martes, 28 de marzo de 2023

Las falsedades del coche eléctrico

 1.- Precio prohibitivoDebido a esa escasez de materiales, el precio de estos coches se dispara, incrementando más el precio final del coche. Sobre 30.000 euros es el precio de las gamas más bajas. Precio de todo menos asequible.

Muchos usuarios no se lo pueden permitir, y como el coche esté aparcado en la calle, la batería va a sufrir más y en este país 12 millones de vehículos duermen ahí.

2.- Consumo. Con un depósito de diésel tienes la capacidad de realizar cerca de 1.000 kilómetros, mientras que si utilizases uno eléctrico (de los que más capacidad de batería tienen) podría llegar a recorrer unos 500 o 600 kilómetros. Para realizarlos tendrían que cumplirse ciertas condiciones: “un jockey de conductor, sin aire acondicionado, sin calefacción, en una pista plana bien asfaltada y a velocidad constante”. Estas circunstancias raramente se van a dar, ya que, de forma natural, los viajes se realizan acompañados, con equipaje y climatización.

3.- El repostaje. En carretera nacional los usuarios tienen la posibilidad de encontrar una gasolinera cada 15 o 20 kilómetros, pero si lo que necesitas es un punto de recarga o electrolinera están más separados. A esto añade que: “Si cuando llegas tienes 3 coches delante, ya se queda allí todo el día y hace noche”, y ya ni hablar de una operación salida de vacaciones en la que se juntan miles de coche en la carretera. La recarga ultra rápida, de la que se dice que “se va a cargar la batería mucho antes”, pero una batería de Tesla tiene una capacidad de 100 kWh, con lo que si se cogiese un enchufe de 100 kW se tardaría una hora en cargarla al máximo. Si se quiere cargar en quince minutos habría que utilizar un enchufe de 400 kW”, son matemáticas sencillas. A su vez  el calor que se va a desprender de la batería si se realizan estas cargas, porque cuando se carga a estas potencias se revienta la batería, es imposible no se puede hacer. I

4.- Insuficientes puntos de repostaje públicosDado que no todos poseen un garaje propio en casa o una plaza de aparcamiento en propiedad, estacionan el coche en la calle (la amplia mayoría de la población) que es donde pasan más horas en reposo, que es el momento más adecuado para realizar la carga. Eso significaría, colocar un poste en la calle cada 3 metros, realizando zanjas y colocando cables de cobre en ellas, hasta cada poste. Una obra faraónica, que cae por sus propios pies la imposibilidad de realizarla.

5.- Otro de los temas que trata es el uso de materiales como el litio y el cobre que se extraen de las minas, y ni todas las minas que hay actualmente sirven para poner tanto litio en los vehículos. Así mismo mientras que un coche de combustión tiene tiene 3 kilos de cobre uno eléctrico tiene hasta 40.

6.- Los problemas del reciclaje de las baterías. Además, el proceso de reciclaje que se lleva a cabo en la actualidad cuenta con un problema importante y es que es altamente contaminante. Implica altas temperaturas o incluso el empleo de ácido, por lo que el procedimiento genera unas emisiones considerables, además de grandes cantidades de residuos. Por el momento el volumen de baterías a reciclar no es excesivamente grande, pero cuando pasen los plazos de vida útil, va a haber una auténtica avalancha de baterías por reciclar. Para entonces, la industria debería haber dado con la tecla para poder optimizar el reciclaje, ya que si no, la situación será muy problemática.

 

martes, 14 de marzo de 2023

Verdades de la II República que no gustan a la mal llamada Progresía

Érase una vez que se era...

Un país donde, sin que nadie la votara, amaneció un día una República.

Los políticos de izquierdas y de derechas que habían conspirado largamente para traerla se pusieron de acuerdo, en lo que se fuma un puro, para nombrar presidente y gobierno. Fue el 14 de abril de 1931.

Tras un breve periodo constituyente se fue a elecciones (nov 1933) y éstas, vaya por Dios, fueron ganadas por las formaciones de derechas (por cierto, de manera abrumadora).

Las izquierdas ya habían advertido de que, en caso de que las urnas les fueran adversas, irían contra "la república burguesa".

Algo muy democrático, claro,  según afirma hoy el Gobierno Sánchez, haciendo de esta barbaridad ley.

Y cumplieron con lo anunciado: en octubre de 1934 se produce un levantamiento obrero en la cuenca minera asturiana, organizado, financiado y armado por el PSOE.

Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, a la sazón líderes socialistas, habían convocado para tales fechas una Huelga General Revolucionaria, confiando en extender la insurrección armada por toda la geografía hispana, pero aquel Golpe de Estado (oigan: GOLPE DE ESTADO) se quedó en mera (aunque sangrienta) aventura, porque salvo en pequeñas localidades de Albacete y Cádiz, el obrero eligió quedarse en casa. Y más aún cuando vieron que, aprovechando que el Pisuerga para la ocasión pasaba por la cuenca del Nalón, Lluis Companys proclamaba el Estat Catalá.

Fueron dos semanas de destrucción y crimen, que obligaron al presidente Lerroux a recurrir al Ejército de África para devolver el orden constitucional.

Lógicamente los cabecillas fueron procesados y, a instancias del Gobierno, Largo Caballero, líder de la UGT, fue juzgado por el Tribunal Supremo y acusado por el Fiscal General de la República, Valentín Gamazo.

Gamazo pidió 30 años de reclusión para Largo Caballero por "rebelión militar". Sin embargo, y a pesar de las abrumadoras pruebas presentadas a lo largo de los cinco días de la vista, el líder socialista fue declarado inocente.

El Fiscal Jefe Gamazo, jurista de fuste donde los hubieren, dimitió. Desde ese día, Paco Largo, bien desde el periódico Claridad, bien en sus propios mitines, no dejó de exhibir sus ideas ante masas enfervorecidas: o Dictadura del Proletariado o guerra civil. Y oigan: la tuvo.

Luego volveremos a este punto.

Agosto de 1936, el fiscal Gamazo en compañía de su esposa Narcisa y sus 9 hijos se ha trasladado a Rubielos, una aldeita en la provincia de Cuenca. Hasta allí se llegan un par de matones mandados desde Madrid, en compañía de otros 20 milicianos de localidades próximas. Toman preso a Valentín y a tres de sus hijos: José (21 años), Francisco (20 años) y Luis (17 años).

El padre suplica que lo maten a él y tengan piedad de sus hijos, pero en una carretera próxima los matan a todos cómo a perros, siguiendo el orden de menor a mayor en un alarde de morbosa crueldad. El Fiscal Jefe de la (gloriosa) República vio como asesinaban uno tras otro a sus hijos mayores antes de morir él.

Capone fue un puto aprendiz al lado del vengativo Largo Caballero. Los cadáveres fueron abandonados en un paraje tan inhóspito que, para cuando Narcisa los encontró varios días despues, ya eran sólo unos bultos hediondos.

Y esto, amiguitos y amiguitas, resume el "Estado de Derecho" de la gloriosa Segunda República Española contra la que se sublevaron un grupo de "desalmados fascistas".

Mire, querido engañado conformista: si la guerra civil hubiera sido un capricho de Franco no hubiera pasado de Melilla. Lea mientras pueda.

Para el recuerdo:

Valentín Gamazo fue Abogado del Estado, al igual que José Calvo-Sotelo, Juan de Isasa, Porfirio Silván, Juan Manuel de Estrada, José Gómez de la Serna, Leandro González, Manuel Gómez Acebo, Pedro Redondo, Wenceslao Manzaneque, Antonio Marín, Manuel Mondéjar, Santiago Alonso, Julio Colomer, Federico Salmón, Luis Belda, Dimas Adánez, Jesús Yébenes, Teodoro Pascual, Fermín Daza, Luis Rúiz Valdepeñas, Juan Rovira, Juan Gómez, Celestino Lázaro, Angel Aguado, Angel Castro y Juan Godinez. Todos ellos ASESINADOS en 1936 por el Frente Popular.

Dos años después   de acabada la guerra, una persona reconoció a uno de los secuestradores de la familia Gamazo. El sujeto andaba tranquilamente por las calles de la capital.

Lo denunció y, tras ser efectivamente identificado y con un juicio justo, fue condenado a muerte y ejecutado.

Aquel hijo de puta hoy es reivindicado por asociaciones de Memoria Histórica como "asesinado vilmente por el fascismo". Igual hasta sus descendientes reclaman un jornalito... "¡Ay de mi pobre abuelito!".

La verdad, la puta verdad, es que la guerra civil solo la deseaba un bando: la izquierda. Los "Golpistas" fueron aquellos convidados que no se resignaron a ser de piedra.

Y es lo que hay. Se ganó la guerra y además se ganó la paz... y eso es exactamente lo que os quieren ocultar.

Si en verdad eres un demócrata full equipe, déjanos contarlo tal cual pasó, machote. Quién tiene miedo a la verdad?"

Alfonso Ussía

El Debate

martes, 7 de marzo de 2023

Gente de bien

 Sir Roger Scruton fue un admirable filósofo y polemista inglés, que se murió en enero de 2020, a los 75 años. Con su pelo amarillo revuelto y su imagen a lo granjero hacendado de Lincolnshire, era uno de esos tipos impares que tanto gustan en Inglaterra. Combinaba sus ensayos y libros con críticas de vinos en revistas y hasta compuso dos óperas. Dedicó la mayor parte de su vida a defender el conservadurismo, en la concepción más elevada del término. Achacaba tres graves errores a la pegajosa ideología que se autodenomina «progresista»: ha despreciado la autoridad de Dios, ha rechazado el valor de la tradición y ha vulnerado el derecho de cada individuo a vivir su vida como le plazca.

Cuando lees al siempre elocuente Scruton, la sensación que te queda es que al final lo que hace es dar voz a la forma de ver el mundo de lo que, para entendernos, podríamos denominar «la gente de bien». Él se curó de cualquier veleidad zurda como joven testigo de las algaradas del mayo del 68 en las calles de París. Al ver a «aquellos hooligans autoindulgentes de clase media» destrozándolo todo, tuvo una revelación: «Me di cuenta de que yo estaba en el lado contrario». Cuando interrogó a los promotores de la revuelta sobre sus motivos, cuenta que solo le ofrecieron «una ridícula jerga marxista», una monserga que le pareció infantiloide. «Me molestó tanto todo aquello que pensé que teníamos el deber de defender la civilización occidental frente a este tipo de cosas. Ahí fue cuando me hice conservador».
Le estoy alquilando este artículo a Scruton, pero sus palabras suenan tan pertinentes en el actual momento español que resulta un placer repetirlas: «El conservadurismo –explicaba– comienza con un sentimiento que todas las personas maduras están dispuestas a compartir. Es el sentimiento de que las cosas buenas se destruyen fácilmente, pero no se crean fácilmente». El filósofo advertía que si se quita la religión, si se quita la filosofía, si se quitan los objetivos más elevados del arte, el resultado es «una degeneración chic y hacer respetable el cinismo».
Visionario el viejo Sir Roger. Es como si hubiese asistido desde primera fila al paso de la trituradora del zapaterismo y el sanchismo.
Refiriéndose a la desdichada ingeniería social del actual Gobierno, Feijóo le dijo a Sánchez en una réplica en el Senado: «Deje de molestar a la gente de bien y de meterse en las vidas de los demás». No es una frase estridente, ni extraña, toda vez que padecemos el Gobierno más intrusivo que hemos conocido. Sin embargo, la izquierda radical que nos (mal) gobierna se ha aferrado a ella como un clavo ardiendo para intentar sacudirse la presión por la calamidad del «solo sí es sí» y el repaso que le está dando la misión europea que ha venido a evaluarlo.
«Gente de bien». Claro que sí. La gente que no entiende que se pueda gobernar España en alianza sumisa con los peores enemigos de España. La gente que no entiende que se desprecie el modelo de familia dominante desde que el mundo es mundo para promocionar excentricidades incluso frikis (que acaban pagando los niños). La gente a la que le repugna una ingeniería social histérica, que daña a los menores de edad con leyes aberrantes. La gente que no entiende que los que se proclaman «feministas» sean en la práctica los libertadores de los violadores. La que no acepta el desprecio del regresismo a la fe cristiana y sus principios morales, que son los que sigue compartiendo el cuerpo ancho de nuestra sociedad (incluso muchos que no son católicos ejercientes). La gente que es celosa de su libertad, que no quiere al Estado hurgando en su cama, su escuela, sus finanzas, su modo de vida y hasta en sus mascotas. La gente que sabe que cambiarse de sexo simplemente comunicándolo en un registro es una gilipollez. La gente que no quiere compadreos y premios a terroristas sanguinarios. La gente que cree que España es una buena idea, un país excelente, al que vale la pena servir y que debemos preservar.
En resumen: la gente normal. En efecto, la gente de bien. Y creo que nos entendemos todos. Menos los de ese esperpento del que nos libraremos a finales de año en las urnas.

El Debate

miércoles, 1 de marzo de 2023

¿Erámos unos tarados los nacidos durante el Franquismo?

Estamos descubriendo ahora que los niños del franquismo éramos unos tarados oprimidos por la disciplina, educados en la ignorancia, lastrados para el futuro. Nuestra infancia, para algunos, debió ser el espejismo de un tiempo oscuro.

Pobres tarados que merendábamos pan con fuagrás o con aceite y azúcar y con terrosas onzas de chocolate Matías López, que escuchábamos en la radio las aventuras de Diego Valor, piloto del espacio, que leíamos las aventuras del Guerrero del Antifaz, El Jabato, El Capitán Trueno y el TBO. Que comíamos pipas, regaliz, palulú, chicle Bazooka y bolitas de anís que nos vendía el pipero a la puerta del colegio, por cierto que ninguno fue por esto, ni obeso ni anoréxico, jugábamos a las canicas, al taco, pidola y con pelotas de trapo atadas por cuerdas, y las niñas jugaban con muñecas y saltaban a la comba.

Los justos regalos que recibíamos eran excepcionales y por Reyes Magos, algunos teníamos la suerte de recibir algo que durante todo el año veíamos en los escaparates de las jugueterías.

“ Fuimos tan tarados que aguantamos sin secuelas de por vida los capones y regletazos en el colegio y el dominio de los mayores.

Aprendimos la lista de los reyes godos para ejercitar la memoria, al igual que los afluentes de rios por ambas márgenes y los partidos judiciales, los dictados eran una prueba de ortografía básica, las raíces cuadradas había que resolverlas sin calculadora y traducíamos del latín La Guerra de las Galias.

Y si suspendías en Junio, te perdías las vacaciones. Tras ello, muchos acabaron en la Universidad, y muchos más aprendieron un oficio, iniciado como aprendices ……..”

Así estábamos de tarados que es lo que pretenden hacernos creer algunos que, criados en una sociedad opulenta, sin más valores que el logro del éxito, confunden nuestra infancia con la opresión.

Nuestro mayor pecado fue no valorar el enorme esfuerzo de unos padres que nunca tuvieron vacaciones, y fracasamos al querer proyectar sobre nuestros hijos una permisividad que a nosotros nunca nos habrían tolerado.

Fuimos tan tarados que ahora nos sorprende ver cómo esos retoños, criados en un mundo de solo derechos y ninguna obligación, se alzan contra la sociedad que les ha permitido disfrutar de lo que jamás tuvimos nosotros.

“Es el triste final de acto en la tragedia cíclica de nuestra Historia donde los enfrentamientos son más frecuentes que los encuentros, donde la envidia supera el aprecio, donde personajes de inanes trayectorias personales, pretenden dirigir las vidas de los demás para imponer su sociedad soñada.

Tan tarados fuimos, a pesar de lo cual, ningún trauma nos achica, ningún complejo nos corroe y, yo al menos, creo que la inmensa mayoría de mis amigos estamos muy, pero que muy orgullosos de haberlo vivido y haberlo superado.

¡Con dos co...razones¡

¿ Y estos politicuchos niños mimados de hoy nos quieren amargar nuestra jubilación? Y una "mierda" vamos a LUCHAR hasta más no poder, los lunes al sol, en marchas, en asociaciones, y en partidos políticos hasta que aprendan lo que fuimos y seguimos siendo.