Frases como “Sucumbimos menos por los efectos de una pérdida cierta que por
los de una esperanza fallida” o “Lo último que se pierde es la esperanza”, son
frases que reflejan la auténtica realidad de lo que realmente es para el hombre
la esperanza.
La verdad es que la esperanza, en muchas ocasiones es lo único que nos
queda, lo único a lo que nos podemos aferrar.
La esperanza es algo que todas las religiones resaltan y en lo que se
escudan para consolar a los creyentes, para decirles que hay que seguir
luchando y creyendo sin bajar los brazos.
Frases como “Pedir y se os dará” o “Os aseguro, además, que si dos de
vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre
del cielo. Porque donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos”, son frases que invitan a la esperanza, a seguir luchando, unos
dentro de la Fe, y otros dentro de la fuerza interior para intentar superar
circunstancias adversas.
Creo que las anteriores frases deben de ser entendidas en un contexto muy
particular y no se puede circunscribir a lo terrenal. Más bien yo sería de la
opinión de San Agustín que decía que en épocas de turbulencias “Reza como si
todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”.
En ocasiones la esperanza es lo único que nos queda y a ella nos aferramos,
pero si no hacemos nada, o no se puede hacer algo, será difícil encontrar una
solución.
La esperanza es muy bonita y reconfortante, pero la realidad en muchas
ocasiones es muy dura, y contra ella nada puede la esperanza.
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