miércoles, 12 de mayo de 2021

Carta abierta de Leguina a Pedro Sánchez

 Pedro: Me entero a través de los medios de comunicación de que quieres abrir contra Nicolás Redondo y contra mí un expediente con la intención de expulsarnos del PSOE. Por lo visto, somos responsables de la mayor derrota sufrida por el socialismo en Madrid. Pues bien, el mayor responsable de haber llevado al socialismo madrileño al agujero no es otro que tú, que has dirigido con mano de hierro este partido, convirtiendo a José Manuel Franco y a Ángel Gabilondo en marionetas a tu servicio y haciéndolos dimitir inmediatamente -como si fueran los responsables de la debacle- y, mientras, tú te quitas de en medio. 

La campaña electoral fue, en verdad, un disparate, consistente en combatir a un imaginario fascismo que os ha llevado a veros superados por un partido nuevo como Más Madrid, con muy escaso arraigo social. ¿Cómo es posible que eso haya ocurrido? Sois vosotros quienes deberíais contestar a esa pregunta.

Pero más allá de la desastrosa campaña, la causa es la política que has llevado a cabo desde que metiste en el Gobierno a Pablo Iglesias (de quien dijiste unos días antes que no podrías dormir con él en el Gobierno), quien desde el cargo de vicepresidente no hizo más que enredar y descalificar, desde los jueces hasta el Rey, pasando por varios notables periodistas. 

Pero lo más grave, a mi juicio, es tu continuo tacto de codos con los separatistas catalanes y vascos, que son, sin duda, enemigos de España y de nuestra Constitución. 

Como parece que se te han olvidado algunos artículos de esa Constitución, me tomo la libertad de recordártelos, empezando por el 1.3: 

1.3. La forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria. 

Este artículo 1, junto con el 2, del Título Preliminar, es la base de la democracia, que nació con la Constitución en 1978. Su enunciado es muy breve y no deja lugar a interpretaciones. Pero es uno de los artículos que Podemos tiene en el punto de mira. Para atacarlo, cualquier pretexto es válido. El partido liderado por el vicepresidente segundo de tu Gobierno se empleó a fondo para proyectar su trasnochado republicanismo. Pero sigamos. 

Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. 

En el artículo 1.1 queda establecido que el sujeto de la soberanía nacional es el pueblo español, integrante de una nación «indivisible». Pero Podemos os ha impuesto el concepto de plurinacionalidad junto con el derecho de autodeterminación. Naciones Unidas solo reconoce el principio de autodeterminación para los territorios sujetos a colonización y ninguno de los países europeos lo contemplan en sus Constituciones. Tan solo lo propugnan los partidos secesionistas, aliados de tu Gobierno, por intercesión de Pablo Iglesias, quien se jacta de haberlos instalado en la «dirección del Estado». Una afirmación perturbadora, si pensamos que su objetivo es acabar con la unidad de España. 

Artículo 3.1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. 

Todos los proyectos de inmersión en las lenguas cooficiales en contra de la enseñanza y del uso del español han sido aceptados por tu Gobierno sin mayor resistencia, como parte de las cesiones para lograr el apoyo de los separatistas, y así está recogido en la ley educativa de Celaá. Malos tiempos, pues, para el artículo 3.1. de la Constitución. 

Estáis acercando a los asesinos de ETA al País Vasco para que luego el gobierno vasco los saque a las calles y, mientras, los sediciosos catalanes esperan de tu magnanimidad un indulto o lo que sea que les saque de la cárcel, para ponerse a repetir la jugada (así lo han dicho ellos). 

A todos estos desvaríos se debe el rechazo que has recibido de los madrileños el pasado 4 de mayo. A estos hechos y a otros movimientos políticos no menos preocupantes, como la tentativa de invasión de la Judicatura. Has intentado -y a veces lo has conseguido- saltarte la opinión de todas las instituciones que ejercen de contrapesos, tan necesarios en cualquier democracia, como el Consejo de Estado o el Comité de Bioética (cuya opinión es imprescindible en una ley como la de eutanasia). 

Os habéis dejado invadir por movimientos particularistas, identitarios y supremacistas. Así, cuando habláis de inclusión, lo que estáis demandando es la exclusión del otro; o cuando os reclamáis del pluralismo, lo que buscáis es eliminar lo que es común a los españoles. Cuando dices, por ejemplo, a propósito de otorgar indultos a los separatistas catalanes, que hay que «aliviar tensiones» mientes, pues las leyes empujadas desde el Gobierno (la de educación o la de eutanasia) no buscaban otra cosa que el enfrentamiento. 

Estas invasiones no solo han ocultado a la opinión pública los más graves problemas que soporta la sociedad española (antes y durante la pandemia), como son la mala distribución de la renta, el paro insoportable o los pésimos niveles que registran los índices educativos internacionales. O cosas tan elementales como que mientras que el peso de los salarios en el PIB no alcanza el 45 por ciento, a la hora de pagar el IRPF son las rentas salariales las que aportan el 90 por ciento de la recaudación. 

Un concepto como el ‘heteropatriarcado’ ocupa en los discursos del Gobierno mucho más espacio mediático que el mal reparto de la riqueza y de las rentas, cuando en realidad ese invento del heteropatriarcado (usado sin medida ni clemencia por el feminismo ‘moderno’), con el cual se pretende explicar la compleja relación entre hombres y mujeres, no explica nada. 

En fin, habéis impuesto una ley de educación sin escuchar ni a los profesores ni a los padres de los alumnos, y la habéis sacado adelante sin admitir una sola enmienda. 

Son esas políticas y no Nicolás Redondo o yo las que han hecho que una inmensa mayoría de los madrileños, antiguos votantes del PSOE, te hayan abandonado, y ni Redondo ni yo tenemos absolutamente ninguna responsabilidad en lo ocurrido. 

Joaquín Leguina 

Fue presidente de la Comunidad de Madrid

lunes, 3 de mayo de 2021

La ocultación es complicidad (Por Rosa Díez)

Seis días antes de que Ángel Gabilondo, el candidato del PSOE a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, se volviera hacia Iglesias y le espetara en el debate organizado por Telemadrid aquello de "Pablo, tenemos 12 días para ganar", habían sido detenidos dos empleados de Pablo Iglesias identificados en las imágenes como autores del apalizamiento a varios policías durante los violentos actos contra Vox perpetrados en la Plaza de la Constitución de Vallecas.

Ocho días antes de que Iglesias se hiciera el ofendido y se levantara del debate en la SER cuando Monasterio (tras condenar por tres veces la violencia) pusiera en duda su credibilidad en relación a las amenazas contenidas en las cartas con balas, dos de sus empleados estaban detenidos al ser identificados como autores de actos de extrema violencia contra Vox y contra la policía.

 Ocho días antes de que Gabilondo y Mónica García se fueran del debate de la SER en solidaridad con el ofendido Iglesias, de cuya credibilidad está prohibido dudar, el Gobierno conocía la identidad de algunos de los autores materiales de actos concretos de violencia contra los partidos de la oposición.

 Nueve días antes de que la directora de la Guardia Civil participara en un mitin del PSOE llamando "presidente" a Gabilondo y proclamando que "nunca nadie en este país debe pasar miedo ni estar amedrentado por amenazas", ella sabía que dos empleados de Iglesias, jefe del partido con el que comparte Gobierno, estaban detenidos por apalear a policías que trataban de proteger el normal desenvolvimiento de un mitin electoral de un partido político .

 Diez días antes de que Marlaska calificara al PP como "organización criminal", él sabía que dos asalariados del partido con el que gobierna estaban detenidos tras haber sido identificados como autores de actos de extrema violencia contra un partido político democrático y contra los policías que protegían al partido y a los ciudadanos que se habían acercado a escuchar.

 La ocultación a la opinión pública del hecho de que estuvieran detenidos dos empleados del partido que junto al PSOE gobierna España es un hecho de tal gravedad que en cualquier país del mundo, a estas horas ya habría caído algún miembro del Gobierno.

 La ocultación es complicidad; es complicidad del Gobierno que protegió al partido para el que trabajan los detenidos ocultando su filiación (mientas contaba con pelos y señales los datos del enfermo mental que envió una navaja a Reyes Maroto); es complicidad por parte de los medios que siguen ocultando la información una vez que esta ha saltado a la opinión pública. Cuando escribo estas líneas en la portada digital de El País no hay rastro de la noticia mientras el apartado "La campaña, entre el odio y el mal", abre con la siguiente frase: "Ayuso emprende una escalada de insultos a Iglesias...".

 Matones y organizaciones violentas y anti sistema existen en todos los países de Europa. Nuestro hecho diferencial es que en España el matonismo y la violencia contra la oposición está inducido, justificado e incluso organizado por los partidos que forman el Gobierno de España. Sánchez sabe que para liquidar el sistema del 78 necesita socios como Iglesias, Otegi o Junqueras; ahí estriba la gravedad de la situación por la que atraviesa nuestro país: que la complicidad del gobierno no es error, es estrategia. Una estrategia impropia de un gobierno democrático y que una ciudadanía responsable ha de señalar y rechazar rotundamente en las urnas. Este gobierno es, literalmente, de juzgado de guardia.

Y todo ello utilizado como arma electoral, importándoles poco la verdad, con tal de conseguir el poder. Ya se sabe que para la izquierda comunista el fin justifica los medios.

Ciertamente mañana día 4 de mayo de 2021 los Madrileños nos jugamos mucho más que la libertad, nos jugamos la esperanza de poder salir de esta crisis sanitaria y económica.