miércoles, 27 de abril de 2016

Carta de Santiago Abascal, Presidente de VOX, a Pablo Iglesias

Pablo, permite que me ahorre lo de "estimado", más que nada porque me gusta decir la verdad siempre. El caso es que el otro día reiteraste tu miseria moral alabando a un terrorista. Dijiste que "sin personas como Otegi no habría paz". No leí tus declaraciones. Me las leyó mi padre. Me llamó por teléfono expresamente. Te ahorro la literalidad de la conversación porque es más virulenta aún que las letras que ahora escribo.

Pero debes saber que, mientras tú vomitabas esa basura, el hombre que me llamaba no debía de tener a muchos metros a los escoltas que le vigilan desde hace veinte años gracias a las balas de los amigos de Otegi. Mientras tú pasabas tu infancia en Soria leyendo a Verne y a Salgari, yo la pasaba en tierra vasca –y española– viendo cómo mataban a los amigos de mi padre, como Jesús Velasco o Félix Galíndez, o como a Estanis Galíndez, cartero de mi pueblo, asesinado, como todos, por la espalda. Sello de tus admirados, valientes y perspicaces amigos.

 Mientras tu adolescencia empezaba a despertar con sueños húmedos con no sé qué actriz española –algo de eso dijiste hace poco–, la mía despertaba con las cartas que la ETA escribía a mi abuelo para anunciarle su temprana muerte: "Le buscaremos hasta ejecutarle", rezaban las misivas de tus perspicaces amigos. Mientras tú te reunías con el enemigo en una herriko taberna y alababas la "perspicacia de ETA", yo recibía a mis hijos en el paritorio acompañado por guardaespaldas.

 Mientras tú te entretenías en la universidad entre escrache y manifa, yo acudía a la universidad escoltado y veía mi nombre en un punto de mira pintado con spray en las mismas pizarras. Literal, Pablo. Mientras tú disfrutabas de tus becas y de tu vida facilona, yo llevaba una pistola al cinto por si podía evitar que me pegasen un tiro en la nuca, anuncio también literal de las paredes de mi pueblo.

 Mientras tú animabas a la afición que te jaleaba a salir a "cazar fascistas" o a pegar a un "lumpen", y quizá mientrás tú leías cómo se hace un cóctel molotov, yo empezaba la madrugada apagando el fuego de la tienda de ropa de mi padre, arrasada por el fuego de los cócteles molotov de los amigos de tus amigos.

 Mientras tú te dedicabas a acosar a los que no piensan como tú en la universidad –me acuerdo ahora de Rosa Díez–, yo veía pasar el féretro de Gregorio Ordóñez entre vivas a España, o velaba el cadáver de Jesús Mari Pedrosa, asesinado a tiros en la puerta de su casa en Durango.

 Mientras yo rendía honores a Manuel Indiano, abatido a balazos en su tienda de golosinas de Zumárraga, tú cogías un vuelo para tu paraíso venezolano o iraní para aprender cómo jodernos más la vida.

Tu paraíso es nuestro infierno. Tus amigos son nuestros enemigos.Y tus héroes, Pablo, son nuestros villanos. Y tú –siento decirlo y siento pensarlo– eres todo eso a la vez, sin matices, el enemigo, un villano y el infierno mismo.

 Por eso somos tantos los que te conocemos, cada día un poco más, los que vemos la gran mentira que se esconde detrás de alguna de tus verdades. Y por eso somos tantos los que te combatiremos, en las universidades si hace falta, en las urnas cuando toque, en los tribunales cuando la ocasión lo exija. En la cheka si ese es nuestro destino en la España soviética que querrías construir. Y en todos los lugares en los que pretendas dar tu pérfida batalla. Cuando quieras y donde quieras. Porque se trata de nuestra Patria y se trata de nuestra Libertad. Y no solo no crees en ninguna de las dos, sino que quieres destruir ambas.

 Lo tienes crudo, porque somos millones los que pensamos que representas lo peor. Lástima que los corruptos te hayan dado esta oportunidad para engañar a tanta buena gente. Porque es así, Pablo, tú solo eres una consecuencia de la corrupción de tantos dirigentes del PSOE y del PP. Gracias a Dios, la España decente os combatirá a ambos a la vez. Por una España más unida, más justa y más libre. Os combatiremos siempre.

Santiago Abascal, presidente de Vox.



Sin comentarios, porque todo queda dicho, aunque lo cierto es que aún no entiendo como hay personas que votan a Podemos.

martes, 26 de abril de 2016

¿Trabajarán este mes? (los diputados)

Dado lo interesante que entiendo que era el artículo publicado por Cesar Vidal el 31/03/2016, a continuación lo reproduzco:
"No fue Lenin sino Pablo de Tarso el que, escribiendo a los tesalonicenses, dijo de manera lapidaria aquello de que “el que no trabaje que no coma”. El contexto tiene además su interés porque el apóstol se refería a aquellos que, apelando a interpretaciones ideológicas, en concreto, la supuesta cercanía de la Segunda venida de Cristo, estaban dispuestos a vivir del prójimo. 
Quizá sea por mi afición a la lectura de Pablo – del que escribí un libro que ganó un premio de biografía – pero la gente que vive sin trabajar y mantenida por otros siempre me ha resultado muy cargante. Es obvio que los niños, los jubilados o los dependientes son excepciones que deberíamos asumir con gusto. Criaturas que deben formarse, personas que ya han entregado todo a la sociedad o conciudadanos que no pueden valerse por si mismos deberían esperar que los sostuviéramos. Sin embargo, no creo que debamos ir ni un milímetro más allá. De hecho, reconozco que pocas situaciones me repugnan más que ver a un funcionario mano sobre mano o a un empleado público prolongando el tiempo del cafelito. Precisamente por eso, me siento especialmente incómodo con lo que sucede desde la formación de las cámaras. Durante estos meses, los señores legisladores no han dado apenas un palo al agua. Hemos tenido algunas sesiones de investidura que sabíamos cómo iban a terminar, ciertos miembros del congreso han aparecido en los medios de comunicación repitiendo las mismas monsergas e incluso la totalidad ha votado algunas veces. Como además el gobierno está en funciones ni siquiera han tenido que molestarse en ejercer el preceptivo control del legislativo sobre el ejecutivo. Por supuesto, durante estos meses en que la actividad no se ha caracterizado precisamente por ser frenética, todos ellos han cobrado sus salarios, complementos, dietas y emolumentos varios que se han adjudicado por ley. Dado que los privilegios de los legisladores no son escasos; dado que superan en materia de desempleo y de pensiones a los de sus conciudadanos aunque estos hayan trabajado más y durante más años; dado que todos sus beneficios los costean los contribuyentes, me permito formular una pregunta: ¿este mes tienen intención de trabajar o lo van a dedicar a la holganza general cuya única excepción es la de unos portavoces que acusan siempre al otro de la situación actual? Yo comprendo que no pocos de ellos estarán encantados en esta situación en la que ni cenamos ni se muere padre, pero el que no trabaja no debería comer".

viernes, 15 de abril de 2016

Me hago algunas preguntas

¿De qué estaba enfermo el jamón curado?
Un fantasma en chándal ¿es un espíritu deportivo?
Una paloma comiendo palomitas ¿sería canibalismo?
En un divorcio entre esquimales ¿se podría usar la frase de que se ha enfriado la relación?
¿Por qué la Guardia Civil nos engaña a todas horas si en el furgón que pone atestados sólo van dos personas?
Si dos zombis van hablando en dos idiomas ¿son bilingües?
Si una chica está en Pacha, se acerca a la barra y pide sal de frutas ¿tiene que estar empachá?
Si en una boda la mujer va de blanco porque es el día más feliz de su vida ¿por qué los hombres van de negro?

Si el macho de la gallina es el pollo ¿el macho de la Oca es el parchis?

viernes, 8 de abril de 2016

'Cintora a pie de calle'

Lo dicho por Jesús Cintora, en su programa "A pié de calle", que a continuación reproduzco, es una absoluta realidad, pero independientemente de todo ello, los receptores de los mensajes, y la falta de objetividad, formación, cultura, y pausa, lleva a que tantísima gente haya votado en España a un partido de extrema izquierda, como Podemos, que entre otras cosas defiende la autodeterminación, justifica el terrorismo de ETA, no suscribe el pacto antiyihadista, y justifica a regímenes como el Venezolano de Chaves y Maduro, o el de los Ayatolas de IRAN (antidemocráticos, regimen maxista y perseguidor de los gays, etc, etc, etc) o tantísimas otras cosas que me resisto a creer que las respalden más de cuatro millones de Españoles.
Cuanto mal ha hecho la crisis (como dejaron los socialistas en 2011 las arcas del estado) y la corrupción.

MUCHA GENTE ES INCAPAZ DE RESISTIR LA INYECCIÓN DE DEMAGOGIA QUE RECIBEN DIARIAMENTE DESDE LAS TELEVISIONES PRIVADAS. LA RESPONSABILIDAD ES DE SUS DIRECTIVOS Y SUS PROFESIONALES SECTARIOS. ELLOS SON CULPABLES O COMO MÍNIMO CÓMPLICES DEL DESASTRE GENERAL.
La mayoría de las cadenas de televisión privadas de mi país son de izquierdas. Y muchas de ellas francamente sectarias. Se ocupan de destacar a cuchillo todo lo que va mal en el país, que atribuyen a las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno de Rajoy. Incitan los instintos más primarios de la gente, que son la envidia y el resentimiento, y persuaden a los ciudadanos de que la solución de todos sus problemas está en manos del Estado, que debe impulsar un gasto público mayor, aumentar los derechos sociales, fortalecer los sistemas de protección y elevar los impuestos a todos aquellos que ganan mucho dinero, no importa que esto se deba a la pericia y el sacrificio puestos en el empeño. Las televisiones de mi país han exagerado la corrupción hasta el extremo de que han conseguido instalar en el imaginario público la idea de que todos los políticos son unos ladrones cuyo objetivo genuino es robar a los ciudadanos. Ni qué decir tiene que el daño causado por estos medios de comunicación ha sido tremendo. Han provocado una desafección hacia la clase política y las instituciones muy difícil de corregir, han socavado la moral pública, han convertido a los individuos en irresponsables -en personas infantiles cuyas desgracias jamás tienen que ver con ellos sino con un agente externo- y han impulsado con gran eficacia el populismo. Una de las razones por las que Podemos, el partido radical de extrema izquierda que lideraPablo Iglesias, tenga 69 diputados en el Congreso es precisamente el apoyo que tácita o explícitamente le han prestado estos medios de comunicación absolutamente nocivos.
A pesar de esta descripción tan literal y desgraciada del estado de la televisión privada de mi país, yo me presto a participar a veces en algunas de estas cadenas venenosas. No sólo porque, a pesar de ser liberal, tengo muchos amigos de izquierdas, incluso francamente sectarios, sino porque pagan lo suficiente como para cenar la familia un fin de semana o comprar libros, y sobre todo porque no me preocupa hacer de chivo expiatoria de la jauría si es a cambio de poder emitir libremente mis opiniones aunque provoquen el escándalo general. La costumbre de muchos de estos programas de televisión es invitar siempre, como coartada, precisamente para lavar el complejo de culpa que tienen, a una persona de derechas, que, en minoría, queda rápidamente desacreditada por el enfoque general del reportaje o de la tertulia en cuestión. No me importa. Me presto al sacrificio con mucho gusto por el bien del país, y porque pienso que quizá alguno de los que me escuchan pueda tener un arrebato de lucidez o de sentido común y reflexionar sobre si, en el fondo, no tendré algo de razón.
La semana pasada participé en un programa cuyo objetivo era hablar sobre los remedios del desempleo, así como el de las familias que tienen problemas para pagar su vivienda o están en riesgo de desahucio. Me llevaron a un pueblo muy pequeño de Toledo donde el 70% de la gente está en paro. Allí, en la plaza Mayor, rodeados por muchos de sus habitantes, la mayoría jóvenes votantes de Podemos y jubilados que reciben una pensión bastante más digna de la que correspondería a sus cotizaciones, pero todavía más radicales, mantuvimos una tertulia en la que hubo momentos en que temí por mi integridad física. Lo primero que dije es que para reducir las altas tasas de paro, sobre todo entre los jóvenes, había que reducir o liquidar el salario mínimo. Después, que prohibir de manera indiscriminada, por ley, los desahucios de las personas que no pueden hacer frente a sus obligaciones tendría unas consecuencias devastadoras sobre el mercado del alquiler, perjudicando sobre todo a los jóvenes, que no están en condiciones de adquirir una vivienda en propiedad. Naturalmente, la reacción del público que me escuchaba fue iracunda, en gran parte porque el programa estaba concebido para transmitir precisamente unas ideas contrarias a las mías: que los empresarios deben aumentar los salarios o que los gobiernos deben facilitar una vivienda gratis a todo el mundo.
Me dio igual. Seguí con mi tesis de que cada persona con trabajo tiene, en condiciones normales, el sueldo que se merece, el que está de acuerdo con la productividad de la que es capaz según su cualificación, y sostuve que, por desgracia, la mayor parte de los jóvenes que me rodeaban ni tenían la aptitud suficiente para aportar el valor añadido que esperan los empresarios, y que, en todo caso, éstos podrían contratar a muchos de ellos para desempeñar algunas tareas pero a un precio más bajo que el que marca el salario mínimo oficial, que cuanto más alto más desincentiva la creación de empleo. Concluí, en medio del abucheo general, que es mejor trabajar a cualquier precio, con el salario que sea, antes que estar tumbado en casa a la bartola viviendo del subsidio de paro, porque esto último sólo abunda en la molicie, la pereza y la destrucción del poder de creación de riqueza que, por pequeño que sea, siempre anida en las personas. A pesar de un ambiente tan hostil, salí ileso, me quedé tan ancho, con la sensación de haber cumplido con una obligación cívica.
Hoy solo lamento no haber tenido a tiempo el informe elaborado por la Oficina Federal de Empleo de Alemania en el que se hace balance de la introducción del salario mínimo en el país, que fue una de las condiciones exigidas por la izquierda para formar el gobierno de coalición con el partido de Merkel. La conclusión de este informe es que la introducción de un salario mínimo de 8,5 euros por hora desde enero de 2015 ha destruido 60.000 empleos en la principal locomotora del Continente. Y eso aunque no se aplicó a los menores de 18 años sin formación, a los aprendices, a los trabajadores que se regían por un convenio colectivo con un salario propio ni tampoco a los parados de larga duración o a los que recibían alguna clase de ayuda estatal, en cuyo caso las consecuencias habrían sido todavía más dramáticas. Es una gran ventaja que las estadísticas, que admiten muy pocas interpretaciones, constaten que los salarios mínimos frenan la contratación de los más jóvenes -que es el colectivo con más paro- y que las empresas siempre se negarán a crear empleo si la rentabilidad de éste es inferior a los costes que entraña.
En España, los partidos que aspiran a formar gobierno incluyen en sus programas un aumento del salario mínimo. Ya el infausto presidente Zapatero lo subió hasta un 40% durante los ocho años que gobernó, incluso en épocas de deflación, contribuyendo a aumentar el paro juvenil. Cuál sea la razón por la que los partidos insisten en ensayar políticas que han demostrado su fracaso forma parte del arcano de la historia. Por qué los jóvenes de ese pequeño pueblo de Toledo donde casi me linchan no son capaces de entender argumentos tan obvios, que irían en su beneficio, o no resisten la inyección de demagogia que reciben a diario desde las televisiones privadas de mi país, también. La diferencia es que todavía se puede considerar a los jóvenes inocentes. A las televisiones, a sus directivos y a sus profesionales sectarios, no. Ellos son culpables o como mínimo cómplices del desastre general.

viernes, 1 de abril de 2016

¿A qué juega Pedro Sánchez?

Lo visto hasta ahora, desde las elecciones del 20 de diciembre deja en evidencia a la clase política española, y lo que realmente les interesa.

El Partido Popular, como es habitual en la España democrática de 1978, sólo puede gobernar si tiene mayoría absoluta, o casi (tirándose en los brazos de los nacionalistas, que tanto provecho han sacado de esta circunstancia), y cuando lo ha hecho, ha sido para arreglar el desastre económico que le ha dejado su antecesor en el gobierno.

El Partido Socialista, siempre se ha aliado con quien hiciera falta para poder gobernar, importándole muy poco si lo hacía con la derechas o el centro derecha (CIU y PNV), siempre que no fuera el PP, pero lo de Pedro Sánchez no tiene nombre, pues pretende formar gobierno con el concurso de Ciudadanos, de Podemos o de quien haga falta siempre que se cumplan sus intereses personales, ser Presidente a toda costa y sin importar el precio que debamos de pagar los españoles, para que él vea cumplido su sueño, ser el Presidente, no sólo que fracaso en un absurdo intento de investidura (tomadura de pelo y perdida de tiempo hacerlo sabiendo que sólo contaba con 131 votos), sino con 90 diputados, esto es el peor resultado de la historia del PSOE, que además fue el cuarto mas votado en su circunscripción electoral, Madrid.

Resulta lamentable comprobar que todos los partidos, sin exclusión alguna, sólo buscan su posicionamiento electoral, despreciando al partido ganador, con tal de conseguir sus objetivos, y a sabiendas de que si el PP no está en el gobierno, el gobierno que pudiera resultar de los pactos anti natura que se barajan, no podría hacer, legislativamente hablando, prácticamente nada. Eso sí, Pedro Sánchez conseguiría ser ex presidente del Gobierno, la economía volvería a retroceder, y antes de terminar el año volveríamos a tener otras elecciones, en las que posiblemente el PSOE se hundiría definitivamente, y habría el gobierno Constitucionalista que el PSOE se niega a formar ahora.

El señor Zapatero, el presidente que llegó por accidente en un tren de cercanías, jamás se imaginó que el dicho "otros vendrán, que bueno me harán", lo iba a poder utilizar, pues tras dejar España medio en la ruina, nunca pudo pensar que su sucesor en el PSOE fuera una persona tan intransigente, negligente, inútil, chaquetera, interesada y poco democrática, como es Sánchez, y que llevaría al PSOE a los peores resultados electorales de la historia reciente del PSOE.

Señores políticos, o se ponen de acuerdo para formar un gobierno estable, o nos veremos abocados a otra recesión económica y política, que por lo visto hasta el momento, a ustedes no les importa ni lo más mínimo.