lunes, 5 de octubre de 2015

Al señor Arturo Mas.

A continuación, por su madurez y reflexión, he copiado la carta abierta que el hijo de unos amigos nuestros le ha escrito al Sr. Mas, y que posiblemente él nunca leerá, previamente a las elecciones autonómicas que el Sr. Mas ha querido convertir en plebiscitarias.

Lo cierto es que, en los tiempos que corren, y con la mediocre educación que están recibiendo nuestros hijos, es difícil encontrar una reflexión tan madura y bien argumentada por parte de un adolescente de 21 años como es Miguel Gónzalez-Gallarza.

Carta abierta al señor Artur Mas

Estimado Señor Mas,

Diga la verdad. Dígala de una vez, entera, cruda y directa. Si no a los catalanes, ni a los españoles, porque no se atreve, dígaselo a usted mismo, delante del espejo. Tenga la entereza de admitir, de una vez por todas, que la independencia de Cataluña, tal y como usted la entiende y la está planeando, es un suicidio político, económico y social.
Antes de exponerle mis ideas, tomo precauciones: no me oirá decir que la posición del independentismo no es defendible; entiendo a los catalanes que se quieren separar de España y les expreso mi más profundo respeto hacia esa opinión, aunque no la comparto y pretendo criticarla abiertamente. Lo que sí que no respeto, porque no me parece coherente, es la fábula política que le pretende vender a sus conciudadanos.
Lo que quiero exponer delante de todo el que lea esto, y de usted, es que el escenario potencial de la independencia propuesta por su partido, es inviable. Mi opinión es que lo que usted pretende hacer es engañar y convencer a los catalanes de tomar una decisión cuyas consecuencias son, a lo mejor desconocidas, a lo peor desastrosas.
Si lo tuviera que exagerar con una metáfora, diría que usted les está pidiendo a sus conciudadanos que se tiren del avión sin paracaídas.
Porque España es el avión del que se quiere usted tirar, para aterrizar en un paraíso llamado Cataluña independiente; lo que no sabe, o no quiere saber, es que la realidad está muy lejos de su imaginación.
En primer lugar quiero explicar por qué un Estado catalán independiente y miembro de la Unión Europea no puede existir. Y para ello haré un pequeño ejercicio de ficción política. Fíjese, señor Mas, que se lo pongo fácil al principio, los problemas vienen después.
Usted es elegido de nuevo President de la Generalitat y convoca un plebiscito para consultar a sus conciudadanos sobre su voluntad de separarse de España. El “sí” (a la separación) obtiene la mayoría. Usted firma la sacrosanta Declaración Unilateral de Independencia (DUI) el día X. Y la mañana del día X+1, ¿Qué pasa? ¿Qué ha cambiado? ¿O acaso todo sigue igual? Le recomiendo, señor Mas, que consulte los textos europeos para imaginarse este escenario con mayor claridad. El Comité de Regiones estipula que la Unión Europea contempla que una región se separe de su país de origen. Hasta ahora todo bien, nadie habla de expulsar a Cataluña de la UE. Sin embargo, los textos dicen claramente que, en el momento de hacerse efectiva la separación, todas las políticas comunitarias se anulan inmediatamente. Espero que usted entienda esto hasta sus últimas consecuencias. Si un grupo extranjero como Carrefour decide negarles a sus clientes sus productos porque están pagando con una moneda, el euro, que no es válida en el país en cuestión, usted no puede hacer nada. Si un operador portuario le niega la zarpa a un navío catalán porque la operación se ha registrado en una moneda que no es la oficial del país en cuestión, usted no puede hacer nada. El mismo día X+1, las subvenciones agrícolas, industriales, comerciales y hasta militares otorgadas por la Unión Europea desaparecen en el acto. ¿Usted cree que los agricultores recibirán estas noticias con una sonrisa, besando la Senyera? Por otro lado, supongo que usted conoce el peso de los consumidores españoles en la balanza comercial de Cataluña. El día X+1, ya no habrá libre circulación de mercancías, hombres y capitales. Ya no habrá unión tarifaria. Ya no habrá espacio Schengen. Usted se verá obligado a negociar precios y aranceles, con su cliente número 1, España, que es el mismo país del que se acaba de separar ¿Usted cree que los Consejos de Administración de las empresas catalanas recibirán estas noticias descorchando un cava? Creo que queda claro que las consecuencias de una separación en lo que se refiere a políticas europeas son más que negativas para Cataluña. Recuerde, señor Mas, que por muy henchido que se muestre usted al declarar que Cataluña es el motor de España, España sigue con un gran retraso frente al resto de países de Europa. Que somos la cuarta economía de la zona euro, es cierto en gran parte debido a nuestro tamaño, porque a efectos de desarrollo humano y avance tecnológico e industrial, seguimos a la cola.

Sigamos en nuestra pequeña ficción política. Los textos europeos estipulan que una región que se haya separado de un país miembro y que manifieste su deseo de ingresar en la UE debe respetar el mismo proceso que han respetado todos los países miembros. Este proceso, que espero que usted conozca pero del que le gusta hablar más bien poco, consiste en una serie de “exámenes” y análisis de magnitudes macroeconómicas que deben converger con la media europea. Por eso no se preocupe; si ha entrado Croacia, Cataluña no debería tener problemas. Pero no se venga arriba, señor Mas, porque queda un detallito. Para ser candidato a la Unión Europea, hay que ser un país. Parece un detalle, pero tengo la desgracia de constatar que en todo este debate de la independencia se tienden a omitir bastantes detalles, y bastante importantes. ¿Quién le ha dicho a usted que Cataluña será un Estado reconocido si se independiza? Desempolve conmigo los libros de historia, señor Mas. 1648, Tratado de Westphalia. Nacimiento de la diplomacia moderna, reconocimiento de la soberanía de los Estados sobre sus territorios, leyes sobre las fronteras y principio de una era de relaciones internacionales donde los actores principales son los Estados. Usted sabe que en la historia de nuestro continente ha habido secesiones, uniones centrípetas y centrífugas, implosiones de imperios multinacionales, en definitiva un sinfín de independencias y nacimientos de entidades políticas. ¿Qué había que hacer entonces, y todavía hoy, aunque se nos olvide, señor Mas, para existir políticamente? Lograr que los demás países reconozcan al nuevo Estado. Para eso había que trabajar la diplomacia y las relaciones internacionales, crear embajadas, firmar tratados y alianzas, así como participar en iniciativas intergubernamentales. ¿Usted lo tiene todo eso preparado, señor Mas? Seamos serios, la CNN y otros medios internacionales le han dejado en ridículo. Nadie se cree su programa independentista, lo tachan de “política fantasiosa”: ¿Usted se ve en el Despacho Oval, en el Elíseo, en Downing Street, en el Palacio de los Pinos, haciéndose fotos con los líderes mundiales? Señor Mas, su Estado catalán tiene todas las de pasar desapercibido. Sigo recordándole la Historia. Desde 1945 tenemos un sistema de gobierno y derecho internacional organizado en torno a la ONU y sus organismos. Para ingresar en la ONU, su país deber ser reconocido por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿A usted le suena de algo Kosovo? No quiero comparar Kosovo con Cataluña, sabe Dios cuán caótico es el primero, pero sí que le haré un apunte: Rusia no reconoce ni está cerca de reconocer a Kosovo. Kosovo no tiene ninguna opción de entrar en la ONU, y por ende en la UE. Qué incómodo resultaría si le pasase lo mismo a Cataluña, ¿verdad Señor Mas?
Le voy a conceder aún más terreno en nuestra pequeña ficción: pongamos que Cataluña es reconocido como Estado e ingresa en la ONU. Queda la UE. Los textos estipulan que el ingreso se somete a voto unánime de los Estados miembros. Omito el caso de España por no hacer sangre gratuitamente, sólo digamos que usted dependerá de España para entrar en la UE, que queda rotundo pero todavía es políticamente correcto. Vayámonos a otros países. ¿Y si a Angela Merkel, David Cameron, François Hollande o a sus futuros sucesores les parece mal su iniciativa? ¿Y si vetan su ingreso en la ONU porque consideran que los mercados pueden maltratar a la ya de por sí maltrecha economía europea a causa del revuelo ocasionado? ¿Y si prefieren una España unida en Europa? Vaya pensando, señor Mas, en qué le va a decir a sus conciudadanos si le cierran la puerta en la cara.

Vayámonos a cosas más prosaicas, más propias del día a día de sus conciudadanos. Amanece el día X+1, y la gente se pregunta, ¿Qué ha cambiado? A lo que usted responderá: “Queridos conciudadanos, ahora sois catalanes”. El catalán será ya una nacionalidad completa, como la brasileña o la filipina. ¿Seguro? Señor Mas, no se olvide de que nadie le reconoce todavía como estado. Incluso si consigue imprimir los DCIs (Documento Catalán de Identidad, pido copyright, señor Mas) y repartirlos el día X+1, ¿Qué validez tendrá dicho documento? ¿ Qué significará ser catalán? Si yo fuera catalán, cogería mi DCI, me iría al Prat a coger un vuelo hacia Bora Bora para celebrar la independencia, pero me surgiría un problema. ¿Usted cree, señor Mas, que las autoridades policiales de cualquier país del mundo aceptarían mi DCI o mi pasaporte catalán? No, señor Mas, recuerde que Cataluña no es todavía un Estado. Eso le llevará un tiempo, lo que tarde en construir embajadas, organizar negociaciones y convencer a todos los interlocutores de los que he hablado antes. Vamos, que me quedo sin viaje. ¿Seguro? ¡No! Menos mal que tengo mi pasaporte español. Y es que, como usted bien sabe, señor Mas, usted no puede negarle la nacionalidad española a sus conciudadanos catalanes, y le diré algo más, ellos tampoco podrán rechazarla. Por mucho que quemen sus DNIs para hacer sitio en la cartera a los DCIs, no dejarán de ser españoles salvo que les retire la nacionalidad un juzgado penal por crímenes graves contra la nación. Con todo, ¿En qué se nos queda la nacionalidad catalana? No vale para viajar, y además no puede sustituir a, ni siquiera rivalizar con la española. Sigamos tirando del hilo: usted será Presidente de un país de 8 millones de habitantes. Pero todos y cada uno de esos habitantes seguirán siendo españoles, es decir que España no notará nada en lo que a población se refiere. ¿Y usted podrá contar con 8 millones de catalanes? ¿Qué pasa si usted le obliga a sus conciudadanos, o por lo menos al 48%, según mis humildes estimaciones, que habrá dicho “No” a la independencia, ser catalanes, y éstos lo rechazan? ¿De qué instrumentos legales dispone usted para obligarles a ello? Lo bueno es que usted dirigirá un Estado de hecho y podrá legislar a sus anchas, el problema es que al mismo tiempo usted estará intentando ingresar en la ONU, y me da a mí que eso de obligar a la gente a aceptar cosas, en un país como Estados Unidos, no está muy bien visto. Qué pena que usted tenga que convencerles de reconocer su Estado. La situación se va complicando, ¿no cree, señor Mas? Estará usted entre la espada y la pared, y con usted sus conciudadanos, de los cuales estoy convencido que no le apoyarían tanto si les contase las verdades que estoy diciendo. Globalmente, nos queda un Estado más bien fantoche, que más que existir, medio-existiría a efectos prácticos.
Le propongo, señor Mas, un último episodio de nuestra ficción, y luego le dejo volver a sus quehaceres. Pongamos que Cataluña llega a ser un Estado independiente de hecho, y trabaja duro para serlo de derecho. ¿Usted ha oído hablar de la guerrilla Naxalita en la India? Se trata de un semi-estado varias veces superior a España en superficie, de inspiración maoísta, que vive al margen del gobierno de Nueva Delhi. Ya sé que no sale mucho en las noticias, pero ahí está. ¿Ha oído hablar de las guerrillas musulmanas en Filipinas? ¿Del Tíbet en China? ¿Del Kurdistán? Hay mucha gente ahí fuera luchando por ser independiente, y permítame este apunte, por razones mucho más válidas que la suya: masacres, depuración étnica, violaciones diversas y múltiples de los derechos humanos. Ándese con cuidado, señor Mas; o prepara usted mejor el espectáculo o se puede quedar en el “backstage” de los países casi independientes de los que nadie quiere oír hablar porque son molestos para los países que los contienen.
Volvamos al mundo real. Sé que mi escenario le puede haber gustado, por lo fácil que en él resultaría ser independiente, pero a día de hoy Cataluña sigue siendo España. Me voy a centrar ahora en las razones que llevan a muchos catalanes a querer separarse. Señor Mas, seamos sinceros, usted nunca, en ninguna entrevista, ha respondido con franqueza a esta pregunta. ¿Porqué quiere usted que Cataluña sea independiente? Siempre se ha ido por las ramas, me gustaría que me respondiera con claridad. Por lo que he entendido, muchos catalanes están hartos de cargar con el peso de las regiones menos desarrolladas. Quieren volar libres, si se puede decir así de rápido. Pero al mismo tiempo usted quiere entrar en la UE, una entidad intergubernamental basada, a los tratados me remito, en la solidaridad y la ayuda entre Estados miembros, conceptos que se aplican a través de políticas de desarrollo financiadas por cada uno en función de sus posibilidades y destinadas a cada uno en función de sus necesidades. Sé que suena muy bien, así lo escribieron nuestros fundadores, y que la realidad europea dista mucho de estas bonitas palabras, pero el objetivo es ése. Y usted se quiere separar de España por la razón opuesta, para no cargar con el muerto. ¿En qué mundo vive usted, señor Mas? ¿En su mundo acaso tiene sentido irse de España por egoísmo e ingresar en Europa por solidaridad? Seamos serios, ¿usted no quiere pagar el desarrollo de Extremadura pero sí el de Bulgaria? Le aconsejo que aclare este punto rápidamente frente a sus conciudadanos, señor Mas, para evitar malentendidos.
Voy a acabar con una nota más bien cómica. Cómica por la manera en la que pretendo exponerlo, la realidad en sí no tiene nada de gracioso. Usted ha declarado que el pueblo catalán tiene derecho a la autodeterminación. Supongo que habrá pensado en el Valle de Arán. Si usted piensa que Cataluña lo tiene difícil para separarse de España, imagínese cómo lo tienen los araneses para separarse de un país que ni existe. Sólo le deseo que reserve la cita con Obama antes que ellos, para ir preparándole de cara a los argumentos de su homólogo aranés. Esta situación me recuerda aquella tira macabra, de un prisionero que era llevado al bosque de noche por un soldado, para ser ejecutado. “¡Qué miedo me da este bosque!” decía el primero, a lo que respondía el segundo, “Pues imagínate a mí, que me tengo que volver solo.”
Terminaré, señor Mas, con una opinión personal, pues pienso que lo esencial de mis palabras hasta ahora no la expresaban, sino que trataban de temas objetivos, aunque a veces ficticios. Yo soy estudiante, pero no de Derecho ni Ciencias Políticas, luego con toda seguridad habrá puntos en mi reflexión que sean inexactos o totalmente falsos, a pesar de que he intentado documentarme y reflexionar extensamente. Usted habrá pensado ya todo esto, yo sólo he venido a compartirlo con los valientes que me hayan leído hasta aquí. Y acabo abriéndole mi corazón, señor Mas. Yo soy madrileño, me encanta mi país y me encanta Cataluña. Entre mis mejores amigos hay muchos catalanes; me fascina su carácter, su entereza, su espíritu emprendedor y su valentía. Me fascinan la historia, la literatura, la cultura y las costumbres catalanas. Pero también digo lo mismo de Andalucía, de Galicia, de Euskadi y de las demás comunidades. Porque amo mi país con todas mis fuerzas. Porque quiero verlo prosperar y a sus gentes ser felices. Porque quiero que España vuelva a su rango entre las grandes naciones del mundo. Y para ello, tenemos que arrimar el hombro todos, incluso usted, señor Mas. Espero que el revés de las urnas le haya facilitado la reflexión sobre estos puntos.

Muchas gracias por su atención.

Atentamente,


Miguel González-Gallarza Hernández

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