Explicar ahora todas las mentiras y utopías que promete este partido, es , bajo mi punto de vista, y aunque haya mucho ignorantes/ilusos/rebotados que se lo quieran creer, una auténtica pérdida de tiempo.
El ignorante está dispuesto a creerse incluso lo de "¡Mira! un burro volando", con lo que intentar hacerle ver la realidad y las intenciones ocultas de este partido, es casi imposible.
Sí, ya lo sé, hay mucho burro e ignorante en España que por probar, no le importa pegarse un tiro en el pié, aunque luego se le gangrene y le tengan que cortar la pierna, que muy resumidamente, sería lo que le pasaría a la economía Española si gobernaran estos aprendices de dictadorcillos.
Este artículo de prensa y el vídeo que inserto son una clara y breve exposición de lo que nos esperaría con este partido "Democrático" que, como bien dijo el Pablito Iglesisas en la TV Venezolana, cuando aún vivía Chavez, ¡envidia la situación de Venezuela!, esto es, una dictadura en la que se pasa hambre, y no existen las libertades.
CARLOS HERRERA. Soberbio artículo
sobre Podemos
Es el año de los
nuevos comunistas, el tiempo en el que
todo desaliño intelectual es tomado por novedad salvadora. Son cachorros de una
revisión tardía. Las viejas ideas que proporcionaron miseria y terror en la
Europa del siglo pasado hacen aparición de nuevo, al calor de la catarsis
colectiva que ha supuesto el nuevo crack al que se ha asomado la sociedad
moderna.
Teóricamente todo iba
bien: la pobreza disminuía en el mundo, los nuevos emprendedores ganaban
dinero, los especuladores hacían su agosto... Hasta que reventó parte del
sistema y determinados países –entre ellos el nuestro– sufrieron el hachazo de
la realidad. Era el caldo de cultivo ideal para inocular con éxito ideas
fáciles, consignas infantiles, eslóganes simples.
Con la ayuda de algunos
programas televisivos propios de la basura menos reciclable, una serie de
creadores de conceptos perezosamente atractivos mordieron la atención de los
más desatendidos y de muchos de aquellos que albergan un pequeño liberticida en
su interior. La consecuencia es que ha llegado su momento, creen, para
rediseñar el mundo con valores que se han comprobado inútiles. Es su año.
2015 va a suponer para
los que supuestamente se creen capacitados para poder reeditar ideas fracasadas
el año de su mayoría. Ninguno de los escenarios en los que han gobernado,
siempre mediante la violencia o la represión, ha conseguido avanzar un solo
milímetro en ningún tipo de logro, ni social ni económico; pero gozan de ese
perverso prestigio que acumula el populismo en sociedades abocadas a las
salidas angostas, en colectividades que tienen poco por perder y que son
capaces de echarse en brazos del primer embaucador que les emocione con
pasiones bajas y poco maceradas.
Es el año de los nuevos
comunistas, el tiempo en el que todo desaliño intelectual es tomado por novedad
salvadora. Es fácil: se les dice que se van a tomar los palacios de invierno y
que nadie podrá estar por encima de las limitaciones a las que les ha sometido
la coyuntura de un tiempo convulso.
Por demás, solo basta con
espolear el rencor:
yo no tengo, pero tú tampoco vas a
tener ya que te lo vamos a quitar, que es la idea de fuerza básica con la que
se desenvuelven estos que dicen poder, y que basan su estrategia en dar a
entender que tú no tienes porque hay otro que tiene mucho, se lo haya ganado
honradamente o no. En ningún momento hablan de crear riqueza, de crecer
respetando la iniciativa de los que han creado siempre las oportunidades, que
son las personas, no las Administraciones. En ningún momento hablan de
establecer una sociedad en la que la posibilidad de crecer dependa solo de la
iniciativa particular de cada uno. No. Hablan de igualar y gravar, de prohibir
y «normativizar», de repartir lo poco que haya en lugar de crear nuevos espacios
de emprendimiento. Son los venezolanos de hoy, los cuentistas de comité
central, los comisarios políticos de vigilancia individualizada.
Sorprende que una España
vacunada por años diversos de dictaduras y desarreglos pueda siquiera pensar en
confiar su suerte a individuos que ya eran viejos antes de nacer, con tics de
dictadores de pacotilla, con discursos plagados de amenazas, con intenciones
liberticidas y con apostura de comisarios desafiantes.
Sorprende que esta España
que debe a su Constitución los años de progreso más admirable y contrastable de
su historia sea capaz de aplaudir a unos tipos que hablan de voladuras
incontroladas y que, hasta la fecha, jamás han demostrado nada más allá de ser
unos hábiles contertulios de programas de televisión perfectamente
despreciables. Parecía que esta España se había hecho mayor, pero las
tendencias demoscópicas demuestran que está dispuesta a echarse en los brazos
del primer vendeburras que se pasa por su puerta y que muestre cierta habilidad
para la propaganda hecha a base de labia e intestinos.
Recordaremos muchos años
este 2015. Para bien o para mal.
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