Lo cierto es que
a mí siempre me han dicho que soy un pesimista, a lo que yo siempre respondo
que un pesimista es un optimista bien informado, o visto de otra manera, soy
realista.
Hay algunas
personas que no les gusta ni ver la realidad ni aceptar la evidencia, y
prefieren que les mientas, aunque luego se lleven una desilusión o se
estrellen. Prefieren decir que todo es posible, aunque sepan que no, para
quitarse algo/alguien de encima, o tener la falsa esperanza de que algo se
puede hacer o va a salir bien.
Sin ir más lejos,
la semana pasada me preguntaron, “somos cuatro personas para el viaje de
este fin de mañana (iban en un Toyota Yaris de 2003 cuya capacidad es la de un
Renault Clio o un Opel Corsa), ¿cómo podemos hacer para que nos quepa el
equipaje ene l coche?” La respuesta fue la de una persona realista y con
capacidad espacial “pues como no se quede un en tierra”. La reacción fue
bastante virulenta, diciendo que era muy negativo, y si me lo preguntaban era
en busca de soluciones y observaciones positivas.
Entonces yo me
pregunto ¿qué debía haber respondido? No tenéis problema, metéis las tres
maletas en el maletero y una dentro con vosotros, aun a sabiendas de que en ese
maletero no caben más de dos trolley y algún paquete pequeño suelto. Ese es el optimismo
que busca el optimista, el alejarse de la realidad y dar una respuesta falsa
que, cuando llegue el momento solo traerá problemas, por lo inesperado de la
situación.
O los falsos
ánimos a la hora de buscar trabajo, o en caso de una enfermedad, o……. Es obvio
que en esos casos no puedes decir cuál es la cruda realidad, y te tienes que
limitar a dar una respuesta piadosa y moderada, porque el exceso de optimismo
puede volverse en algo negativo.
Lo siento, y es
posible que sea un defecto, pero prefiero ver el vaso medio vacío a verlo medio
lleno, porque para mí, no hay mayor decepción que una esperanza frustrada.
Ser realista y
práctico, para mí, es mejor que ser optimista y muy estético.
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