con profundidad y no se conforman con que sea solo lo que se les ha ofrecido. Sus declaraciones suenan a cierta superioridad moral, como si ser frágil y apoyarse en la fe fuera algo vergonzoso, como si tuviéramos que ser superhéroes perfectos que nunca fallan. Y luego nos preguntamos por qué la salud mental es un problema creciente.

Sinceramente, hoy rezaré por usted.

Que tenga un buen día.

Francisco Javier Bronchalo, cura de barrio.

viernes, 27 de febrero de 2026

Un monigote frente a la catástrofe

Nuestros políticos llamados de izquierda, -un tanto frívolos digámoslo de pasada- rara vez calculan, cuando disparan sus fusiles de retórica futurista, el retroceso de las culatas, que suele ser aunque parezca extraño más violento que el tiro». Esta reflexión en torno a Juan de Mairena la escribió Antonio Machado poco antes del inicio de la Guerra Civil. Insistía no obstante el gran poeta en que su imaginario maestro jamás estuvo por el apoliticismo, sino solo por el desdeño de la mala política que hacen «trepadores y cucañistas sin otro propósito que el de obtener ganancias y colocar parientes». Está tan de moda que gente del Gobierno otorgue negocios y sueldos a familia y amigos, que pretendía yo dedicar este comentario a analizar las responsabilidades de nuestra izquierda fake, fraudulenta y charlatana, a la hora de animar con su proceder el actual crecimiento de la derecha extrema. Pero hace apenas una semana comprobamos que nuestro presidente encabeza además un Gobierno a cuya incompetencia solo hace sombra la ineptitud y desconcierto de la oposición.

El caballero Sánchez llegó a España, procedente de un triunfal paseo por la India, la mañana siguiente a la noche del apocalipsis sucedido en Valencia. Cansado como estaba de atenciones y elogios, no tuvo prisa en viajar al lugar del desastre, a fin de enterarse de la magnitud del problema, limitándose a convocar un comité de crisis de cuya efectividad nada sabemos. Desde un primer momento endosó la responsabilidad de la lucha contra la catástrofe al presidente de la Comunidad Valenciana, al que desde luego ofreció toda clase de indeterminadas ayudas, invocando la cogobernanza de la situación, término que no aparece que yo sepa en ninguna de nuestras disposiciones legales. El señor Mazón, encargado de combatir el horror, no le hizo asco a la encomienda. Y a partir de ese momento comenzó una carrera desenfrenada hacia su propia invalidación como líder político, dada su descomunal ineptitud en la gestión. Mientras tanto el Congreso de los Diputados, en nombre del luto por las víctimas, guardaba un minuto de silencio y suspendía la sesión de insultos entre el poder y la oposición habitual de todos los miércoles. Pero no hizo así con el último ataque a la libertad de expresión, junto con el más reciente reparto de favores a militantes adictos y amiguetes, procurándose un consejo de la televisión pública que garantice la obediencia debida al mando.

Al hilo de estos hechos hubo tímidos comentarios de la oposición respecto a la eventualidad de que el Consejo de Ministros decretara el estado de alarma, pero poder y antipoder coincidían en no querer hacerlo para no perjudicar la imagen de presidente autonómico. Como ya es sabido que una mayoría de diputados ni siquiera leen las leyes que votan, no es probable tampoco que se muestren interesados por normas vigentes hace ya más de cuarenta años. Una de ellas es la que regula los estados de alarma, excepción o sitio, promulgada con carácter de urgencia el 1 de junio de 1981, dos meses más tarde del golpe de estado de los generales Milán del Bosch y Armada contra nuestra democracia. En dicha ley se establece que el Gobierno podrá declarar el estado de alarma en todo o parte del territorio nacional «cuando se produzcan alteraciones graves de la normalidad, tales como catástrofes, calamidades o desgracias públicas, inundaciones, incendios o accidentes de gran magnitud, crisis sanitarias, paralización de servicios esenciales o desabastecimiento de productos de primera necesidad». En la mañana del día 30 de octubre, recién llegado Sánchez de los fastos hindúes, todas esas circunstancias se daban en medida impresionante en la Comunidad Valenciana, y con consecuencias menos graves en Castilla-La Mancha, mientras las lluvias torrenciales amenazaban también las islas Baleares. En la tarde del mismo día ya se comenzó a hablar de cerca de cien muertos, de miles de personas bloqueadas en diversas autopistas y de incontables desaparecidos; se supo además que nadie había avisado a tiempo del temporal a los pueblos arrasados en donde habían perecido decenas de personas. Incluso días más tarde ningún representante del Estado se personó allí, aunque el viaje no resultó dificultoso para los voluntarios a ayudar y los reporteros de las televisiones que transmitieron imágenes escalofriantes de lo que parecía el fin de nuestro mundo. Nada de eso conmovió la decisión del Gobierno de no encargarse directamente de luchar contra una catástrofe que no es local, sino nacional, y que afectó aunque en menor medida también a Cataluña, Andalucía y Extremadura. Sánchez se ha mostrado dispuesto a ello solo en el caso de que se lo solicite el presidente de la comunidad autónoma. Pero eso no es necesario según la ley. La misma establece a las claras que decretado el estado de alarma la autoridad competente es el Gobierno, que puede delegar en el presidente de la comunidad si lo estima conveniente. Es responsabilidad directa del presidente, su gabinete y la mayoría parlamentaria que le apoya no haber adoptado las medidas extraordinarias necesarias ante la catástrofe de la semana pasada. Y de nadie más.

Por lo demás está fuera de dudas que el poder político, el nacional y el autonómico, es también culpable de la tardanza, la descoordinación y el caos a la hora de proteger a la población, primero, y de ayudarla más tarde a reparar los daños, que superan ya las doscientas víctimas mortales mientras los desaparecidos son por el momento casi incontables. Hay por lo demás anécdotas vergonzantes que ponen de relieve lo distante de las preocupaciones de los actuales políticos profesionales respecto a la realidad de las calles. El mismo día que la mayoría sedicentemente progresista del Congreso renunció a enfocar sus trabajos en la catástrofe, prefiriendo dedicarse a controlar por la vía rápida RTVE, hubo declaraciones en el parlamento que hablan por sí solas de la catadura de quienes las pronunciaron. La diputada de Sumar Aina Vidal, favorita para sustituir a Iñigo Errejón como portavoz de su grupo, enfatizó: «Los diputados no estamos para ir a achicar agua». Eso dijo quien se define a sí misma como feminista, ecologista y sindicalista.

«Un hombre público debe fidelidad a su máscara, pero debe procurar que no sea tan rígida que le sofoque el rostro. Porque tarde o temprano tendrá que dar la cara»

Lejos de mí, como de Juan de Mairena, agitar los sentimientos de apoliticismo. La política es una profesión no solo necesaria sino absolutamente admirable en la medida que quienes se dediquen a ella lo hagan con vocación de servicio, o sea de achicar el agua y conjurar los peligros que acechan a la ciudadanía. La lucha por el poder es necesaria y lícita siempre que se respeten las instituciones, se refuerce el gobierno de las leyes, y se someta la acción de los gobiernos al escrutinio público, respetando y promoviendo la libertad de expresión en vez de persiguiéndola como hacen las actuales huestes monclovitas. Los partidos son absolutamente necesarios para el funcionamiento de las democracias. Pero hace tiempo que existe una crisis de representación en la mayoría de ellas. Se están generando elites de poder para las que su principal, y casi único, objetivo es el mantenimiento del mismo so pretexto de que su misión no consiste en regular la convivencia y promover la igualdad sino transformar la sociedad con arreglo a su particular ideología e intereses. Por desgracia poder y sabiduría no van habitualmente juntos.

Para terminar empeorando las cosas el jefe del Gobierno después de su desastrosa visita de ayer a un pueblo destruido por la catástrofe, en la que fue víctima de insultos y agresiones, acusó a los revoltosos de ser minorías políticas violentas. Ignoraba que ante lo que se enfrentó era un pueblo desesperado, y con razón, porque nadie le ayudó cuando lo necesitaba salvo el esfuerzo de los voluntarios y el testimonio de los reporteros que daban fe de que a ningún representante del Estado había acudido a ayudar a hombres y mujeres, desde ancianos a menores de edad, que defendían sus vidas y sus propiedades victimas ahora de la imprevisión y la especulación de muchos años. No se deben permitir y mucho menos aplaudir los desórdenes públicos. Pero ayer todos vimos que el rey de España, Jefe del Estado, y la reina Letizia dieron una lección de ciudadanía y saber hacer a un jefe del Ejecutivo que huyó de la plebe porque la plebe no le aplaudía. Su declaración, como siempre impermeable a las preguntas de los periodistas, puso de relieve la falta de empatía que este gobernante tiene con su pueblo, su arrogancia y su desvergüenza que están aniquilando la historia y el esfuerzo de millones de antiguos electores socialistas. Mirándole a la cara no puede uno menos de exclamar lo que ya dijera de la II República don José Ortega y Gasset: «No es esto, no es esto». Porque esto parece más bien un monigote. Si fuera así, citando de nuevo a Machado recordaré que un hombre público debe fidelidad a su propia máscara, pero debe procurar que no sea tan rígida e impermeable que le sofoque el rostro. Porque más tarde o más temprano tendrá que dar la cara.

Juan Luis Cebrián

The Objetive


jueves, 12 de febrero de 2026

Cómo podría Feijoó ganar votos en solo 10 minutos

 Con su estrategia de supercentro y de captar a desencantados del PSOE, el PP ha dejado desprotegido el flanco diestro, cuando está al alza en todo Occidente.

En España gastamos memoria de pez, excepto para los años treinta del siglo XX. Sale de paseo Cheroqui, un brutal asesino de ETA liberado por cortesía del PSOE y el PNV, y salvo las víctimas, aquí nadie recuerda sus salvajadas. Esa desmemoria se aplica a todo. Por ejemplo, ¿alguien se acuerda de cuál fue el resultado del PP en las generales de abril de 2019? Pues con el experimento Casado se quedó en el chasis, con solo 66 diputados y el aliento en la nuca de un Rivera con 57. En los siguientes comicios, en noviembre de 2019, Casado mejoró, pero aun así se quedó en 89. El PP estaba en coma.

Feijóo ha devuelto a su partido a la competición. Ha ganado todas las elecciones que se han celebrado desde su llegada, excepto las de Cataluña, Asturias, País Vasco y Castilla-La Mancha, plazas siempre débiles para sus siglas. En Aragón se ha repetido esa dinámica: el PP es el más votado y el PSOE acelera hacia abajo. Por eso los medios de sanchismo están proponiendo desde la noche del domingo un titular alternativo: las elecciones aragonesas las ha ganado Vox y el PP es el gran derrotado. ¿Imagínense lo que estaría diciendo el Pravda sanchista si Alegría hubiese obtenido el resultado del «derrotado» Azcón? El champán desbordaría los balcones de Ferraz.

Pero aun así, es cierto que Feijóo tiene un problema: su trozo de la tarta está menguando levemente (-1,2 % el domingo), mientras que el del partido con que se disputa su ámbito está aumentando (+6,6 %). Vox está disparado, como ocurre en todo Occidente con las formaciones conservadoras de ideario rotundo, y el PP, aunque sigue ganando, se encuentra estancado.

La estrategia de Feijóo para sacar al PP de la UCI, donde había ingresado con Casado y Egea, consistió en intentar pescar desde el centro a desencantados del PSOE. Y le salió bien, pues ganó las generales de 2023 con una subida de 47 escaños y también se ha impuesto en municipales, autonómicas y europeas. Pero ha llevado ese centrismo al extremo de proclamar que ya no importan la derecha y la izquierda, cuando su liza está más viva que nunca. Al instalarse en el hipercentro, se ha quedado fuera de la ola que ahora mismo está aupando a la derecha en todo Occidente. Lo que ofrece el PP al público es tan sensato y correcto como poco ilusionante: relevaremos a Sánchez y gestionaremos bien. Lo cual les basta para ganar las elecciones, sí, pero no para salir de su estancamiento.

Con tanto lanzar su anzuelo a la izquierda, el PP ha descuidado los caladeros derechos. Los problemas de Feijóo se evidencian si nos hacemos cuatro preguntas: 1.- ¿Es un político de centro-derecha, o más bien de centro puro y cercano a la socialdemocracia? 2.- ¿Cuál es la idea-fuerza que ofrece a la sociedad hoy el PP, más allá de decir que Sánchez es muy malo, lo cual es cierto, y que hay que recuperar la normalidad? 3.- Si eres una persona de clase media, ¿en qué va a mejorar tu vida cotidiana con el PP respecto al PSOE de Sánchez? 4.- ¿Gana apoyos en la derecha el PP diciendo cosas como que está dispuesto a entenderse con Junts, el partido que dio el golpe de 2017 con ERC?

El PP podría mejorar sus resultados electorales en solo diez minutos con cuatro sencillos cambios (y perdonen la petulancia de hacer de Pepito Grillo):

1.- Enarbole con claridad de una vez la bandera de que el PP es el partido que te va a bajar los impuestos. Y no solo a las personas de salarios más bajos, sino también a las clases medias, los profesionales de éxito y las empresas, todos machacados por la fiscalidad confiscatoria de PSOE y compañía.

2.- Fiche ya a Espinosa de los Monteros, un político brillante hoy en el banquillo, con lo que lanzaría un importante guiño a los votantes de derechas que no quieren un PP socialdemócrata.

3.- Aproveche en serio y dé protagonismo a Cayetana, que gusta al votante de derechas, hoy desatendido por el PP, y que tiene la mejor cabeza y preparación de Génova (y energía para dar la batalla ideológica).

4.- Súmese a la denuncia contra los excesos del 'wokismo' y la ingeniería social de la izquierda.

La otra vía es que se mantengan en el suave centrismo, el consenso socialdemócrata de la fiscalidad gravosa y la tolerancia con la moral woke del PSOE. Lo cual es pan para hoy y hambre para mañana.

Mi PD: Deberían hacer más hincapié en el tema de la inmigración, y sumados a esos cuatro puntos, si de verdad los cumplen, recuperarían muchos voto de los votantes de VOX que se han ido desencantados y sintiéndose engañados por lo que es hoy el PP = PPsoe, y consideran que su voto a VOX sirve para obligar al PP a hacer lo que promete, y luego no cumple, y acercarse más a los postulados de un país de tradición cristiana.

Luis Ventoso El Debate 10.02.2026

viernes, 30 de enero de 2026

No os dejaremos solos

Os ayudarán, hasta el último límite de sus fuerzas, los soldados, los guardias civiles y miles de buenas personas dispuestas a todo. Os ayudarán los españoles. Y es posible, que la bruja Von der Leyen os ofrezca una ayudita. Pero los que gobiernan España, os dejarán solos.

No suspendieron el pleno. Tenían prisa, mientras un centenar de españoles habían fallecido arrastrados por las aguas, en apropiarse de RTVE. «No os dejaremos solos», prometió el mayor mentiroso y cínico de la historia de España contemporánea. Muy lejos de la tragedia, los palmeros que aún viven en contenedores porque Sánchez no les ha mandado ni un ladrillo, sonrieron con tristeza ante semejante promesa. Venía de la India, descansado y feliz. «No os dejaremos solos». Prometió la ayuda del Estado y de la Unión Europea. Cuando sepamos cuántos españoles murieron ahogados entre barros y ripios de piedras arrastradas, ya pueden ir los valencianos, los castellano-manchegos, los despojados de sus vidas y de sus viviendas, acostumbrarse a la soledad. Será la iniciativa privada y la generosidad de millones de españoles el origen de la ayuda desinteresada. Porque ellos, os dejarán solos. Os dejarán solos Sánchez, su Gobierno, la Unión Europea y la riquísima chacha de Soros, Úrsula Von der Leyen. Ellos están para lo que están, pero no más. Los primeros días, cuando no exista el peligro, cuando la UME, la Guardia Civil y la Policía hayan desatascado el caos, Sánchez os visitará unos minutos, soltará una sarta de falsedades, y se irá. No repetirá viajes cada semana como hizo cuando el volcán de La Palma. Frecuentaba la tragedia y el dolor de los palmeros, prometía lo que sabía que no iba a dar, y volaba hasta Lanzarote, donde le esperaban su familia y sus amigos para pasar un delicioso fin de semana a cargo de usted y de mí.

Pero han pasado tres años, y las casas no se han reconstruido, y los que vieron como la lava devoraba sus hogares, sus plantaciones y sus propiedades, siguen viviendo en contenedores porque les han dejado solos. Valencia resurgirá, y lo hará gracias a los valencianos y al resto de sus compatriotas dispuestos a dar lo que no tienen para alcanzar un modo de vida que jamás podrá compararse con el que tuvieron con anterioridad al estallido de la DANA. Pero os dejarán solos, valencianos, porque el gran mentiroso os ha prometido lo contrario. Y al gran mentiroso, amansadas la ira y la incomprensión de los primeros días, vuestra situación terminará importándole un bledo, un pito. Mientras rescatabais a vuestros muertos del fango, mientas vuestros hogares se desmoronaban, mientras manteníais vuestra esperanza de vida bajo el aguacero en los tejados de vuestras casas, el que nunca os dejará solos, ordenaba la celebración del pleno del Congreso por el que, los partidos separatistas, comunistas, terroristas, y feministas de pega, se adueñaron definitivamente de la RTVE, que es propiedad de todos los españoles. Rufián soltaba sus gracias y los 'homínidos´ proetarras aplaudían.

En los contenedores de La Palma, se miraban sus inquilinos con devastación malherida.

De tener una Mareta en la cercanía de Valencia Sánchez os visitaría todos los jueves, como hacía con La Palma. Os prometería el oro y el moro –el segundo se está llevando el oro que nos queda–, y volaría en su Puma para reencontrarse con los gorrones a cuenta de los españoles que le aguardaban en la casa que Husein de Jordania le regaló a Don Juan Carlos I, el desterrado sin motivo. Pero no esperéis más de dos efímeras visitas. A él y a ella les importan otras cosas, mucho más agradables y placenteras para gozar del retiro dorado de los mares caribes. Pero los que jamás os dejaremos solos somos los españoles, los que pagamos los impuestos que ellos suben para robarnos mejor, los que se reparten los dineros de Europa en proyectos inauditos mientras desaparecen los presupuestos sobrantes, los que alojan a los soldados del islam que llegan a la costa de España en hoteles de lujo mientras en La Palma siguen viviendo las víctimas del volcán en contenedores.

Os ayudarán, hasta el último límite de sus fuerzas, los soldados, los guardias civiles y miles de buenas personas dispuestas a todo. Os ayudarán los españoles. Y es posible, que la bruja Von der Leyen os ofrezca una ayudita. Pero los que gobiernan España, os dejarán solos, porque les aburrís muchísimo, porque no podrán extraer beneficios de vuestras tragedias, porque se han quedado con España, y los españoles no merecemos otra cosa que su desprecio.

Aún así, no os dejaremos solos, aunque ellos lo hagan cuando amainen los vendavales.

El Maestro Alfonso Ussía