martes, 16 de septiembre de 2025

PELICULA “EL CAUTIVO”

Al conocer el estreno de esta película, me interesé por saber más sobre la misma antes de decidir ir a verla, sobre todo por el hecho de que su director sea Alejandro Amenabar.

Al saber que este director declarado homosexual, cuyas producciones suelen estar financiadas por el Ministerio de Cultura okupado por el impresentable Urtasun, decidió inventarse la biografía de Cervantes asignando al personaje la condición de homosexual, decidí no ir a verla. Absolutamente nada ¡NADA!, en la vida real de Miguel de Cervantes, hace pensar que fuera así. Ni durante su cautiverio en Argel, donde además cuidaban a los prisioneros para poder cobrar un rescate, ni nunca. Esta película rodada parcialmente en Valencia y  financiada mayormente con fondos de RTVE, del Gobierno de España y de la Comunidad Valenciana (es decir, con dinero de nuestros impuestos) y dirigida por Amenabar, constituye un nuevo insulto a la verdad y a la inteligencia.Y un nuevo acto de sectarismo de la Izquierda.

El hecho de que Amenabar se sienta, presuntamente orgulloso de su condición de homosexual, no le da derecho a inventar y falsear la biografía del autor de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, el libro, junto a La Biblia, más traducido y leído en todo el mundo y es un clásico universal.(Se calcula que “el Quijote” está traducido a más de 150 idiomas).

Sí, está totalmente documentado que Miguel de Cervantes fue bastante mujeriego: tuvo una relación sentimental extramarital con una mujer, Ana de Villafranca, una tabernera madrileña casada con Alonso Rodríguez. Fruto del romance entre Ana y Miguel, nació una niña que Cervantes reconoció legalmente como su hija natural y adoptó el apellido Saavedra: Isabel de Saavedra.

Después, en 1.584, Cervantes se casó en Esquivias con Catalina de Palacios Salazar.

Más tarde, Cervantes estando de viaje por distintos lugares y residiendo su mujer en Toledo, tuvo otro hijo extramarital con otra señora… No aparece en toda su biografía ningún atisbo de tendencia homosexual. Y desde luego, tan solo sugerir que Cervantes siendo prisionero durante cinco años en Argel, de donde intentó escapar en varias ocasiones, hasta que fue liberado tras pagar su rescate en 1.580, pudiera mantener un idilio homosexual con Hassan, el bajá de Argel, resulta ridículo.

Por otro lado, Cervantes tuvo una carrera militar ejemplar y heroica. Sirvió cinco o seis años en los Tercios italianos, destacó como soldado en la batalla de Lepanto (1.571) a bordo de la galera “Marquesa”, donde a pesar de estar con fiebre, se negó a permanecer en la bodega y salió a combatir en primera linea. Recibió tres disparos de arcabuz, que le dejaron inutilizada la mano izquierda. (De ahí el sobrenombre de “El manco de Lepanto). Por cierto, Amenabar, Cervantes no perdió el brazo. Tras recuperarse de sus heridas, continuó su servicio militar en Italia y en otras campañas. Cervantes consideró siempre su participación en Lepanto y su carrera militar el mayor honor de su vida.

En 1.575, regresando desde Nápoles a España, viajando en la galera”Sol”, fue atacado y apresado junto a su hermano Rodrigo, por una flotilla turca y piratas berberíscos y llevados a Argel, entonces un importante centro de piratería. Cinco años más tarde, Cervantes fue liberado tras pagar el rescate su familia con ayuda de los padres trinitarios.

En ninguna de sus obras autobiográficas sobre Argel, como “Los tratos de Argel” o “Los baños de Argel”, se desprende una posible relación personal de ningún tipo con su carcelero Hassan el bajá de Argel, ni un posible síndrome de Estocolmo ( presente en algunos secuestrados).

Amenabar, por favor, no suba a su carroza del orgullo gay, movido por sueños húmedos, a nuestro hombres ilustres.

Cervantes, en Lepanto. Ferrer-Dalmau.

lunes, 8 de septiembre de 2025

Otros valores, gente honrada.

Un gran amigo inglés, enamorado profundo de España, ha pasado unos días en Santander. Hablamos de la situación caótica por la que atraviesa el Reino Unido con su estúpida política de inmigración musulmana. – Londres es de ellos–, me confesaba consternado. Y hablamos también del despilfarro, el atraco a mano armada a los españoles con el sistema tributario vigente, de los enriquecimientos de los políticos ladrones, de la complicidad del PP con el PSOE, del progresivo desmantelamiento de España, del asalto a la Justicia y de la inacción cobarde de una oposición que colabora con su blandiblú actitud con el Gobierno socialcomunista-separatista-terrorista que nos está llevando al abismo. 

Mi amigo nada tiene de «ultraderechista». Milita en el sector más liberal del Partido Conservador, y en más de una ocasión, por cansancio del poder, ha votado a los laboristas para favorecer la alternancia en el Gobierno. Y me preguntó cómo fue posible, que durante el régimen anterior, en el que apenas se pagaban impuestos, una nación devastada por una Guerra civil, se convirtiera en la novena economía del mundo, se construyeran centenares de miles de viviendas protegidas, se llevaran a cabo grandiosas obras públicas, se creara el entretejido social de una poderosa clase media que no existía con anterioridad a la guerra, se creara la Seguridad Social, se levantaran hospitales públicos en todos los territorios de España, y se utilizara el dinero público para recuperar la riqueza en una nación destrozada. 

Mi respuesta fue lacónica.

–Robaban muy pocos–. Y le narré la anécdota del general Muñoz-Grandes. Y aproveché para informarle –ahora que todos los hijos del socialcomunismo internacional son multimillonarios–, que los de Carrero Blanco y Muñoz-Grandes, ya fallecidos, dejaron este mundo con una estela de modestia económica y de decencia siendo los hijos de los dos militares más influyentes y poderosos del franquismo: el almirante Carrero y el Capitán General Muñoz- Grandes.

Se celebraba un domingo del mes de mayo el Gran Premio del Generalísimo en el Hipódromo de La Zarzuela. El Jefe del Estado acudía todos los años. Llegaba con un ridículo servicio de seguridad, y una parte del público le aplaudía y otra mostraba una silenciosa indiferencia. Lo normal. Pero aquel año, por un asunto imprevisto, delegó en su vicepresidente, el capitán general Muñoz-Grandes. Don Agustín tenía, como coche particular, un Seat Seiscientos de color claro. No usó su coche oficial, a pesar de que representaba oficialmente al Jefe del Estado. Se sentó al volante del Seiscientos, y lo condujo hasta el hipódromo. Le acompañaba un motorista a pocos metros del coche. Al llegar advirtió ocho coches del PMM, los Dodge-Dart de los ministros. Antes de entrar en el recinto del hipódromo por la puerta de los socios, junto al «paddock», ordenó que se presentara ante él, el conductor más antiguo de los coches oficiales.

–A sus órdenes, mi General.

–Los señores ministros no tienen derecho a usar el coche oficial para asuntos privados. Y menos aún en días festivos. Así que, ahora mismo, se vuelven ustedes a Madrid, dejan los coches en los garajes de cada ministerio, se van a sus casas, y que los ministros, se las arreglen para la vuelta.

-Mi General, han venido con sus señoras.

–Los taxis cuestan lo mismo con señoras que sin señoras.

Nada les dijo a los ministros. Al terminar el día de carreras, éstos se encontraron sin coche oficial para volver.

–He sido yo el responsable. Para venir a las carreras de caballos un domingo, no se puede usar el coche oficial ni abusar del día de descanso de los conductores. Pidan unos taxis. Buenas tardes.

Y así fue.

Alfonso Ussía