jueves, 30 de abril de 2026

¿Cómo podemos estar vivos?

Pues parece que sí. Según la mayoría de los analistas de hoy en día, nuestros padres desde que nacimos han estado intentando matarnos.

Por lo visto hemos llegado a adultos por los pelos, ya que teniendo en cuenta que el gluten es malo, la lactosa es mala, los cereales y el pan blanco son veneno, el azúcar es lo mismo que el cianuro, la fructosa de los zumos te revienta por dentro y que las grasas son como resina para sellar las arterias, nosotros no deberíamos estar vivos.

Mirando hacia atrás, veo a mis padres.

Ahora veo su plan magistral para eliminarme.

Aquellos filetes con patatas fritas y el aceitillo de la sartén por encima eran por algo. Luego, al ver que me levantaba vivo por la mañana, lo volvían a intentar con un buen Colacao con una torre de galletas María unidas por una capa de mantequilla o margarina.

Como aquella fórmula no funcionaba, reforzaban con una merienda a base de ¡Pan blanco, con chocolate, chorizo foie gras!. (Entonces no había paté). A veces lo intentaban con más ahínco regando una rebanada de pan con vino y añadiéndole nada menos que azúcar blanco.

¿Se puede ser más asesino?

Los fines de semana entraban los extras y ya iban con todo: en el desayuno unos buenos sobaos pasiegos o unos churros, y, como tenían más tiempo para cocinar, me metían para comer una fabada con su choricillo, su capa de grasilla flotante y más pan para “mojar”.

De postre, para terminar con algo dulce, un arrocito con leche no podía faltar y si era verano el Miko Lápiz reglamentario.

En la cena podía caer un pollo asado con salsita para poder bañarse y de postre natillas.

Claramente eran unos psicópatas sin sentimientos.

Hicieron todo lo que pudieron, pero al final aguanté.

Lo más sorprendente, es que con esa alimentación, sin traumas ni alimentos prohibidos llegué a medir 1,83m.

¿A ver si el problema va a ser la actividad, la cantidad, la frecuencia, la variedad y el estilo de vida, entendidos míos?

Yo desde luego no me voy a subir al tren de alimentarme sólo de lechugas criadas en libertad y recogidas bajo la luna menguante del quinto ciclo de Júpiter en rotación con Saturno.

Nota: Lo de las abuelas ya ni os cuento. Aquello eran auténticas casas de tortura. Nunca habías comido suficiente

jueves, 23 de abril de 2026

¡Qué vergüenza Majestad!

Desde el máximo respeto y cariño: ¡Vayase, Majestad! No nos haga pasar más vergüenza a los españoles en su persona, aguantando estoicamente insultos, pitadas y faltas de respeto a Su Majestad y por ende, a todos los españoles.

Esto no pasa en ningún país civilizado del mundo donde también existe la «libertad de expresión» aunque debe tratarse de otra versión, porque hay libertad, sí, pero no para insultar, faltar al respeto o agredir verbalmente al prójimo. En Francia, todos lo saben, el presidente de la República François Mitterrand, en un partido internacional Francia–Argelia, en cuanto empezaron los pitidos a la Marsellesa, no solo se marchó sino que se suspendió el partido. No ha vuelto a producirse esta situación ninguna otra vez. No será porque en el país vecino no se respete la libertad de expresión, es que, en esta España decadente, desde el punto de vista moral y de respeto a los demás, se amparan demasiadas cosas negativas (daría para otro artículo enumerarlas).

Váyase, Majestad, y ordene que se suspenda el partido y cada uno a su casa, con silbato incluido, donde le quepa. Ya son muchas finales, muchas repeticiones de un mismo hecho bochornoso, vergonzoso, inadmisible.

Ni la Casa Real, ni el gobierno, ni la oposición, ni la federación de futbol, aquí nadie chista y manda quien manda. Muy bien, pues emplee esas dotes de mando para defender a todos los españoles de esa panda de energúmenos (es lo más suave que se me ocurre para no incurrir en el insulto) y al primero de todos a S.M. El Rey, aunque bien podía defenderse solo y de paso a todos nosotros, simplemente abandonando el estadio.

Suspendido el partido, los equipos cuyos aficionados nos hayan faltado al respeto al Rey y a todos los españoles, naturalmente en uno o dos años, no volverán a jugar una competición que patrocina la Federación Española de Futbol y que preside S.M. El Rey de España.

Si no nos quitamos los complejos, si no nos hacemos respetar unos a otros, la convivencia nunca será posible. Si los españoles que son socios o aficionados a esos equipos de futbol no ponen pie en pared, no dicen ¡Basta Ya! y son ellos, la masa social de esos clubes, los primeros que tienen que exigir respeto para ellos mismos y para el resto de los españoles, esta deriva acabará muy mal. Tenemos una sociedad dividida por muros levantados intencionadamente, pero aun así, se puede convivir si existe el respeto necesario de los unos por los otros. Por las buenas o por lo económico, o por dejar de asistir a su estadio o cualquier otra medida de presión hasta lograr la cordura de sus dirigentes y aficionados exaltados y mal educados.

La cosa es muy sencilla: O nos respetamos todos o esto, esta sociedad, terminará muy mal, no es posible la convivencia desde el odio. Además, si los hechos ocurrieran al revés, si los españoles de bien, los educados y respetuosos con lo ajeno, pitaran su himno, insultaran a su bandera o prohibieran la presencia de sus símbolos deportivos en otros estadios de España, les aseguro que los afectados no permanecerían impasibles.

El F.C. Barcelona se negó a jugar en su estadio el partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey en la temporada 1999–2000, alegando ausencia de jugadores del primer equipo que estaban jugando con sus respectivas selecciones. Para no ser sancionados con la exclusión de la competición de Copa la siguiente temporada, sacaron un improvisado equipo de 10 jugadores y tras los saludos se retiraron del campo, dando por perdida la eliminatoria.

Hay antecedentes de suspensión de partidos por esa u otras causas y los árbitros españoles tienen órdenes de suspender el partido si hay muestras de xenofobia en el comportamiento del público, insultos a jugadores negros o faltas de respeto graves a los jugadores.

A los jugadores no, pero a S.M. El Rey de todos los españoles, lo quieran esos descerebrados o no, a él sí se le puede faltar al respeto. ¡No lo consienta Majestad, antes váyase y evítenos la vergüenza!

Jaime Rocha es capitán de Navío (R) y exagente del CNl

El Debate

miércoles, 15 de abril de 2026

¿El gran robo electoral que se avecina?

 El término pucherazo se alumbró en la Restauración para nominar una práctica que era habitual en España desde que se instauró el derecho de voto, especialmente en el mundo rural, aunque naturalmente ya era moneda de uso corriente en los pocos países que habían pasado de monarquías absolutas a regímenes democráticos o semidemocráticos. En España los pucherazos se convirtieron en moneda de uso corriente en el mismo momento de la aprobación del «sufragio universal» en la Constitución de Cádiz de 1812. Sufragio universal entre comillas porque durante más de un siglo las mujeres carecieron del más elemental de los derechos en un sistema de libertades. Sólo metían la papeleta los machirulos.

Hecha la ley, se hizo la trampa. Las fórmulas para torcer la voluntad popular se pusieron en práctica ya en las primeras elecciones generales celebradas en España, las constituyentes de 1810. La mente hispánica, genéticamente dotada para la trampa, alumbró diversos modus operandi: desde el método Lázaro en honor a ese Lázaro de Betania de la Biblia que se levantó y anduvo —aquí los muertos se levantaban, votaban y regresaban a la tumba—, hasta la burda compra del sufragio, pasando por el vaciamiento de las urnas para introducir en ellas las siglas deseadas por el cacique de turno o el cumplimiento sin rechistar por parte de los campesinos de las órdenes del señorito para apoyar a tal o cual candidato.

Uno de los personajes más brillantes intelectualmente y a la vez malévolos en términos prácticos de la Restauración fue Álvaro Figueroa, conde de Romanones, que se convirtió en la principal autoridad en materia de atracos electorales. En el turnismo era habitual la alteración de los resultados, más en las elecciones municipales que en las generales, donde los controles eran más exhaustivos. Ésa fue precisamente la excusa que se sacó de la chistera la izquierda en 1931 para desautorizar el dictamen de las municipales y forzar el exilio de Alfonso XIII convirtiendo la desde tiempos inmemoriales monárquica España en una República, la segunda de nuestra historia.

Si bien es cierto que la Segunda República fue, en palabras del gigantesco Stanley G. Payne, la primera democracia española, no lo es menos que no fue precisamente un camino de rosas ni un campeonato de santos o beatos. El magistral libro Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular de Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa demuestra vía documentos públicos oficiales que las izquierdas robaron sin cortarse un pelo los comicios del 16 de febrero de 1936 que otorgaron la Jefatura del Gobierno y luego la Presidencia de la República al increíblemente sobrevalorado e injustamente loado Manuel Azaña. Al menos un 10% de los escaños conseguidos por el Frente Popular lo fue por obra y gracia del pucherazo, básicamente mediante la simple alteración de las actas.

Si el veredicto de las elecciones de 2023 que Pedro Sánchez tenía perdidas hasta prácticamente una semana antes, tal y como atestiguaban unánimemente todas las encuestas, fue consecuencia de un pucherazo sólo lo saben el marido de la pentaimputada y Dios, que está en todas partes y naturalmente también en esas sacas electorales de un voto por correo que se disparó exponencialmente por la fecha de la cita con las urnas, 23 de julio, en pleno verano, con media España de vacaciones y la otra media preparando las maletas. Lo cierto y verdad es que el sufragio a distancia es, por su propia naturaleza oscurantista, más sensible al pucherazo que el presencial por la perogrullesca razón de que en todas las mesas electorales de España hay interventores al menos de los dos principales partidos. Colar papeletas del PSOE cuando hay testigos del PP y viceversa es física y metafísicamente imposible.

Pero ojo a los sospechosos datos de las generales de 2023. Optaron por el voto por correo 2.471.000 españoles, millón y medio de personas más que en las generales de noviembre de 2019 y un millón más que en las de abril de ese año en el que nos tocó pasar por las urnas dos veces porque Sánchez y el delincuente de Pablo Iglesias no se ponían de acuerdo. «Si pactase con Podemos no podría dormir por las noches», llegó a asegurar el Pinocho de La Moncloa. La comparación con el uso de esta modalidad de voto en los comicios de 2015 y en la repetición de 2016 es sencillamente escandalosa: en los primeros la emplearon 788.000 personas y en los segundos, 1,3 millones. A más voto por correo, más posibilidades de tongo. Si Sánchez fue Romanones en las generales es imposible certificarlo más allá de toda duda razonable. Sí lo fue en las Primarias socialistas de 2014 y en el Comité Federal de 2016. Pero el repaso de los datos induce cuasi instantáneamente al mosqueo. Ahí va uno de ellos tremendamente ilustrativo: en la Comunidad de Madrid el PP obtuvo el 47,3% de los votos en las autonómicas del 28 de mayo de 2023, cifra que se desmoronó hasta el 40,5% en las elecciones al Congreso y al Senado del 23 de julio. Sospechoso en el más inocente de los escenarios porque no habían transcurrido ni dos meses. No meras conjeturas sino una realidad incontrovertible resultó la cadena de robos electorales consumada por el PSOE en las municipales de 2023 en diversas localidades de Almería, Melilla, Murcia, Ciudad Real, Sevilla, La Gomera y Tenerife. Un pucherazo puede constituir una casualidad por aquello de que en toda organización cuelga alguna que otra manzana podrida, tantos, evidentemente no.

Que Alberto Núñez Feijóo será el próximo presidente del Gobierno es algo en lo que coinciden todos los sondeos excepto los del malversador Tezanos. Pero yo que el de Los Peares no las tendría todas conmigo teniendo en cuenta el gran pucherazo encubierto que está pergeñando en la sombra Romanones Sánchez. La nacionalización de presuntísimos nietos de exiliados en aplicación de ese escandaloso cajón de sastre que representa la Ley de Memoria va viento en popa. Y nacionalización es igual a derecho de voto. Por cierto: a estos nuevos españoles se les asigna por defecto Madrid como circunscripción electoral con el indisimulado objetivo de joder a Ayuso. Lo que no llegará a tiempo para adulterar el resultado es la regularización de 800.000 inmigrantes ilegales anunciada por el Gobierno. No podrán votar en 2027 pero sí en 2031. Si pierden el poder el año que viene, no pasa nada, que ya lo recuperarán dentro de cinco. Continúa siendo el gran agujero negro de nuestra democracia. Esta gracia se ha otorgado ya a 490.000 supuestísimos descendientes de exiliados que vinieron al mundo en naciones recónditas, principalmente iberoamericanas, a los que no sé qué carajo se les ha perdido en unas generales en España. Si a sus padres les importaba cero lo que ocurría electoralmente por estos pagos, esencialmente porque habían nacido en el extranjero, ya me dirán o me contarán ustedes qué interés pueden tener los hijos de los hijos de los exiliados, muchos de los cuales no han pisado nuestro país en su vida. Eso en el caso de que sean sangre de la sangre de las personas que abandonaron España tras finalizar la Guerra Civil, que es mucho suponer. A un servidor que es de natural malpensado le da que con estas nacionalizaciones están haciendo más trampas que el Barça con Negreira. La pregunta del millón de dólares es inevitable: ¿cómo coño se certifica empíricamente que fulanito o menganito es nieto de exiliado?.

Hasta Abundio colegirá que los nietos de exiliados, si realmente ostentan esa condición, votarán masiva por no decir unánimemente por opciones de izquierda, bien el Partido Socialista, bien Sumar o como diantres se acabe llamando finalmente la propuesta de los de Yolanda Díaz o quién sabe si ese Podemos que está en las últimas. Estos 490.000 nuevos votantes suponen ya más que la diferencia total de sufragios que hubo entre Feijóo y Sánchez el 23 de julio de hace tres años: 339.000. Vamos, que al PP y a Vox les van a endosar un pucherazo mucho más sutil que los de antaño porque encima éste será legal. Conviene no olvidar que esta prostitución de un censo electoral al que no va a reconocer ni la madre que lo parió no ha terminado. Sigue su curso. Lo que Sánchez ha perdido con Begoña, David, el latrocinio, las putas, los cocainómanos, las negligencias criminales en la pandemia y en Adamuz, sus tics autocráticos, el apagón y sus pactos con ETA y los golpistas catalanes, lo va a ganar con estas nacionalizaciones. El autócrata acabará dejando como un vulgar principiante a Romanones. Tiempo al tiempo.

Eduardo Inda. OK Diario 12.04.2026