jueves, 7 de julio de 2011

¿Según quien gobierne vamos a una guerra o no?


Es curioso que D. Felipe González mandara a soldaso de reemplazo a la primera guerra de Irak y que, al estar autorizada la contienda por la ONU no pasara nada ni nadie dijera nada.

Sin embargo, D. José María Aznar lo hace bajo la duda de si estába o no autorizado, y se monta el follón. Eso sí, cuando fueron nuestros militares profesionales la invasión ya se había completado y no hubo ni una sola baja.

Si bajo los auspicios de la ONU se mandan militares a una zona de guerra como Afganistan y Libia, los soldados que se envíen van en misión humanitaria, y si les matan, como desafortunadamente ya ha ocrruido, ha sido por que les han tirado flores o se han tropezado.

Afortunadamente este gobierno de canallasha cambiado de criterio y ahora las medallas que les dan a título póstumo son con distintivo rojo, que lleva aparejada una pequeña pensión de por vida para la viuda, ya que antes, como tenían los H.... de decir que estaban en misión humanitaria, ¡en una zona de guerra!, se lo daban con distintivo blanco que no tiene pensión alguna.

En fin dejo aquí este descriptivo artículo, creo que del Señor Ansón, que es clarificardor. 

JOSÉ MARÍA Aznar se sumó a la posición del socialista Blair y del conservador Bush II, favorables a la guerra en Irak. Pero no envió un solo soldado a combatir en la contienda. Tras la victoria de los aliados, la ONU solicitó la participación de las naciones en las tareas de paz y reconstrucción. Respondieron 32 países, entre ellos España. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en presidente por accidente, acertó al decidir la retirada de las tropas españolas de Irak porque aquello era una guerra. Se equivocó en el procedimiento y en la precipitación. También en su apelación a las demás naciones para que hicieran lo mismo. El nuevo presidente se convirtió en un apestado internacional y dedicó su alta sabiduría a cultivar la alianza con el eje Castro-Chávez-Ortega, situando a España en la marginación.
Tras la victoria de Obama, Zapatero se hincó de hinojos ante el nuevo César. Se había dado cuenta de que no se puede funcionar en el mundo occidental con la hostilidad abierta de Estados Unidos. A petición del presidente americano, robusteció la presencia militar española en la peligrosa guerra de Afganistán. Obama le obsequió con algunos gestos condescendientes y, en su desdén, ni siquiera se molestó en visitar España, que ocupaba la presidencia rotatoria de Europa. Las tropas españolas están hoy en Afganistán con el mismo aval de la ONU que las respaldó en Irak. Zapatero, el pacifista, en plena contradicción, nos metió de hoz y coz en la guerra afgana y comprometió en ella a otra pacifista de conocido perfil: Carmina Chacón. Todo un despropósito, toda una incoherencia. España debió quedarse fuera de la guerra de Afganistán de la misma forma que ha sido un error participar en la guerra de Libia.
Las consecuencias de la política zapatética están a la vista. Cerca de un centenar de militares españoles han perdido la vida en Afganistán, amén el crecido número de heridos y mutilados. Y todo ello sin otro motivo real que el deseo de Zapatero de establecer una buena relación con Obama. Carmina Chacón, la pobrecilla, está volada y no sabe cómo justificar la presencia de España en la guerra que acosa a los dos antiguos pacifistas.
Las jubilosas movilizaciones de antaño contra la guerra de Irak se han convertido en un sarcasmo. El club de la ceja está desolado. No fue la cultura la que se sumó a las campañas zapaterescas de los años 2003 y 2004 pero sí un grupo de artistas destacados que hoy, en privado, abominan de Zapatero. He publicado varios artículos en los últimos años advirtiendo de la sangría que se podía producir en Afganistán, de la conveniencia de retirar nuestras tropas. El goteo de bajas me ha dado la razón pero Zapatero prefiere el desdén calculado con que le obsequia Obama antes que desairar al Imperio.

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