domingo, 31 de diciembre de 2023

Quiero decirte

En estas fechas en las que haces un pequeño repaso a lo que ha sido el año, y en el que echas en falta a familiares y das la bienvenida a los nuevos miembros de la familia, suelo escuchar esta canción, “Quiero decirte”, de Mi hermano y yo, que me recuerda todas esas cosas que quise decir a mis seres queridos, presentes o ausentes, pero no lo hice, y la importancia de hacerlo.   https://www.youtube.com/watch?v=ulQSTzRjDcA

Creo que sería un buen propósito, para el año que entra, que consiguiéramos hacerlo.

Feliz año a todos, y que 2024 sea el año que todos esperamos para nuestra familia, amigos y para nuestro país, España.


jueves, 28 de diciembre de 2023

La muerte no es el final

"Tú nos dijiste que la muerte no es el final del camino, que aunque morimos no somos carne de un ciego destino. Tú nos hiciste, tuyos somos, nuestro destino es vivir, siendo felices contigo, sin padecer ni morir. Siendo felices contigo, sin padecer ni morir. Cuando la pena nos alcanza por el hermano perdido, cuando el adiós dolorido busca en la Fe su esperanza.

En Tu palabra confiamos con la certeza que Tú ya le has devuelto a la vida, ya le has llevado a la luz. Ya le has devuelto a la vida, ya le has llevado a la luz cuando, Señor, resucitaste, todos vencimos contigo nos regalaste la vida, como en Betania al amigo. Si caminamos a tu lado, no va a faltarnos tu amor, porque muriendo vivimos vida más clara y mejor."

Hace unas pocas semanas falleció mi suegro y la verdad es que fue una muerte un poco trágica para los que en ese momento nos encontrábamos con él.

Por las circunstancias en las que falleció, en su domicilio y sin enterarse de nada, su final fue el que él deseaba, y a muchos nos gustaría tener, pero esta no es la cuestión. Querría resaltar el dolor que había lógicamente en su familia, hijos, nietos (los bisnietos son demasiado pequeños como para entender más allá de que está con el niño fufus), hijos políticos, amigos, porque el fallecimiento de un padre siempre es doloroso.

Lo que más me llamó la atención es que los hijos y cuñados que pertenecen al Opus Dei, ninguno de ellos lloró, yo creo que incluso internamente estaban relajados, a gusto, porque su padre estaba en el Cielo, se había ido dejando todo arreglado en la tierra, y todos habían podido disfrutar de su presencia hasta ese momento. Estaba mejor de lo que estaba en la tierra, y no deja de sorprenderme porque aunque pienses con fe que la muerte no es el final, el fallecimiento de alguien al que quieres produce un gran vacío y muchísimo dolor aunque pienses que tu padre está en un sitio mejor.

Recuerdo lo que mi padre me contaba, mi padre que ya ha fallecido, respecto de un hombre del campo en Murcia, que por determinadas circunstancias, esto se lo contó un cura a mi padre, estando este hombre de campo cerca de la muerte, el cura le dijo “no te preocupes, no estés triste porque esto no es el final y pronto estarás en el cielo junto a Jesús, en un sitio mejor”, y como hombre sabio de campo le dijo “si padre todo eso está muy bien, pero como en casa de uno, en ningún sitio” y por eso me extraña ver a miembros del Opus Dei sin derramar una lágrima ante tan trágico acontecimiento.

La verdad es que la procesión va por dentro, aunque algunos no seamos capaces de reprimirla.

Querido suegro, descansa en Paz.

 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

La tumba de la democracia, el PSOE de siempre

 “A diferencia de su marido, la condesa parecía disfrutar de aquel bullicio que se había organizado en su casa, como si la guerra le hubiera dado nueva vida en lugar de quitársela. Cuando fui a verla para contarle el fracaso de mis gestiones para liberar a su marido, me dijo: “No te preocupes, Henry, que ya lo he arreglado con mis amigos anarquistas. Me han dicho que ellos lo pueden sacar de la cárcel a escondidas y luego quizá tú puedas meterlo como refugiado en la embajada británica”. Así era el Madrid de aquellos días: ¡una condesa con amigos anarquistas, disfrutando de la insólita situación en la que se encontraba! Hay que señalar que la Junta que en aquellos momentos gobernaba Madrid estaba compuesta por comunistas, socialistas y anarquistas, y que uno de aquellos anarquistas, Melchor Rodríguez, era el jefe de prisiones”.

El párrafo (pag. 203) pertenece a “Vida y muerte de la República Española”, Austral, la obra del periodista británico Henry Buckley que, como reportero de guerra para el Daily Telegraph, fue testigo de los años más dramáticos del siglo XX español, los que van de 1929 a 1939. Simpatizante confeso de la causa republicana, Buckley llegó a España a tiempo de presenciar la caída de Primo de Rivera y la abandonó con las tropas derrotadas de la República por La Junquera. Su testimonio, siempre vivo e intenso, a veces dramático, sirve estos días de perfecto contrapunto para ilustrar los riesgos por los que atraviesa nuestro país. Es verdad que, en lo material, la España actual tiene muy poco que ver con la atrasada de la primera mitad del siglo XX, pero, en otro orden de cosas, los paralelismos siguen siendo atronadores. Aterradores. Casi noventa años después, la democracia española vuelve a estar el peligro y casi con los mismos protagonistas.

Si la legalidad republicana se vio violentamente alterada por la asonada, con Franco a la cabeza, de la extrema derecha en julio de 1936, la legalidad de la democracia constitucional española acaba de ser violentada por el golpe que en Madrid encabeza el Gobierno de extrema izquierda que preside Pedro Sánchez. Vuelve recurrente el PSOE, el peor PSOE de siempre, el de 1917, el de 1934, el de 1936, el PSOE de Negrín y el golpe de Casado de marzo de 1939, el del silencio sepulcral durante el franquismo.

Un golpe que el separatismo catalán ha logrado extender al resto de España y que ha tomado forma con este Gobierno cuyo auténtico presidente se apellida Puigdemont, ese personaje a quien Sánchez miraba el miércoles con humilde arrobo cuando, desde el Parlamento Europeo, le advertía de los riesgos de no seguir sus dictados. El golpe contra la legalidad constitucional española protagonizado por Sánchez y sus socios se ha presentado esta semana ante las instituciones europeas. Y son millones los españoles que, conscientes de la ausencia de instrumentos legales –las lagunas de un ordenamiento que jamás pensó que se pudiera atentar contra la legalidad desde la propia presidencia del Gobierno- para frenar democráticamente esta deriva, se preguntan si Europa será esta vez la solución, si las democracias europeas, al contrario de lo que hicieron con la II República, serán capaces de salvar España de la deriva totalitaria a la que Sánchez y su banda la dirigen. 

“Desde primeros de agosto [de 1936], Francia y Gran Bretaña habían acordado no enviar armas a España, de manera que el Gobierno legítimamente constituido de la República no solamente no recibía armas, sino que ni siquiera podía comprarlas. Aquello parecía un sálvese quien pueda de las democracias europeas, dispuestas a suspender los principios mismos del derecho internacional con tal de no enfrentarse a las potencias del Eje (…) España primero, y después Austria, Checoslovaquia y Rumanía eran las piezas del dominó que iban derrumbándose hasta que la propia Francia quedara ya como una democracia aislada dentro de una Europa fascista. Quizá no hiciera falta atacar a Francia…” (Pag 182).

Una Ucrania derrotada y una España partida serían los ganchos de carnicero en los que Europa colgaría sin remisión su malhadado destino

 “Otra cosa que me descorazonó en aquel viaje a Londres fue el escaso interés que encontré por lo que estaba ocurriendo en España. Me refiero al hombre de la calle sin mucho interés por las ideas políticas. A aquel hombre medio no parecía interesarle –ni preocuparle- en absoluto lo que estaba ocurriendo en un país que era casi vecino. No sabían que al desinteresarse por la suerte de España estaban empezando a cavar su propia fosa” (Pag. 241). ¿Qué actitud adoptarán las instituciones comunitarias hacia lo que está ocurriendo en España? España y Ucrania son ahora mismo los campos de batalla en los que se juega el destino de Europa, las claves del arco en el que se asienta la permanencia de las libertades en un continente que con demasiada frecuencia ha sucumbido a tiranos sanguinarios tipo Putin y a tiranuelos vocacionales tipo Sánchez, fraudillos empingorotados por una infinita ansia de poder.

Una Ucrania derrotada y una España partida serían los ganchos de carnicero en los que Europa colgaría sin remisión su malhadado destino. Son muchos los que sostienen que el sujeto ha cometido esta semana, pecado de soberbia, el error más importante de sus cinco años y medio como presidente. Como en la historieta de aquel hijo tonto de familia bien a quien hicieron ministro en Madrid, hasta ahora solo en España conocíamos las habilidades del personaje, su capacidad parta mentir, faltar a la palabra dada y vulnerar con total desahogo cualquier tipo de regla o convención. Ahora ya las conocen en toda EuropaSu enfrentamiento con el presidente del PPE, Manfred Weber, la arrogancia que exhibe en esa retirada entre abucheos mientras su interlocutor estaba en el uso de la palabra, no le saldrá gratis.

Creíamos conocerlo todo, pero estábamos equivocados. Sus andanzas por las instituciones comunitarias han añadido, a mi parecer, perfiles nuevos al inquietante retrato de un tipo con aparentes problemas psicológicos para comportarse como lo haría un demócrata a carta cabal. Unos rasgos nuevos y muy peligrosos cara al futuro. El comportamiento de un autócrata que no tolera que le lleven la contraria en público. El perfil de un enemigo de la democracia. Y son muchos los que desde hace tiempo vienen sosteniendo que lo que está ocurriendo en España difícilmente se solucionará por medios pacíficos, difícilmente se saldará con soluciones democráticas. ¿Está Sánchez dispuesto, en su determinación de marginar a medio país, de situar a la derecha democrática extramuros de la política, a estirar la cuerda hasta el punto de llegar de nuevo al enfrentamiento civil?.

“Naturalmente aquel baño de sangre que se estaba produciendo en Madrid en el verano de 1936 tenía mucho que ver con lo que estaba sucediendo en el otro bando”, escribe Buckley en la pag. 180 de su libro. “Cada día llegaban al depósito de cadáveres entre 30 y 100 cuerpos (…) Los asesinatos en los primeros meses de la guerra rondarían la cifra de diez mil solamente en la capital de España, lo cual ya me parece una auténtica barbaridad (…) Los cadáveres aparecían cada mañana en dos lugares muy localizados: la pradera de San Isidro y la Casa de Campo” (…) Y la pregunta que nos hacíamos aquellos días en Madrid [los corresponsales extranjeros] era por qué el Gobierno no paraba aquella masacre”. ¿Se mantendrían las democracias europeas al margen del conflicto español, o pondrían pies en pared contribuyendo a desenmascarar a nuestro pequeño sátrapa? Vuelve Buckley: “Le susurré al oído a Ilya Ehrenburg que estaba a mi lado: “Esto parece una tumba”. “Lo es –me respondió-. Es la tumba de la democracia, pero no solo la española, sino la de toda Europa” (Pag. 320).

¿Está Sánchez dispuesto, en su determinación de marginar a medio país, de situar a la derecha democrática extramuros de la política, a estirar la cuerda hasta el punto de llegar de nuevo al enfrentamiento civil?

Junto a esos rasgos de enajenado –la torva mirada que dirige al eurodiputado portugués Paulo Rangel (PSD) cuando en Estrasburgo manifiesta su preocupación “por la situación del Estado de Derecho en España”-, la pobreza intrínseca de un personaje menor, desprovisto de cualquier altura intelectual o moral, un aventurero de la política, un Tempranillo, un buscavidas salido de la novela picaresca, un “pichafuera” convencido de arrasar por donde pasa, un tipo sin principios presidiendo a tipos sin memoria, pero, a fin de cuentas, un pobre hombre en manos de un prófugo de la Justicia, el auténtico presidente, dependencia que le obliga, a él y a toda su tropa aplaudidora, a callar vergonzantemente ante los ataques en sede parlamentaria del separatismo por el tema Pegasus, y a seguir callando, más grave aún, cuando Miriam Nogueras, la dóberman del de Waterloo, amenaza a jueces y periodistas y los cita por su nombre desde la tribuna del Congreso. Nunca tan pocos avergonzaron a tantos.

Muy valiente tampoco es nuestro Lenine, largo como Largo y mediocre como Caballero, con hechuras de torerillo macarra. “Largo Caballero era, en teoría, un marxista que creía en la lucha de clases y en el triunfo del proletariado. Pero en la práctica no pasaba de ser un líder sindical. Su vida había discurrido entre los despachos de los sindicatos y las cárceles donde a menudo había ido a parar” (…) Naturalmente, si Largo hubiera sido más listo, habría buscado una alianza con aquella nueva y poderosa fuerza política (el PCE) (…) Apodado el Lenin español por las masas de trabajadores, tan eficaz como líder sindical, Largo había resultado ser un ministro de la Guerra bastante mediocre” (Pag 209).

No conviene hacerse ilusiones. Asediada por problemas de todo tipo en casi todos los frentes, entre la espada y la pared por asuntos tan aparentemente irresolubles como la inmigración, el proyecto europeo atraviesa uno de sus momentos más bajos. Ayuna de auténticos liderazgos, nadie hará nada en Bruselas, al margen de buenas palabras, por la suerte de España que no sean capaces de hacer los propios españoles. Parodiando el evangelio de Mateo, “quien quiera salvar su vida, la perderá; quien quiera arriesgar la suya, la salvará”. Merece la pena luchar por un país mejor, en el que quepamos todos. Por eso es tan importante lo que sea capaz de hacer el Partido Popular, cuya responsabilidad en lo que hoy sucede en España es casi tan grande como la del PSOE.

Con reflexión al margen: es difícil saber si el argentino Milei podrá obrar el milagro de sacar a su país del foso donde la mafia peronista la tiene secuestrada, pero el nuevo presidente fue capaz en su discurso de toma de posesión de decirle la verdad a los argentinos y tratarlos como a adultos. Algo que no solo no hizo el pertinaz Rajoy, sino que fue más allá: los engañó, nos engañó, nos estafó. Obligado a dar alguna vez alguna satisfacción a la España urbana de clase media que aspira a soluciones liberales capaces de cambiar el rumbo imprimido por la extrema izquierda socialista, el PP tiene contraída una deuda moral con España y los españoles de enormes dimensiones. 

Feijóo parece caminar en la buena dirección, pero no me haré ilusiones. Muchos años de muchas buenas intenciones traicionadas. “Se puede abandonar a un pueblo a su suerte, como habían hecho Francia e Inglaterra con España, pero lo que no se puede hacer es pisotear su honor y su dignidad, precisamente aquello que más valoraba el pueblo español”, termina Buckley (Pag. 324). Pisotear el honor y la dignidad de los españoles es justamente lo que Sánchez lleva haciendo con España y los españoles desde junio de 2018.

Jesús Cacho – Vozpopuli  -  17 Diciembre 2023

jueves, 30 de noviembre de 2023

El colapso ecológico no es verosímil

Porque la creciente influencia de la ideología colapsista en el ecologismo lo estaba llevando a cometer toda una serie de errores políticos que creo que no se puede permitir en unos años que son decisivos para una transición ecológica justa y en los que él está llamado a ejercer un liderazgo social clave. Esa es la razón fundamental, pero también por autocritica: yo milité dentro de los círculos colapsistas durante muchos años y me parecía también responsable dar cuenta del cambio de mis posiciones.
El colapsismo presenta una estructura teórica muy similar a otros discursos catastrofistas del pasado. El más llamativo es el paralelismo con el catastrofismo marxista, que estuvo muy presente hace más de un siglo y que anunciaban el fin violento del capitalismo. Los discursos colapsistas de hoy son un calco de las estructuras mentales de aquel catastrofismo que la historia demostró que, aunque apuntaba tendencias que era importante considerar, no se cumplieron. El colapso del capitalismo no llegó, lo que sucedió fue la I Guerra Mundial y luego un abanico de respuestas políticas muy amplias que fueron desde el auge de los fascismos a la revolución soviética, pasando por el New Deal de Roosevelt. Hoy ocurre una cosa similar. Es verdad que tenemos acumuladas tensiones ecológicas muy importantes que aseguran que el siglo XXI va a ser difícil y lleno de turbulencias. Pero la política las gestionará de forma muy variable y en función de eso podremos conocer evoluciones a mejor o a peor. En ningún caso creo que el concepto de colapso, si lo utilizamos con rigor –que eso también es parte del problema–, sea un escenario probable en un país como España en el corto medio plazo.
El colapsismo es un término muy confuso que se debería emplear con un poco más de cuidado. De hecho, cuando muchos autores que se encuadran con la etiqueta del colapsismo lo usan, en realidad se refieren a otra cosa. Hablan de procesos lentos, largos, desiguales, irregulares… Quizás sería más oportuno utilizar términos como crisis, decadencia o mutación. El concepto de colapso va de suyo con una carga semántica que te hace pensar en procesos destructivos, súbitos e irreversibles, que además tienen moralejas políticas. En este caso, la moraleja política es olvidarse del Estado y dar la espalda a la política institucional realmente existente, porque supuestamente va a dejar de ser funcional. Es uno de los rasgos definitorios de la ideología colapsista: mantener que ni el Estado ni el mercado podrán garantizar la vida cotidiana en términos de normalidad. Por eso no siempre, pero casi siempre, los discursos colapsistas tienen todo ese correlato de propuestas anarquistas libertarias de resiliencia local, pequeñas comunidades, etcétera. En el libro, propongo definir el colapso como un estado fallido en términos ecológicos o de shock ambiental, y también argumento que no es un escenario verosímil en el corto o medio plazo, en ningún caso. El Estado va a seguir estando ahí, y la prueba más palpable la tenemos con la pandemia. Ha sido el primer gran shock que se puede parecer en algo a los escenarios que el colapsismo maneja, pero su resolución ha sido diametralmente opuesta a lo que se especulaba: un reforzamiento, una presencia enorme de lo público. Ese el elemento clave de las disfunciones políticas del colapsismo. No es tanto una cuestión de esperanza o no, sino de diagnóstico sobre el papel de la política.
Ese anarquismo utópico, como lo has llamado, no creo que sea la única fuente de entrada en el colapsismo, pero sí es una muy importante. Fue la mía, por ejemplo. Yo militaba de joven en círculos anarquistas libertarios y el colapso nos ofreció un relato histórico que de algún modo puenteaba nuestra impotencia política. Éramos incapaces de sustituir el estado por la autoorganización de comunas bajo la idea libertaria clásica, pero iba a venir algo que era el pico del petróleo que nos iba a hacer el trabajo sucio, por así decirlo, y entonces nuestra propuesta política se iba a volver funcional. Pero esta es solo es una de las fuentes de alimentación de la ideología del colapso, no la única. Hay un factor que es importante y es la parte de verdad que el colapsismo tiene: el agravamiento de la crisis ecológica en los últimos años. Es un hecho constatado que el ecologismo no ha sido capaz de responder en plazos y alcance a la gravedad de la crisis ecológica, y la situación actualmente es mucho más complicada en términos de emisiones de CO2 o pérdida de biodiversidad que hace unos años. Es una tentación natural pensar que la batalla por sostenibilidad está perdida.
Otra puerta de entrada al colapsismo tiene que ver con la idea de descentralización, que no solo está en el anarquismo, sino también en una parte del ecologismo, que como proyecto político siempre ha apostado por sociedades altamente descentralizadas. Así que tienes dos principios básicos del ecologismo que confluyen: los diagnósticos alarmantes sobre la crisis ecosocial y la apuesta por una sociedad descentralizada. Y luego la influencia cultural del neoliberalismo. Podríamos decir que el colapsismo es un remake «verde» del «No hay alternativa» de Margaret Thatcher, en el que se interpreta que la política es incapaz de responder a los problemas de nuestro presente. Basta mirar el dominio de los imaginarios distópicos en los productos culturales, un rasgo antropológico netamente neoliberal.
En el colapsismo se dan dos tipos de errores. Uno tiene que ver con los datos del diagnóstico y otro con cómo se aplican a los fenómenos sociales. Respecto a los datos, el colapsismo tiende a tomar por ciertos o por cerrados debates científicos que están abiertos. El caso más claro es la cuestión de la energía. Las dos tesis fuertes del pensamiento colapsista respecto a la energía son la del pico del petróleo –esto es, que ya estamos enfrentando un declive irreversible de los combustibles fósiles– y la de que las renovables son una especie de engaño porque su dependencia fósil impide que puedan ejercer como tecnología sustitutoria. No son conclusiones que cuenten con consenso científico o académico cerrado, nada parecido a lo que sí que tenemos con el cambio climático. Son posiciones interesantes, que hay que escuchar en el debate, pero también hay otros muchos científicos que manejan datos más optimistas. De hecho, lo más parecido a un consenso en este plano se va alejando cada vez más de las posiciones colapsistas. Aunque, insisto, no es un debate cerrado. Así que el primer error está en tomar por seguros datos que tienen incertidumbre. En el caso de la energía es bastante claro. Pero más allá de eso, sobre estos datos, digamos un poco sesgados o un poco parciales, el colapsismo lo que hace es aplicar una teoría social muy pobre, y ese es el núcleo fundamental del error. Es una teoría social reduccionista, en la que un solo factor que lo explica todo, que es mecanicista, que es determinista y tiene una obsesión con el efecto dominó, como si cualquier problema coyuntural fuese a generar una especie de bancarrota en cascada de todo nuestro sistema civilizatorio. Así que sobre datos científicos que son importantes y que tienen que estar en el debate, pero que están un poco sesgados, lo que se hace es aplicar una ciencia social pésima, y esto lleva a propuestas de intervención política bastante contraproducentes.
A las resistencias a la implementación de las renovables, que son comprensibles porque es un tema complejo, los discursos colapsistas les han dado un plus de convicción moral. Las renovables pueden tener impactos, que además se están incrementando por el modo en que nuestro sistema económico aplica procesos de cambios tecnológicos, y si les añades un discurso que viene a decir que son una prolongación de los combustibles fósiles y que en ningún caso van a poder cubrir nuestra demanda energética, pues tienes más argumentos para oponerte a ellas. Estas resistencias están siendo un sujeto popular real, que tiene implantación en los territorios y que puede llegar incluso a tener consecuencias electorales. Así que en ellos el colapsismo, que es un discurso minoritario dentro de un movimiento en sí mismo minoritario como es el ecologismo, ha encontrado un terreno fértil en el que crecer. Podría decir que el modo en el que ecologismo ha enfrentado estos temas es una de las razones que me animó a escribir el libro. Hay otros debates parecidos, no es el único. Son problemas reales, pero tienen solución y los tenemos que gestionar. El ecologismo transformador debería estar trabajando en que la implantación de las renovables sea positiva. Por ejemplo, estableciendo un fondo soberano renovable, como el que Noruega tiene con el petróleo, o con una reforma del mercado eléctrico que abarate las tarifas en las zonas de generación y potencie la instalación de nuevas industrias en esas zonas. El ecologismo debe estar en ese debate, con mecanismos institucionales como el de mediación, y no tanto en arrojar la sombra de sospecha técnica ante unas tecnologías que son la opción más fiable que tenemos para combatir la crisis climática y la energética.
Uno que viene muy a cuento este verano. En 2017 dentro del ecologismo hubo una polémica muy fuerte relacionada con una ola de calor prematura que se dio en junio en Madrid y que generó un movimiento espontáneo ciudadano de demanda de climatización en los colegios públicos. Los colapsistas reaccionaron diciendo que los aires acondicionados eran tecnología insostenible y proponían discursos muy maximalistas de salida rápida del capitalismo, o procesos de bioconstrucción que son, en el mejor de los casos, soluciones a medio y largo plazo. Nos encontramos con una lucha espontánea popular por la justicia climática que tenía una enorme capacidad de desarrollo y que el ecologismo no solo no supo afrontar. Una parte quería hacerlo de la peor manera posible desactivando ese potencial en pos de soluciones maximalistas a muy largo plazo. Se hacía con un argumento supuestamente técnico y científico: que no hay energía ni materiales suficientes los colegios públicos madrileños. Pero eso no es cierto, hay energía y materiales para eso, lo que debemos tener es un debate social sobre las prioridades. Es otro ejemplo del tipo de errores que el colapsismo comete.
El verano pasado también tuvimos una pequeña polémica a raíz de la cuestión del hidrógeno verde, una energía que se vende como prometedora pero que es muy problemática y cuyas disfunciones se deben discutir. Pero de ahí a asegurar que España si apuesta por el hidrógeno verde se convertirá en una colonia energética es muy exagerado. Es negar la capacidad de la política para intervenir en las coyunturas. Una herramienta como la excepción ibérica no está al alcance de una colonia en ningún sentido de la palabra. El ecologismo tiene que pensar cómo lograr más políticas parecidas a la excepción ibérica y menos dar por hecho que una tecnología automáticamente te lleva a una situación de subordinación colonial.
Citas ejemplos de grandes referentes del colapsismo que han ido matizando sus posiciones en tiempos recientes, como Ugo Bardi.
Bardi es un ejemplo, pero hay otros. En España está Mariano Marzo, que jugó un papel fundamental en la divulgación del problema del pico del petróleo en la década de los 2000, y hacia el año 2013 o 2014 cambia públicamente su posición básicamente asumiendo algo que en muchos círculos energéticos era un hecho: el fracking ha cambiado las reglas del juego y, aunque es verdad que los petróleos no convencionales que se obtienen con él son más costosos, más contaminantes o tienen rendimientos decrecientes, han logrado solventar la situación de estrés energético que se estaba viviendo durante la década de los 2000. Marzo ha cambiado su posición, Bardi la ha matizado. Él es fundador de ASPO, una red internacional de científicos que surgió a principios de los 2000 para estudiar el pico del petróleo y ha ido modulando su pesimismo energético. En el año 2022 su equipo de investigación confirmó un paper junto con Mark Jacobson, el gran gurú de las renovables, diciendo que podían sustentar a la perfección sistemas complejos industriales modernos y que en la mayoría de los países ya eran las opciones de mercado más baratas. Y en su último libro, aunque sigue defendiendo un colapsismo muy matizado, habla de un rebote después de la caída.
El final del libro dice «los ecologistas podemos ganar». Un mensaje muy directo. No sé si dirías que la mayor parte del ensayo, más allá de desmontar la idea de que el colapso como un hecho científico cerrado, es la batalla por recuperar de un futuro optimista basado en la ciencia.
Es fundamental. Hay una parte del libro que es dejar claro que la ciencia nos ofrece un marco de intervención más amplio del que el colapsismo presupone. Y, desde esa base, hago una apuesta por construir un sujeto político transformador que ayude en esa transición. No es un puro ejercicio de optimismo, sino que es una apuesta teóricamente fundamentada en una concepción constructiva de la política que busca que el ecologismo sea hegemónico y que sabe que para ello es fundamental ofrecer horizontes de futuro. Pero esos horizontes no los enuncio a ciegas, sino que constato es toda una serie de mutaciones y de cambios y de elementos que son motivos para la esperanza. El ecologismo sigue anclado en una idea que viene del marxismo más vulgar, de determinismo histórico, y otra gente hemos aprendido las lecciones de la historia y consideramos que el modo en que la política transforma la sociedad es otro, no siempre para mal.
Objetivamente hay elementos que son motivos para la esperanza. Por ejemplo, aunque en términos de CO2 estamos peor que nunca, en aquellos factores que nos permitirían las transformaciones tecnológicas o energéticas necesarias en muchos casos estamos mejor, como el enorme salto en las renovables de China, uno de los mayores emisores de CO2 del mundo. Esos aspectos en los que estamos mejor que hace 50 años permiten que una llamada a la esperanza como la que se hace al final del libro sea optimismo de la inteligencia, no de la voluntad. Un optimismo que parte de una lectura del mundo suficientemente sofisticada. Están pasando cosas ahora que hace cinco años no nos hubiésemos creído. El deber y la responsabilidad del ecologismo transformador es aprovechar esas coyunturas.

miércoles, 11 de octubre de 2023

Ojo con el Cardin

Vamos a explicarte qué es el carding, un tipo de ciberestafa que cuyos casos están  incrementándose. Con esta estafa, los ciberdelincuentes primero obtienen los datos de tu tarjeta y después empiezan a usarla de manera fraudulenta para que tú pagues por sus compras.

Vamos a empezar explicándote qué es exactamente esta técnica de ciberestafa, para que puedas ser capaz de identificarla y saber sus riesgos. Y después, pasaremos a darte algunos consejos para intentar prevenir ser víctima del Carding.

Qué es el Carding.  El Carding es un tipo de fraude virtual. Su nombre viene de card, que significa tarjeta, y se trata de un fraude en el que se usa información de tarjetas robadas para cargar compras de tarjetas de prepago o de otro tipo de artículos en distintos comercios online.

Como puedes entender, el Carding es algo que no se puede hacer porque sí, primero el ciberdelincuente necesita robar los datos de tu tarjeta de crédito, y para eso puede utilizar distintos tipos de trampas o trucos.

En cualquier caso, una vez consiguen tu tarjeta irán realizando distintas compras y pagos de productos y servicios con ella. A veces pueden ser compras grandes, pero otras veces pueden ser compras pequeñas para que los gastos pasen más desapercibidos y tarden más en despertar sospechas en usuarios o entidades bancarias.

¿Y cómo consiguen los datos de tu tarjeta? Pues los ciberdelincuentes pueden hacerlo de distintas maneras. Una de las más comunes es realizando campañas de phishing, enviando correos fraudulentos con los que hacerte creer que vas a realizar una compra en una página, pero que se trate de una página fraudulenta o que imita la original para que escribas en ella los datos de tu tarjeta.

Otro de los métodos que pueden utilizar es aprovecharse de una brecha de seguridad en alguna página online. A veces puede pasar que grupos de ciberdelincuentes puedan romper la seguridad de una web, como una tienda online, y sustraer de ella las bases de datos con la información de sus clientes, en ocasiones quizá la de las tarjetas.

Y por último, también puede que utilicen algún tipo de lector físico como un RFID o NFC preparado para obtener los datos de tu tarjeta. A veces pueden colocarlos en cajeros, y otras veces pueden usar otros métodos. Y una vez se hacen con los datos de tu tarjeta con alguno de estos métodos, entonces proceden a usarlos para comprar cargándote a ti los gastos.

Cómo evitar el Carding. Lo más importante para evitar el Carding es evitar en primer lugar el phishing. Para eso, presta atención a los SMS y correos electrónicos que recibas, verificando siempre el remitente que los manda. Sin son ofertas de páginas de las que nunca has oído hablar, no entres en ellas.

Y sin son ofertas de entidades bancarias, empresas de mensajería o tiendas online, tienes que prestar atención a algunos signos. Busca faltas de ortografía o expresiones poco naturales, busca la dirección de correo desde que se manda, y fíjate bien que después de la @ esté la web real de la empresa que supuestamente te manda el correo, porque a veces se usan direcciones parecidas pero que no son las mismas, o directamente unas completamente distintas.

Y si pulsas en los mensajes, verifica que la web en la que entras sea real. Mira su dirección para comprobar que es la auténtica, porque a veces el contenido de la página web puede engañar al parecerse mucho a la página real.

Otros consejos son intentar nunca pagar con los datos de tu tarjeta, sino usando intermedarios como PayPal o Revolut. Además, verifica que las páginas donde pagas sean seguras, por ejemplo con una dirección que empiece con https: en vez de http:.

Además de esto, evita hacer pagos en ordenadores o WiFis públicas, y activa la verificación en dos pasos en tus pagos con tarjeta. Nunca pierdas de vista tu tarjeta al entrar y pagar en tiendas para que no lo pasen por otros dispositivos, y cuando no pagues con tarjeta desactiva el NFC de tu móvil para que nadie pueda acercar un dispositivo para escanearlo.

Por último, préstale mucha atención a tu cuenta bancaria, y revisa todos los gastos que tengas, incluyendo los pequeños, para verificar que sabes el tipo de gasto que realizas. Y si detectas algo raro, llama rápidamente a tu banco para anular la tarjeta y denunciar un posible robo cuanto antes.

 En Ciberpro Basics | Estafas por SMS: guía para evitar los virus y robos de información, y qué hacer si te pasa.

Fuente: https://www.xataka.com/basics/carding-que-esta-popular-ciberestafa-como-evitarla

viernes, 15 de septiembre de 2023

Para el CorruPsoe hay golpistas y golpistas

Ramón Tejero Diez, sacerdote, es hijo del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. 36 años después del 23-F, en el que su padre tuvo que asumir la responsabilidad que le correspondía, su hijo reflexiona sobre qué ha llevado al actual Gobierno a no exigir la misma responsabilidad a los golpistas que han declarado unilateralmente la independencia de Cataluña. Por su interés, reproduzco íntegra la carta enviada por Ramón Tejero a La Gaceta.

MI PADRE SUFRIÓ Y CUMPLIÓ SU CONDENA

La mañana del 24 de febrero del año 1981, después del golpe de estado del famoso 23F, me encontraba frente a la Dirección General de la Guardia Civil esperando a mi padre, un militar que sólo unas horas antes había tomado el Congreso de los Diputados por mandato de los Tenientes Generales del momento y con el convencimiento –porque así se lo comunicó expresamente el General Armada y así nos lo confirmó a sus hijos- de actuar en nombre de su Majestad el Rey. Presencié como mi padre llegaba a la Dirección General de la Guardia Civil como Tte. Coronel en activo. Nadie le detuvo en el Congreso de los Diputados; él fue despidiendo a su fuerza con la elegancia y caballerosidad de un militar que, asumiendo su responsabilidad, reconocía la valía de aquellos que habían sido fieles al mandato recibido… algo que aquellos que, no han vivido el espíritu castrense, nunca comprenderán.

Mi padre se entregó en libertad, consciente del delito cometido. Le ofrecieron un avión para salir de España con todos nosotros y una importante suma de dinero, pero lo rechazó. Tan sólo pidió que no se exigiesen responsabilidades de capitán para abajo. No pidió nada para él, sino para los que habían cumplido sus ordenes pensando que lo hacían por España. Un acto de honor, del cual no fui testigo, fue la entrega de su arma reglamentaria al director General de la Guardia Civil en su despacho… pero si fui testigo de cómo generales, jefes y oficiales de la Guardia Civil se cuadraban ante él como signo de respeto ante una acción que parecía ser del conocimiento de todos ellos.

Mi padre llegó libre, con el convencimiento de haber cometido un delito, como ha reconocido públicamente, pero con la coherencia y el honor de ofrecerse en libertad y conocimiento pleno de sus hechos al Director General de la Guardia Civil… Era consciente de la ilegalidad del acto perpetrado… pero también que no había obrado por iniciativa propia, sino en todo momento cumpliendo las órdenes de los altos mandos militares que le pidieron tomar el Congreso de los Diputados por orden del Rey… como así nos lo comunicó a la familia y así lo aceptamos.

Han transcurridos muchos años desde aquellas fechas y nos encontramos ahora con una terrible realidad del asombroso “Golpe de Estado en Cataluña”. Mi padre se hizo responsable de sus actos, asumió su responsabilidad, cumplió con la pena impuesta –la máxima- hasta el último día y en elocuente silencio sigue viviendo con infinito dolor por su Patria… nuestra Patria.

Y en la situación actual de nuestra amada España nos encontramos con una realidad que nos atormenta a todos. Un expresidente de la Generalidad que habiendo cometido un delito de rebelión no solo no se entrega con limpieza y dignidad, sino que tras cometer un delito de rebelión de forma pública, se va tranquilamente a su casa, viaja al día siguiente a Bruselas sin que nadie ordene su detención o retirada del pasaporte, se ríe de todos nosotros y sigue presumiendo públicamente de su delito y de la atrocidad de su actitud que tanto daño ha hecho a todos los españoles.

…Porté la ropa de mi padre después del golpe de estado la mañana del 24 de febrero… sin saber que podría ocurrir … el 25 de febrero estaba con él en la Prisión Militar de Alcalá de Henares… con serenidad e infinita paz. Consciente de lo ocurrido y sin rencor…. pero ahora después de más de 36 años y tras los sucesos de Cataluña me pregunto como español e hijo….

¿Dónde está la dignidad de aquellos que han perpetrado el Golpe de Estado en Cataluña?… ¿Por qué no son capaces de entregarse y reconocer que han cometido un delito?… Cómo es posible que el Gobierno actual y el Poder Judicial no actúen con la misma celeridad que en su momento tuvieron con mi padre… ¿A que jugamos?…¿Dónde está la dignidad y el honor de aquellos que perpetrando un golpe de estado no lo asumen?… Señores los “golpistas” del 23F estaban detenidos en 24 horas… y los golpistas catalanes campan a sus anchas… mostrando a la comunidad internacional la debilidad de un estado que, con aparentes complejos, pretende expresar, desde silencio, el miedo a asumir la tremenda realidad de un Golpe de Estado al sistema.

No tengo ni rencor ni odio… pero si creo en la verdad, en la autenticidad, en el honor y en la valentía de asumir los hechos perpetrados. No comprendo la cobardía, la traición y la mentira. Los españoles esperamos contemplar la expresión clara y tangible de la justicia, necesitamos redescubrir el Estado de Derecho. No queremos pactos, necesitamos la Verdad, esa “Verdad que nos hace libres”, esa verdad que nos hace sentirnos personas con todo lo que ello significa.

Cataluña es España y lo será siempre. Basta ya de jugar con nuestros sentimientos. Apliquemos la ley, como la aplicaron con mi padre. No juguéis con nosotros ni con España. Basta ya de palabras. Los hombres de bien necesitamos justicia y paz en un mundo de aparente oscuridad y discordia. Necesitamos vivir con la certeza de un Estado de Derecho, con el gozo de la libertad y el convencimiento de que vivimos conforme a la verdad que se manifiesta en la justicia de aquellos que anhelamos un Estado fundamentado en los principios que nos conforman como personas. Personas que, con San Pablo, gritamos que nuestra vocación es la libertad, una libertad fundamentada en la verdad y la justicia.

Soy sacerdote, no político, pero quiero recordar que San Juan Pablo II manifestó firmemente que el amor a la Patria es un deber de justicia y que faltar a ese deber es incumplir el cuarto mandamiento de la Ley de Dios “honrarás a tu padre y a tu madre”. Según el magisterio de San Juan Pablo II, la Patria es un madre a la que debemos amor, devoción y entrega.

Amemos a nuestra Patria España coma una madre y descubriremos su ternura y gallardía, aquella que nos da a luz, nos cuida y nos lanza a la entrega generosa y gratuita de la construcción del reinado de Cristo. Un reino de gracia, de verdad, de justicia, de vida y libertad.

Dios bendiga a España Unida y nos conceda el Don de la Paz.

Ramón Tejero Diez

Sacerdote 

domingo, 3 de septiembre de 2023

Occidente ha muerto, empalado.

El pasado dieciséis de agosto, en la ciudad francesa de Cherburgo, un individuo de 18 años que no come jamón y responde al nombre de Oumar, un tipo con ficha policial abierta por anteriores obras de beneficencia, asalta la casa de una mujer blanca de 29 años, la viola, la tortura y acaba empalándola con una escoba. Con el empalamiento le perfora la vagina, el colon, el intestino delgado, el peritoneo y el diafragma. Además, le produce un colapso pulmonar y la fractura de dos costillas.

La mujer, más muerta que viva, logra llamar a urgencias y es trasladada al quirófano de un hospital de Cherburgo. Allí le salvan la vida, aunque todavía sigue gravísima en la UCI. Varios cirujanos, enfermeras y auxiliares que la han intervenido quirúrgicamente están recibiendo tratamiento psicológico, ya que en su vida profesional jamás se han tropezado con algo semejante. Algo que volvería loco al más cuerdo.

Hasta aquí, una noticia que apenas ha tenido repercusión en los medios periodísticos ni ha provocado movilizaciones de protesta en Francia.

Dos semanas antes, un policía francés de raza blanca había disparado a un joven de 18 años (un joven que tampoco comía jamón y que también tenía antecedentes policiales) causándole la muerte. Entonces, media Francia, jaleada por el equivalente francés de Podemos, por ese tal Melenchón que ahora es íntimo de Yolanda y de Sumar, se lanzó a la calle atacando a alcaldes y a cargos electos de Francia, quemando ayuntamientos y comisarías, destrozando el mobiliario público y cortando carreteras, en una orgía destructiva que ya se está haciendo habitual en Francia. Melenchón, ese estadista francés primo-hermano de Podemos, en un alarde patriótico que ya ha pasado a la Historia, mientras su Francia ardía y el Gobierno legítimo de Macron se planteaba sacar al ejército a la calle, llegó a decir lo siguiente: <<poco nos pasa para lo que nos merecemos>>.

Hasta aquí, la otra noticia de Francia, la que todos conocemos.

Y ahora me voy a referir al besito de Rubiales: un escándalo tipificado como agresión sexual que ha movilizado a media España y que ha hecho intervenir en el debate a un alto cargo de la ONU. Sí, sí. De la ONU. Por no mencionar a la FIFA, a la FAFE, a la FEFA, a FOFÓ, a MILIKI y a FOFITO.

¿Qué hace que una mujer violada y después empalada por un hombre, una chica que ahora se debate entre la vida y la muerte, tenga muchísima menos importancia nacional e internacional que el besito de Rubiales? Para mí, las causas son dos:

1-En primer lugar, los europeos tenemos una empanada mental de tal calibre que ya no distinguimos lo grave de lo menos grave; la emergencia, de la urgencia; lo severo, de las tonterías de Telecinco, por el culo te la hinco. ¿Cree el lector que es de recibo que al hijo de un actor que ha asesinado y descuartizado a su novio en Tailandia lo tratemos con más respeto y benevolencia que al calvo besucón que le ha robado un piquito a una jugadora de fútbol? ¿Es normal que mis lectores no conozcan el caso del empalamiento francés, pero que incluso la ONU haya opinado sobre el besito de Rubiales?

2-En segundo lugar, Occidente está a punto de morir de éxito. Y de eso se están encargando, con muchísimo interés, un ejército de gilipollas suicidas capitaneado por la antigua izquierda europea: ésa que antes se ocupaba de los derechos de los trabajadores y que ahora ha volcado sus esfuerzos en que usemos vibradores vaginales en lugar de los tradicionales coitos, en que aceptemos los burkas como algo progresista, y en que digamos “todos, todas y todes” para mentar a alguien.

¿Cree el lector que si el empalamiento de Cherburgo se lo hubiese hecho un hombre blanco a una mujer llamada Jalifa habría tenido la misma repercusión social, mediática y política que la que he tenido el empalamiento de esta chica blanca de 29 años? Seguro que no. Las calles de Francia estarían ardiendo todavía, y las Belarras, las Irenes, las Werstrynge, las Pam, los Echeniques, los Iglesias, las Yolandas, los Monederos y los Melenchones estarían atizando el fuego hasta poner al Estado francés en el brete de sacar al ejército a la calle, como ya intentaron hace un mes con el asesinato de un chaval por un policía.

Porque de eso va el programa de esta tropa mencionada: de hacer saltar los mimbres de un Estado en que no creen, de una Constitución que aborrecen, de una Europa con valores que les son ajenos, y de una democracia que les viene estrecha para imponer su dictadura.

De eso va esta cuadrilla. Con esas cartas tenemos que jugar, y con esos mimbres construir Europa.

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Médico y escritor malagueño.

miércoles, 26 de julio de 2023

La España ingobernable

La verdad es que mejor no puede estar explicado.

Desde Francia ven las cosas con bastante claridad….

El domingo 23 de julio los españoles votaron, de forma relativamente masiva (70,40% frente al 66,3% de hace cuatro años). Los sondeos no se habían equivocado sobre el avance de la derecha: el Partido Popular (PP) obtuvo casi 8,1 millones de votos, y subió del 20,8% al 33% de los sufragios y de 89 a 136 diputados; Vox retrocedió, como pronosticaban las encuestas preelectorales, de 52 a 33 diputados, y bajó en más de 600.000 votos hasta los 3,03 millones (12,4% frente a 15,1%). En cambio, las encuestas no habían detectado la resistencia del Partido Socialista (PSOE): con 7,7 millones de votos (31,7%), mejora en un millón de votos su resultado de noviembre de 2019 y gana dos diputados (122 en lugar de 120). Dos meses después de unas elecciones municipales y autonómicas desastrosas, el PSOE de Pedro Sánchez logró frenar la previsible victoria de la derecha. En la noche del 23 de julio, Sánchez se erigió en vencedor moral de las elecciones y, a día de hoy, parece en condiciones de reunir una mayoría de gobierno para la nueva legislatura. Ha aumentado su leyenda de resiliencia –la de un hombre que, seis meses después de su llegada al poder (nunca se es demasiado prudente), publicó unas memorias tituladas Manual de resistencia.

La situación parlamentaria era la siguiente. El número total de diputados de derechas es de 171 (136 del PP, 33 de Vox, 1 de Unión del Pueblo Navarro y 1 de Coalición Canaria). La suma de los partidos de izquierda es de 153 (122 para el PSOE, 31 para SUMAR), a los que hay que añadir los diputados de los grupos parlamentarios que hasta ahora han apoyado al Gobierno saliente: 5 del Partido Nacionalista Vasco, 6 de EH Bildu (independentistas herederos de la banda terrorista ETA), 7 de Esquerra Republicana de Catalunya  (ERC), 1 del Bloque Nacionalista Galego. Esto supone 19 votos más para llegar a 172. Los 7 diputados restantes son de Junts pel Catalunya, la formación independentista catalana liderada por Carles Puigdemont. Si suman sus votos a los de la derecha, podrían impedir la investidura de Pedro Sánchez, pero nunca darán su voto a Alberto Nuñez Feijóo. Así que la única posibilidad aritmética es que Pedro Sánchez sea investido gracias a la abstención de Junts. Sus líderes ya han advertido de que no saldrá gratis, y la condición que han puesto es un referéndum vinculante sobre la autodeterminación de Cataluña[1].

Por tanto, está claro que Alberto Núñez Feijóo solo puede contar con 171 votos a favor de su investidura frente a 179 en contra, mientras que Pedro Sánchez podría ser investido por 172 votos a 171. Se trata de una situación ciertamente frágil, pero una vez que vuelva a ser presidente del Gobierno, será indestructible, porque en España la censura es constructiva y no surgiría otra alternativa. Por otra parte, el Gobierno se verá sometido a un vía crucis legislativo: cada texto se negociará palabra por palabra y habrá que hacer concesiones a las exigencias de todos esos pequeños grupos parlamentarios que venderán caro su apoyo. A esto se añadirá el freno del Senado, donde, tras las elecciones, el Partido Popular tiene mayoría absoluta (143 escaños de 266). Este desfase entre el Congreso de los Diputados y el Senado es el primero de la historia electoral española.

La lección de las elecciones es, pues, sencilla: la derecha gana pero no gobierna, y la izquierda pierde pero puede gobernar. A los indignados de la derecha por una alianza de perdedores, Pedro Sánchez les reprocha su aislamiento en la vida política española. Adoptó la –exitosa– estrategia de campaña de señalar que el único aliado del PP podría ser Vox, y hablar así de los dos partidos como “dos caras de la misma moneda”. Además, los observadores extranjeros –principalmente la prensa– compraron esta línea argumental, y toda la campaña se cubrió bajo el tema de la llegada de la extrema derecha al poder. Algunos, como el ex primer ministro británico Gordon Brown, estaban preocupados por el ascenso de la extrema derecha, ¡a pesar de que todas las encuestas mostraban que Vox caería! Sánchez ha “arrinconado” clara y eficazmente al PP. Mientras la derecha española esté dividida en dos formaciones enfrentadas, sus posibilidades de llegar al poder son reducidas. Si Vox no hubiera presentado candidatos en las circunscripciones más pequeñas (las provincias que solo eligen de 2 a 4 diputados), de la votación del domingo habría salido una mayoría absoluta de derechas[2]. Hubo, efectivamente, un “voto inútil”: el de los votantes de Vox en provincias donde el partido no tenía ninguna posibilidad de obtener escaño. Pero, frente a lo que dice Pedro Sánchez, el PP y Vox no son lo mismo.

El PP es un partido liberal europeo, afiliado al Partido Popular Europeo, con una clara tradición democrática. Vox, nacido de una escisión del PP en 2012, se ha convertido en la voz española de la tentación antiliberal de la derecha populista y autoritaria europea. La derecha española está dividida en dos corrientes difíciles de conciliar en la realidad, y Vox, que ahora cuenta con una base política y popular real, tiene su propio electorado, corpus ideológico y aparato militante. Entonces, ¿por qué volver a una casa que ya no se comparte? Hay que señalar, sin embargo, que la relación de fuerzas en el seno de la derecha española es 2,6 veces favorable a la derecha moderada en términos de votantes y 4,1 veces en términos parlamentarios. En Francia, la relación es de 1,4 a favor de la extrema derecha en términos parlamentarios y de 1,7 en términos electorales. ¿Y qué podemos decir de esta proporción en Italia?

Lo que queremos decir con esto es que España no está amenazada por una deriva hacia la extrema derecha, ni siquiera por una radicalización de la derecha. Hay escenas bastante nauseabundas que no dejan en buen lugar a sus protagonistas. La noche del 23 de julio, ante unos resultados que mostraban que la derecha, en contra de lo que vaticinaban la mayoría de los sondeos, no iba a poder gobernar, frente a la sede del PSOE en Madrid, militantes y cargos públicos gritaban “No pasarán”, haciéndose eco de la famosa consigna del otoño de 1936, durante la Guerra Civil. Esta asimilación de la derecha al fascismo en el discurso de la izquierda es sin duda muy movilizadora –y funcionó–, pero intelectualmente resulta extremadamente peligrosa porque congela en representaciones anacrónicas realidades políticas que han cambiado. Alimenta divisiones simbólicas que son imaginarias. ¿Cómo explicar si no la estabilidad de la sociedad española actual?

En cuanto a los europeos, harían bien en empezar a intentar entender un poco mejor quiénes son los socios de Pedro Sánchez. El líder parlamentario de los republicanos catalanes, Gabriel Rufián, dijo la noche del 23 que “se ha frenado el fascismo en España”. Pero ¿quién intentó desnaturalizar en 2017 la democracia parlamentaria en Cataluña? ¿Quién privó a la oposición de su derecho de enmienda? No olvidemos que, en 2017, los independentistas catalanes atacaron los cimientos de la democracia como no lo han hecho por el momento ni Viktor Orban ni la coalición de Netanyahu en Israel.

En cuanto a los parlamentarios de EH Bildu, son los herederos de la banda terrorista ETA. El PSOE puede insistir cuanto desee en que ETA dejó de asesinar en 2011. Eso es cierto, pero si no vamos a hablar de su pasado relativamente reciente, ¿por qué se saca constantemente a colación el recuerdo de la Guerra Civil si no es para criminalizar a la derecha? En mayo de este año, EH Bildu incluyó en sus listas municipales a siete excriminales acusados y condenados por delitos de sangre. En el País Vasco, terroristas excarcelados son recibidos con honores en municipios gobernados por EH Bildu… con desprecio a las familias de las víctimas. La cuestión vasca solo se ha resuelto superficialmente. La sociedad vasca está gangrenada por la violencia silenciada que la ha distorsionado y pervertido.

La izquierda de la izquierda, liderada por Yolanda Díaz, parece haber limitado los daños y, con 31 escaños (frente a 38), es ahora un complemento esencial del PSOE. En la noche electoral, Yolanda Díaz prometió ampliar aún más los derechos de las personas LGBTI+ (durante la campaña, se presentó una propuesta para imponer una cuota del 20% de trabajadores LGBTI+ en las empresas, lo que provocó una reacción bastante natural al señalar que la orientación sexual no podía ser objeto de una declaración pública ante el empleador…). La cuestión no es la legitimidad de la lucha contra la discriminación, sino la de la izquierda, que se ha convertido en refugio de todas las reivindicaciones de grupúsculos.

El PSOE de Pedro Sánchez se apoya en nacionalistas que siempre darán prioridad a su identidad regional sobre sus convicciones políticas (un nacionalista catalán de izquierdas es ante todo catalán y solo después de izquierdas; un vasco es ante todo vasco antes que de derechas o de izquierdas, como demuestra el caso del PNV [Partido Nacionalista Vasco], partido tradicional de la burguesía vasca, que es claramente de derechas pero apoya al PSOE) y en una izquierda radicalizada, especializada en la deconstrucción de todo el entramado social (un ejemplo es la ley de autodeterminación de género), que parece haber abandonado su vocación por lo universal. La izquierda española es ahora, más que nunca, una izquierda clientelista y también, por desgracia, sectaria. Ya no existe un cuerpo doctrinal coherente y bien construido, sino un conjunto de reivindicaciones que se satisfacen bien por leyes de circunstancias, bien por arreglos coyunturales, bien por inversiones de posición.

El verdadero peligro que amenaza hoy a España no es tanto la ruptura de su unidad –que, al fin y al cabo, es un problema real– como el desmantelamiento a la vez de su Estado, vendido por partes a los diversos grupos de presión nacionalistas (que se apresuran a convertirlos en feudos inexpugnables) y la destrucción de los cimientos de su cultura política democrática, nacida de la lucha antifranquista de los años sesenta y de la transición democrática de los setenta. En aquellos años, la política había sido LA solución a los problemas de España. Comprendieron que la negociación, basada en sus convicciones y en el equilibrio de poder establecido democráticamente a través de las elecciones, permitía establecer un marco común. ¡Hoy el 93% de los españoles cree que la clase política “es el principal problema de España”! Esta cifra, que nunca se esgrime, es el peor dato que llega de la península. Ninguno de los líderes políticos españoles quiere verlo: ese es el verdadero peligro.

Traducción del francés de Daniel Gascón.

Publicado originalmente en Telos

[1] Este panorama parlamentario tendrá que aclararse una vez que se hayan escrutado los votos de los españoles residentes en el extranjero (a partir del 28 de julio). En ocasiones, esto puede modificar marginalmente la correlación de fuerzas (en uno o dos escaños). Sin embargo, como un voto puede ser decisivo, el análisis aquí presentado puede quedar invalidado al final de la semana…

[2] Recordemos que el sistema electoral es proporcional corregido por la ley de d’Hondt. Los votos obtenidos por cada lista se dividen tantas veces como escaños haya que asignar y se distribuyen en orden descendente. En una circunscripción con 5 diputados, la lista A obtiene 120.000 votos, la lista B 100.000, la lista C 45.000 y la lista D 17.000. Esto da el siguiente resultado: 2 escaños para la lista A (120.000 y 60.000), 2 escaños para la lista B (100.000 y 50.000), 1 escaño para la lista C (45.000).