lunes, 26 de febrero de 2018

POLÍTICO ES EL QUE NO PUEDE SER OTRA COSA

Desafortunadamente, en la actualidad, en la clase política que tenemos, salvo excepciones, es lo que ocurre, y de ahí que sea tan mediocre y desconocedora de la realidad laboral y empresarial.

Por su interés reproduzco el artículo publicado en el el diario Expansión digital.

Que la España institucional está dormida lo demuestra un hecho no por frecuente menos sintomático: son las voces del ayer más (Francisco González) o menos (Felipe González) reciente las que sin pelos en la lengua parlotean sobre los problemas del país y algunas de las soluciones. En el centro del tablero sestean el partido que gobierna y aquellos que en la corta medida de sus posibilidades ejercen la labor de oposición; en la periferia pervive con mimbres tragicómicos el asunto catalán.
González (Francisco) advierte que la mezcla entre políticos y empresarios no conduce a nada bueno. González (Felipe) echa en falta, en cualquiera de las formaciones existentes, un verdadero proyecto de país. Ambos quejidos tienen fundamento, ambos chocan no contra el espíritu de los tiempos sino contra el espíritu del espíritu español, destinado a boicotearse. No nos engañemos: en el sector privado hay más talento que en el sector público. La Administración ha sido el alimento primordial de una clase política que muchos llaman con razón extractiva porque está basada en el clientelismo y la improductividad. Pero también en un déficit de grandeza intelectual.
El signo de los tiempos modernos viene marcado por el mecanicismo: universalización de la alta velocidad, consolidación fiscal, crisis territorial y corrupción son cuatro factores distintivos de la era que arranca con Zapatero (AVE, Estatut) y se expande con Rajoy (Montoro, Puigdemont). El quinto elemento podría ser la retirada paulatina de la escena internacional, extremo que González (Felipe) subrayaba en una reciente y larga entrevista con El Mundo, cuando presumía de la terna que formaba junto a Helmut Kohl y François Mitterrand. Esta comparativa nos empuja a una cuestión en apariencia baladí: ni Zapatero ni Rajoy hablan idiomas porque ni Zapatero ni Rajoy cuentan con la grandeza intelectual necesaria para desempeñar el cargo que desempeñaron o desempeñan. No se trata ya de contrastar las habilidades de un hombre del siglo XIX (Napoleón, Jefferson, Humboldt, Darwin, Thoreau, por citar a cinco) con las de nuestros dirigentes del siglo XX (Susana Díaz, Carles Puigdemont, Miguel Ángel Revilla), sino de enfrentar, siquiera simbólicamente, al Suárez de la dificilísima Transición con su hipotético trasunto, Albert Rivera.
Los proyectos perentorios (una educación refinada, una revisión del Estado de bienestar, una apuesta clara por la innovación y una reforma constitucional) languidecen por esta ausencia de materia gris, favorecida a su vez por ese maniqueísmo tan hispano de los bandos irreconciliables. Para que la política española mejore tendría que asimilar primero el concepto del bien común, que es como pedirle peras al olmo, para proceder después a su propia purga. ¿No se examina cada día el emprendedor ante el cliente y los inversores? Que se examine también el político ante la ciudadanía, pero no mediante el voto sino mediante una hoja de servicios transparente: qué ha hecho desde que ejerce, cuál es su currículo, qué materias domina. Contra este argumento podría alegarse que cae en el elitismo. Ahí va una réplica a la réplica: si la política es una profesión, y ha demostrado serlo a tenor de las dilatadas estancias de quienes la ejercen, ¿por qué no exigir la misma diligencia en el desempeño que a un letrado, médico o programador en sus respectivos nichos profesionales? El idealismo como motor es maravilloso pero no resuelve problemas matemáticos, jurídicos o científicos.
Si el mandato de Zapatero estuvo marcado por la ocurrencia, el de Rajoy lo está por la cachaza. La cuestión es saber quién se perfila en el horizonte para cuando el presidente no esté. En sus propias filas no se adivina una sola figura. Sáenz de Santamaría quizá sea la más capaz, pero carece de alma igual que un robot (es matemática pero no idealista). Por otra parte, Pedro Sánchez es una versión empeorada de ZP porque, como éste, se alimenta de un idealismo mal entendido entendiéndolo aún peor. A Rivera se le llama camaleón y ningún dato lo desmiente por ahora, así que concluiremos que su alma es abigarrada, una suma de trozos sin unidad. Pablo Iglesias, por último, es todo corazón, un corazón henchido, romántico, inflamable, incendiario, nocivo. Un corazón que mira al pasado e intenta revertirlo, uno que mira al futuro y no ve nada más que la plasmación de ese nuevo pasado.


martes, 20 de febrero de 2018

La falsedad del ecologismo

Actualmente, para ser progresista, uno de los requisitos es ser ecologista y estar a favor del ecologismo, pero todos estos politicuchos, que se llaman progres, y están con el progreso (¿de sus ingresos?), son más falsos que una moneda de 3 euros.

Analicemos algunos puntos:
- Circular en bicicleta. ¿Dónde han quedado las promesas de esos políticos municipales que decían que si llegaban  ala alcaldía se desplazarían en sus bicicletas o en transporte público? Oye, ganar y tener coche oficial, y ya olvidarse de la bici y el transporte público, porque claro, tener un coche en la puerta de tu casa que te lleve a todos lados.......
- Coches híbridos y eléctricos. Algún político ha dicho canto cuestan. Ese tipo de coches son para los ricos (la casta de perriprogres), que no sólo se pueden permitir pagar esos precios, sino que como los eléctricos son para ciudad, tienen otro coche más para viajar. Lo normal y como todo ciudadano medio. Además, no te informar que los descuentos en el IVTM sólo son durante los primeros 4 años, si lo quieres mantener, a comprarte otro nuevo, que es lo normal, los españoles cambian de coche de mas de 18.000 € cada cuatro años, de ahí que tengamos el parque móvil más joven del mundo.
- Paneles solares. ¿Pero quien ha dicho que de ayudas para su instalación y que fomenten su utilización? Todo lo contrario, te niegan su instalación, y además de cuesta un ojo de la cara instalarlas. Lógico, dejan de recaudar por el impuesto a la electricidad.
- Reciclaje de basura. ¡No quiere que recicles! por eso cada día te llevan los puntos limpios más lejos de casa, te obligan a tener 5/6 cubos de basura distintos en tu cocina de 100 m2, y te dan ayudas para que compres esos cubos, las bolsas de basura de distintos colores, y te llevan los puntos limpios  ala puerta de casa.

La verdad es que podría seguir y no parar con el engaño del ecologismo político y el reciclaje, pero me parece que el que se tiene que reciclar soy yo, para darme cuenta de que todo es un negocio, y el fin último es recaudar y recaudar para poder gestionar bien, porque con mucho dinero, aunque seas muy torpe, se pueden hacer cosas. Bueno, los de Ahora Madrid, ni con esas.