jueves, 11 de marzo de 2021

El problema es el votante

 Como ya se ha visto en las reciente elecciones catalanas, en las que hubo una participación del 53%, si la gente no va a votar, o la que va sigue votando lo mismo, será difícil que las cosas cambien: Si quieres resultados distintos, haz cosas distintas.

Ahora se han convocado elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid, donde el año pasado ganó el CorruPsoe, pero que gracias a esta imperfecta Ley Electoral no pudo hacerse con gobierno (¿para cuando un hombre un voto y la segunda vuelta para dirimir mayoría?), y como consecuencia de esa Ley hay que hacer gobiernos negociados entre minorías, que al final pueden llevar a lo que está ocurriendo en Madrid.

Si la justicia da la razón al gobierno de Madrid, como jurídicamente parece razonable hará, y la moción de censura presentada, tarde mal y nunca, por CorruPsoe y Mas (es menos) Madrid no es admitida, llegaremos al 4 de mayo donde los madrileños tendrán que meditar su voto.

Tendrán que declinarse por:

O un gobierno que aplaude madrileñofobia fomentada desde el gobierno central, social comunista, que suba impuestos y asfixie a los pocos hosteleros y comerciantes que están aguantando abiertos, un gobierno social comunista que puede presumir de la peor gestión sanitara de la pandemia en la UE y casi de todo el mundo (más de 100.000 fallecidos que al pueblo español le importan poco, aunque la muerte del perro excalibur fue una tragedia), y con la peor gestión económica de todo el mundo (según datos OCDE) que nos coloca con el mayor paro juvenil y femenino de la UE y que nos está llevando a los casi 6 millones de personas sin trabajo efectivo (4 millones en el paro) y un déficit del 116 % del PIB (la incultura de la gente le lleva a pensar que eso no importa, y no se dan cuenta que eso lo pagaremos todos con nuestro impuestos y con una drástica reducción de derechos socias les y salarios, que el gobierno no te lo va a contar), y todo esto, y más, a la vista de las encuestas, parece que tampoco le importa a los votantes;

O un gobierno liberal que baja impuestos (ya altos de por si), que fomenta los derechos y libertades de los madrileños (¿nadie se plantea porque existe tanto odio de las demás autonomías hacia Madrid?), que fomenta el empleo y la inversión, que intenta reducir las restricciones a la circulación que nos impone este gobierno, dentro del margen legal que le deja el gobierno (la libre circulación es un derecho constitucional que el estado de alarma no puede restringir, y que para cuando se pronuncie el tribunal Constitucional ya poco importara), que ayuda a los empresarios con las medidas más aperturistas de todas las autonomías, y que construye un hospital público, Isabel Zendal, para la pandemia  (criticadísimo por la izquierda ¿por qué quieren que haya más muertos?)  con el fin de liberar a los demás hospitales públicos de Madrid de presión y que puedan prestar atención a otras patologías que no han cesado con la llegada del virus Chino.

En fin, que la bola está en nuestro tejado y nosotros sabremos futuro queremos para la comunidad de Madrid a partir del 4 de mayo.

viernes, 5 de marzo de 2021

Cataluña: más de lo mismo

Siguiendo mi anterior entrada "Catalanes tendréis lo que votéis" a continuación transcribo el siguiente artículo de D. Ignacio de Pano, publicado el 22.02.2021 en elcatalan.es, que viene a confirmar lo ya escrito por mi y por muchas más personas.

Como en el propio artículo se dice "Nada va a cambiar porque yo vote, piensan, no tiene solución, la maquinaria es demasiado fuerte, no merece la pena, no hay nada que hacer" el votante catalan (y el español en general) piensa así y ese es el problema de los Catalanes y de muchos votantes en España, la desidia y el desaliento lleva a la victoria de los que quieren destruir España. Si quieres resultados distintos, haz cosas distintas.

Entiendo que el votante catalán se haya sentido abandonado por C´s que dijo que venía a regenerar Cataluña y a luchar por los Catalanes, y al menor contratiempo......, votar al PP es votar a quien nada quiere o apoya a los catalanes si no es para asegurar el gobierno en Madrid, y votar al PSOE (de sus siglas ya sólo vale la primera) en estos momentos es votar a un partido que miente y se alía con quien haga falta para mantenerse en el poder, y lo increíble, y que demuestra el negro porvenir que le espera a nuestro país, es que su candidato ha sido el más votado aun dejando a sus espaldas la peor gestión sanitaria de Europa y más de 100.000 muertos.

Resultado, la gente constitucionalista ha votado a VOX (también se explica en el artículo) porque por ahora es la única opción que no les ha decepcionado y parece que están dispuesto a dar la cara, y a ponerla, por los catalanes.

Catalanes, Españoles, prepararos porque vienen meses muy duros, durísimos. 

Sin esperanza, con miedo


"Sentirse español en Cataluña, y digo sentirse porque serlo lo somos todos, lo sintamos o no, es un deporte de riesgo en el que siempre se pierde"

Ignacia de Pano.


Mi padre, que había cumplido los trece años cinco días antes del inicio de la guerra civil, encabezaba cada entrada del diario que escribió durante la contienda con la misma frase, formulada en afirmativo o negativo según las circunstancias que le habían tocado vivir en ese día: Hoy hay pan, hoy no hay pan. Porque cuando todo falta y solo hay hambre lo único importante es comer.

Esta historia familiar viene a cuento para intentar explicar el porqué de los pésimos resultados del constitucionalismo en las elecciones catalanas del pasado 14 de febrero, en las que de nuevo los partidos independentistas de toda laya, los obvios y los camuflados, han vuelto a arrollar en las urnas dejándonos, a diferencia de la antigua sentencia latina “nec spe nec metu”, sin esperanza pero con miedo. Sentirse español en Cataluña, y digo sentirse porque serlo lo somos todos, lo sintamos o no, es un deporte de riesgo en el que siempre se pierde. Si se tuviera que basar la creencia en la propia existencia civil en las referencias que a ella se hacen en los medios de comunicación públicos, TV3, las radios, nadie podría culparnos de que dudáramos incluso sobre si estamos vivos. No hay espejo que nos refleje. En esas condiciones durísimas, gran parte de los votantes que en su corazón se sienten españoles se encuentran arrollados, aplastados. Nada va a cambiar porque yo vote, piensan, no tiene solución, la maquinaria es demasiado fuerte, no merece la pena, no hay nada que hacer.

Son cuarenta años de abandono a izquierda y derecha, y las veces en que sobreponiéndose a la sensación de fracaso el votante constitucionalista se ha permitido ilusionarse e ir a votar, las decepciones han llegado muy rápido. Huidas repentinas tras una victoria épica, candidatos con fuerza y carisma sacrificados en el altar del colaboracionismo con Pujol, promesas incumplidas, traiciones.

En estas condiciones en las que, siguiendo la terminología de mi padre, nunca hay pan, el votante que a pesar de todo sale de casa a emitir su voto no se decide por un partido o por otro por sus programas o sus planteamientos ideológicos. Eso queda para otras sociedades más libres y más democráticas en las que esos lujos pueden permitirse. Aquí se votan actitudes, valentías, solideces intuidas, la esperanza de no volver a ser abandonados. Lo importante es siempre aquello que menos cuidan los partidos.

Puede que una candidata haya pasado sinceramente del independentismo a la ferviente españolidad, pero esa foto con la estelada, la bandera que quiere imponerse a la mitad de los catalanes y en cuyo nombre no hemos conocido un día de paz y tranquilidad desde hace ya demasiados años, la aleja inexorablemente de sus posibles votantes. Si quien me parecía de absoluta confianza se fue a los pocos meses, imagínate esta que hace cuatro días militaba en el otro lado de esta sociedad tristemente partida en dos, pensarán muchos. Tantos, como el 90 por ciento del viejo voto del partido por el que se presentaba.

Tampoco ayudan las entrevistas pasteleando con los iconos de la radio independentista, que ni se comprenden ni se perdonan, porque es mucho lo sufrido y mucha la necesidad de simplemente, dejar de pedir perdón por tener unas ideas y unos principios, tantas veces ridiculizados incluso en ese programa del líder mediático al que se pretende agradar incluso a costa de sus propios votantes, esos, que a pesar de que prácticamente venían del suelo electoral, les quitaron aún otro escaño.

Y eso nos deja con los once de Vox. A diferencia de muchos, yo no creo que el votante de Vox en Cataluña se corresponda con el votante de Vox del resto de España. O no del todo. Hay entre esos votantes muchos que ni siquiera se sienten de derechas, fundamentalmente porque no lo son. Pero, y volvemos a los gestos, les han convencido las pedradas en los mítines, el valor de plantar la carpa en la plaza de San Juan de Lleida o en cualquier pueblo de la Cataluña interior, la convicción en la defensa cerrada de una idea de España que aún no siendo la suya, es alguna. Se vota lo sólido frente a lo gaseoso, porque por desgracia todos sabemos que los programas no van a poder ponerse en práctica. Para ese votante de Vox catalán que en Madrid votaría PSOE o PP, se vota simplemente una defensa de la nación sin complejos. Luego ya se verá. Porque cuando no hay pan, lo único importante es tener algo, lo que sea, para poder comer.


Todo mi apoyo y cariño para Cataluña, comunidad en cuyas playas de Calella de Parafrugell he pasado inolvidables veranos de mi infancia.