A continuación, por su madurez y reflexión, he copiado la carta abierta que el hijo de unos amigos nuestros le ha escrito al Sr. Mas, y que posiblemente él nunca leerá, previamente a las elecciones autonómicas que el Sr. Mas ha querido convertir en plebiscitarias.
Lo cierto es que, en los tiempos que corren, y con la mediocre educación que están recibiendo nuestros hijos, es difícil encontrar una reflexión tan madura y bien argumentada por parte de un adolescente de 21 años como es Miguel Gónzalez-Gallarza.
Carta abierta al señor Artur Mas
Estimado Señor Mas,
Diga la verdad. Dígala de una vez, entera, cruda y directa. Si no a los catalanes,
ni a los españoles, porque no se atreve, dígaselo a usted mismo, delante del
espejo. Tenga la entereza de admitir, de una vez por todas, que la
independencia de Cataluña, tal y como usted la entiende y la está planeando, es
un suicidio político, económico y social.
Antes de exponerle mis ideas, tomo precauciones: no me oirá decir que la
posición del independentismo no es defendible; entiendo a los catalanes que se
quieren separar de España y les expreso mi más profundo respeto hacia esa
opinión, aunque no la comparto y pretendo criticarla abiertamente. Lo que sí
que no respeto, porque no me parece coherente, es la fábula política que le
pretende vender a sus conciudadanos.
Lo que quiero exponer delante de todo el que lea esto, y de usted, es que el
escenario potencial de la independencia propuesta por su partido, es inviable.
Mi opinión es que lo que usted pretende hacer es engañar y convencer a los
catalanes de tomar una decisión cuyas consecuencias son, a lo mejor
desconocidas, a lo peor desastrosas.
Si lo tuviera que exagerar con una metáfora, diría que usted les está
pidiendo a sus conciudadanos que se tiren del avión sin paracaídas.
Porque España es el avión del que se quiere usted tirar, para aterrizar en
un paraíso llamado Cataluña independiente; lo que no sabe, o no quiere saber,
es que la realidad está muy lejos de su imaginación.
En primer lugar quiero explicar por qué un Estado catalán independiente y
miembro de la Unión Europea no puede existir. Y para ello haré un pequeño
ejercicio de ficción política. Fíjese, señor Mas, que se lo pongo fácil al
principio, los problemas vienen después.
Usted es elegido de nuevo President de la Generalitat y convoca un
plebiscito para consultar a sus conciudadanos sobre su voluntad de separarse de
España. El “sí” (a la separación) obtiene la mayoría. Usted firma la sacrosanta
Declaración Unilateral de Independencia (DUI) el día X. Y la mañana del día
X+1, ¿Qué pasa? ¿Qué ha cambiado? ¿O acaso todo sigue igual? Le recomiendo,
señor Mas, que consulte los textos europeos para imaginarse este escenario con
mayor claridad. El Comité de Regiones estipula que la Unión Europea contempla
que una región se separe de su país de origen. Hasta ahora todo bien, nadie
habla de expulsar a Cataluña de la UE. Sin embargo, los textos dicen claramente
que, en el momento de hacerse efectiva la separación, todas las políticas
comunitarias se anulan inmediatamente. Espero que usted entienda esto hasta sus
últimas consecuencias. Si un grupo extranjero como Carrefour decide negarles a
sus clientes sus productos porque están pagando con una moneda, el euro, que no
es válida en el país en cuestión, usted no puede hacer nada. Si un operador
portuario le niega la zarpa a un navío catalán porque la operación se ha
registrado en una moneda que no es la oficial del país en cuestión, usted no
puede hacer nada. El mismo día X+1, las subvenciones agrícolas, industriales,
comerciales y hasta militares otorgadas por la Unión Europea desaparecen en el
acto. ¿Usted cree que los agricultores recibirán estas noticias con una
sonrisa, besando la Senyera? Por otro lado, supongo que usted conoce el peso de
los consumidores españoles en la balanza comercial de Cataluña. El día X+1, ya
no habrá libre circulación de mercancías, hombres y capitales. Ya no habrá
unión tarifaria. Ya no habrá espacio Schengen. Usted se verá obligado a
negociar precios y aranceles, con su cliente número 1, España, que es el mismo
país del que se acaba de separar ¿Usted cree que los Consejos de Administración
de las empresas catalanas recibirán estas noticias descorchando un cava? Creo
que queda claro que las consecuencias de una separación en lo que se refiere a
políticas europeas son más que negativas para Cataluña. Recuerde, señor Mas,
que por muy henchido que se muestre usted al declarar que Cataluña es el motor
de España, España sigue con un gran retraso frente al resto de países de
Europa. Que somos la cuarta economía de la zona euro, es cierto en gran parte
debido a nuestro tamaño, porque a efectos de desarrollo humano y avance
tecnológico e industrial, seguimos a la cola.
Sigamos en nuestra pequeña ficción política. Los textos europeos estipulan
que una región que se haya separado de un país miembro y que manifieste su
deseo de ingresar en la UE debe respetar el mismo proceso que han respetado
todos los países miembros. Este proceso, que espero que usted conozca pero del
que le gusta hablar más bien poco, consiste en una serie de “exámenes” y
análisis de magnitudes macroeconómicas que deben converger con la media
europea. Por eso no se preocupe; si ha entrado Croacia, Cataluña no debería
tener problemas. Pero no se venga arriba, señor Mas, porque queda un detallito.
Para ser candidato a la Unión Europea, hay que ser un país. Parece un detalle,
pero tengo la desgracia de constatar que en todo este debate de la
independencia se tienden a omitir bastantes detalles, y bastante importantes.
¿Quién le ha dicho a usted que Cataluña será un Estado reconocido si se
independiza? Desempolve conmigo los libros de historia, señor Mas. 1648, Tratado
de Westphalia. Nacimiento de la diplomacia moderna, reconocimiento de la
soberanía de los Estados sobre sus territorios, leyes sobre las fronteras y
principio de una era de relaciones internacionales donde los actores
principales son los Estados. Usted sabe que en la historia de nuestro
continente ha habido secesiones, uniones centrípetas y centrífugas, implosiones
de imperios multinacionales, en definitiva un sinfín de independencias y
nacimientos de entidades políticas. ¿Qué había que hacer entonces, y todavía
hoy, aunque se nos olvide, señor Mas, para existir políticamente? Lograr que
los demás países reconozcan al nuevo Estado. Para eso había que trabajar la
diplomacia y las relaciones internacionales, crear embajadas, firmar tratados y
alianzas, así como participar en iniciativas intergubernamentales. ¿Usted lo
tiene todo eso preparado, señor Mas? Seamos serios, la CNN y otros medios
internacionales le han dejado en ridículo. Nadie se cree su programa
independentista, lo tachan de “política fantasiosa”: ¿Usted se ve en el
Despacho Oval, en el Elíseo, en Downing Street, en el Palacio de los Pinos,
haciéndose fotos con los líderes mundiales? Señor Mas, su Estado catalán tiene
todas las de pasar desapercibido. Sigo recordándole la Historia. Desde 1945
tenemos un sistema de gobierno y derecho internacional organizado en torno a la
ONU y sus organismos. Para ingresar en la ONU, su país deber ser reconocido por
los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿A usted le
suena de algo Kosovo? No quiero comparar Kosovo con Cataluña, sabe Dios cuán
caótico es el primero, pero sí que le haré un apunte: Rusia no reconoce ni está
cerca de reconocer a Kosovo. Kosovo no tiene ninguna opción de entrar en la
ONU, y por ende en la UE. Qué incómodo resultaría si le pasase lo mismo a
Cataluña, ¿verdad Señor Mas?
Le voy a conceder aún más terreno en nuestra pequeña ficción: pongamos que
Cataluña es reconocido como Estado e ingresa en la ONU. Queda la UE. Los textos
estipulan que el ingreso se somete a voto unánime de los Estados miembros.
Omito el caso de España por no hacer sangre gratuitamente, sólo digamos que
usted dependerá de España para entrar en la UE, que queda rotundo pero todavía
es políticamente correcto. Vayámonos a otros países. ¿Y si a Angela Merkel,
David Cameron, François Hollande o a sus futuros sucesores les parece mal su
iniciativa? ¿Y si vetan su ingreso en la ONU porque consideran que los mercados
pueden maltratar a la ya de por sí maltrecha economía europea a causa del
revuelo ocasionado? ¿Y si prefieren una España unida en Europa? Vaya pensando,
señor Mas, en qué le va a decir a sus conciudadanos si le cierran la puerta en
la cara.
Vayámonos a cosas más prosaicas, más propias del día a día de sus
conciudadanos. Amanece el día X+1, y la gente se pregunta, ¿Qué ha cambiado? A
lo que usted responderá: “Queridos conciudadanos, ahora sois catalanes”. El
catalán será ya una nacionalidad completa, como la brasileña o la filipina.
¿Seguro? Señor Mas, no se olvide de que nadie le reconoce todavía como estado.
Incluso si consigue imprimir los DCIs (Documento Catalán de Identidad, pido
copyright, señor Mas) y repartirlos el día X+1, ¿Qué validez tendrá dicho
documento? ¿ Qué significará ser catalán? Si yo fuera catalán, cogería mi DCI,
me iría al Prat a coger un vuelo hacia Bora Bora para celebrar la
independencia, pero me surgiría un problema. ¿Usted cree, señor Mas, que las
autoridades policiales de cualquier país del mundo aceptarían mi DCI o mi
pasaporte catalán? No, señor Mas, recuerde que Cataluña no es todavía un
Estado. Eso le llevará un tiempo, lo que tarde en construir embajadas,
organizar negociaciones y convencer a todos los interlocutores de los que he
hablado antes. Vamos, que me quedo sin viaje. ¿Seguro? ¡No! Menos mal que tengo
mi pasaporte español. Y es que, como usted bien sabe, señor Mas, usted no puede
negarle la nacionalidad española a sus conciudadanos catalanes, y le diré algo
más, ellos tampoco podrán rechazarla. Por mucho que quemen sus DNIs para hacer
sitio en la cartera a los DCIs, no dejarán de ser españoles salvo que les
retire la nacionalidad un juzgado penal por crímenes graves contra la nación.
Con todo, ¿En qué se nos queda la nacionalidad catalana? No vale para viajar, y
además no puede sustituir a, ni siquiera rivalizar con la española. Sigamos
tirando del hilo: usted será Presidente de un país de 8 millones de habitantes.
Pero todos y cada uno de esos habitantes seguirán siendo españoles, es decir
que España no notará nada en lo que a población se refiere. ¿Y usted podrá
contar con 8 millones de catalanes? ¿Qué pasa si usted le obliga a sus
conciudadanos, o por lo menos al 48%, según mis humildes estimaciones, que
habrá dicho “No” a la independencia, ser catalanes, y éstos lo rechazan? ¿De
qué instrumentos legales dispone usted para obligarles a ello? Lo bueno es que
usted dirigirá un Estado de hecho y podrá legislar a sus anchas, el problema es
que al mismo tiempo usted estará intentando ingresar en la ONU, y me da a mí
que eso de obligar a la gente a aceptar cosas, en un país como Estados Unidos,
no está muy bien visto. Qué pena que usted tenga que convencerles de reconocer
su Estado. La situación se va complicando, ¿no cree, señor Mas? Estará usted
entre la espada y la pared, y con usted sus conciudadanos, de los cuales estoy
convencido que no le apoyarían tanto si les contase las verdades que estoy
diciendo. Globalmente, nos queda un Estado más bien fantoche, que más que
existir, medio-existiría a efectos prácticos.
Le propongo, señor Mas, un último episodio de nuestra ficción, y luego le
dejo volver a sus quehaceres. Pongamos que Cataluña llega a ser un Estado
independiente de hecho, y trabaja duro para serlo de derecho. ¿Usted ha oído
hablar de la guerrilla Naxalita en la India? Se trata de un semi-estado varias
veces superior a España en superficie, de inspiración maoísta, que vive al
margen del gobierno de Nueva Delhi. Ya sé que no sale mucho en las noticias,
pero ahí está. ¿Ha oído hablar de las guerrillas musulmanas en Filipinas? ¿Del
Tíbet en China? ¿Del Kurdistán? Hay mucha gente ahí fuera luchando por ser
independiente, y permítame este apunte, por razones mucho más válidas que la
suya: masacres, depuración étnica, violaciones diversas y múltiples de los
derechos humanos. Ándese con cuidado, señor Mas; o prepara usted mejor el
espectáculo o se puede quedar en el “backstage” de los países casi
independientes de los que nadie quiere oír hablar porque son molestos para los
países que los contienen.
Volvamos al mundo real. Sé que mi escenario le puede haber gustado, por lo
fácil que en él resultaría ser independiente, pero a día de hoy Cataluña sigue
siendo España. Me voy a centrar ahora en las razones que llevan a muchos
catalanes a querer separarse. Señor Mas, seamos sinceros, usted nunca, en
ninguna entrevista, ha respondido con franqueza a esta pregunta. ¿Porqué quiere
usted que Cataluña sea independiente? Siempre se ha ido por las ramas, me
gustaría que me respondiera con claridad. Por lo que he entendido, muchos
catalanes están hartos de cargar con el peso de las regiones menos
desarrolladas. Quieren volar libres, si se puede decir así de rápido. Pero al
mismo tiempo usted quiere entrar en la UE, una entidad intergubernamental
basada, a los tratados me remito, en la solidaridad y la ayuda entre Estados
miembros, conceptos que se aplican a través de políticas de desarrollo
financiadas por cada uno en función de sus posibilidades y destinadas a cada
uno en función de sus necesidades. Sé que suena muy bien, así lo escribieron
nuestros fundadores, y que la realidad europea dista mucho de estas bonitas
palabras, pero el objetivo es ése. Y usted se quiere separar de España por la
razón opuesta, para no cargar con el muerto. ¿En qué mundo vive usted, señor
Mas? ¿En su mundo acaso tiene sentido irse de España por egoísmo e ingresar en
Europa por solidaridad? Seamos serios, ¿usted no quiere pagar el desarrollo de
Extremadura pero sí el de Bulgaria? Le aconsejo que aclare este punto
rápidamente frente a sus conciudadanos, señor Mas, para evitar malentendidos.
Voy a acabar con una nota más bien cómica. Cómica por la manera en la que
pretendo exponerlo, la realidad en sí no tiene nada de gracioso. Usted ha
declarado que el pueblo catalán tiene derecho a la autodeterminación. Supongo
que habrá pensado en el Valle de Arán. Si usted piensa que Cataluña lo tiene
difícil para separarse de España, imagínese cómo lo tienen los araneses para
separarse de un país que ni existe. Sólo le deseo que reserve la cita con Obama
antes que ellos, para ir preparándole de cara a los argumentos de su homólogo
aranés. Esta situación me recuerda aquella tira macabra, de un prisionero que
era llevado al bosque de noche por un soldado, para ser ejecutado. “¡Qué miedo
me da este bosque!” decía el primero, a lo que respondía el segundo, “Pues
imagínate a mí, que me tengo que volver solo.”
Terminaré, señor Mas, con una opinión personal, pues pienso que lo esencial
de mis palabras hasta ahora no la expresaban, sino que trataban de temas
objetivos, aunque a veces ficticios. Yo soy estudiante, pero no de Derecho ni
Ciencias Políticas, luego con toda seguridad habrá puntos en mi reflexión que
sean inexactos o totalmente falsos, a pesar de que he intentado documentarme y
reflexionar extensamente. Usted habrá pensado ya todo esto, yo sólo he venido a
compartirlo con los valientes que me hayan leído hasta aquí. Y acabo abriéndole
mi corazón, señor Mas. Yo soy madrileño, me encanta mi país y me encanta
Cataluña. Entre mis mejores amigos hay muchos catalanes; me fascina su
carácter, su entereza, su espíritu emprendedor y su valentía. Me fascinan la
historia, la literatura, la cultura y las costumbres catalanas. Pero también
digo lo mismo de Andalucía, de Galicia, de Euskadi y de las demás comunidades.
Porque amo mi país con todas mis fuerzas. Porque quiero verlo prosperar y a sus
gentes ser felices. Porque quiero que España vuelva a su rango entre las
grandes naciones del mundo. Y para ello, tenemos que arrimar el hombro todos,
incluso usted, señor Mas. Espero que el revés de las urnas le haya facilitado
la reflexión sobre estos puntos.
Muchas gracias por su atención.
Atentamente,
Miguel González-Gallarza Hernández
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