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LA
ÚNICA MANERA DE REDUCIR EL DÉFICIT AUMENTANDO EL GASTO SOCIAL ES SUBIR
SALVAJEMENTE LOS IMPUESTOS, PERO ASÍ SE CERCENAN EL CRECIMIENTO Y EL BIENESTAR
PÚBLICO.
Queridos y grandes amigos: Mary es una amiga dominicana muy
simpática que regenta el Baretto, una pequeña cafetería en el barrio de
Hortaleza donde trabajo. Es la esposa de Paco, andaluz de Baeza, que tiene
enfrente una taberna ilustrada donde se come francamente bien. Mary tiene una
elevada consideración de España y es una señora agradecida (aquí tiene su
pequeña propiedad, su familia y su vida) pero, en el extremo, se trata de una
consideración un tanto cínica. Cuando charlamos al respecto me dice: "Ustedes
tienen un gran país... porque cualquiera puede vivir sin trabajar". No es
su caso, pues levanta la persiana del bar a las siete de la mañana a diario. Se
refiere a muchos de sus compatriotas (no diferentes de tantos nativos) que,
pudiendo estar empleados, viven de las ayudas y de los subsidios, disfrutan de
una atención sanitaria irreprochable y llevan una vida modesta pero apacible
colmados de derechos por doquier. Es decir, que han venido a España al calor de
un estado de bienestar robusto del que abusan impunemente. Todo esto no lo
afirma digamos un facha como es mi caso. Es la opinión nada sospechosa de un
inmigrante de los que conviene a cualquier nación, el que aporta valor allí
donde se instala y naturalmente se enoja con los que viven del cuento. Ya he
escrito muchas veces que estoy en contra de nuestro estado de bienestar por las
mismas razones que sugiere Mary; porque promueve individuos dependientes y
atados al Gobierno que renuncian a generar riqueza a cambio de una vida
mediocre pero regalada, una circunstancia que es letal cuando se trata de los
jóvenes, que darían sin duda lo mejor de sí mismos si fueran sometidos a
prueba, pero que envenenados por el apabullante sistema de protección deciden
emplear sus artes y energías en vivir de la sopa boba. La otra razón por la que
refuto nuestro estado de bienestar es porque es insostenible financieramente.
ES UNA ABERRACIÓN EQUIPARAR NUESTRA
PRESIÓN FISCAL A LA EUROPEA CUANDO ESTAMOS TODAVÍA LEJOS DE HABER ALCANZADO EL
NIVEL DE VIDA MEDIO DE LA UNIÓN
En un
reciente artículo, el presidente Sánchez explicaba que, a diferencia de la
derecha, los socialistas creen que el crecimiento económico debe ser inclusivo,
es decir, que tiene que ser compatible con la redistribución (como si esta
fuera buena por sí misma) y con la vista puesta en la justicia social, una
expresión deletérea que tiene el indeleble aire peronista de considerar que
allí donde hay una necesidad nace un derecho. Aunque les parezca una relación
extravagante, esta es la filosofía que late en el Plan de Estabilidad enviado
por el Gobierno a Bruselas. En este programa cuadrado a martillazos, de
imposible cumplimiento, se aspira a reducir el déficit público a mínimos en
2022 como exige Bruselas, al tiempo que se pretende aumentar el gasto social con
el fin de revertir los recortes presuntamente inmisericordes practicados por la
política de austeridad del presidente Rajoy, que es la que evitó la
intervención de la troika, permitió superar la crisis y ha conseguido crear
medio millón de empleos cada uno de los últimos cinco años. El diario El País,
que es la principal muleta mediática de Sánchez, lo ha dejado meridianamente
claro: hay que reducir el déficit y la deuda de manera sostenida, pero hay que
corregir los efectos sociales de unas políticas anticrisis que han elevado la
precariedad laboral y reducido la protección social. Este vocero de la
izquierda cavernícola desaconseja "terminantemente" resolver la
ecuación a través de nuevos recortes del gasto público, pero entonces ¿cuál es
la solución que propone y la que atiende el plan de estabilidad? Pues un
aumento salvaje de los impuestos por un importe de 26.000 millones durante los
próximos cuatro años, que no solo apuntan la insostenibilidad financiera del
estado del bienestar que sostengo sino el estado de delirio que anima a los
actuales responsables de la política económica.
El
objetivo explícito de esta agresiva política fiscal es que "quienes
disponen de mayor riqueza contribuyan de forma equitativa en un sistema
tributario progresivo, donde cada uno aporte en función de su capacidad y
reciba en función de su necesidad (la famosa justicia social)". El
problema es que el sistema fiscal español ya es tremendamente progresivo. En el
impuesto sobre la renta, el tipo marginal máximo empieza a operar a partir de
los 60.000 euros de ingresos, un nivel mucho más bajo que en el resto de la UE.
Las cuotas sociales son de las más elevadas de la Unión y, en contra de la
propaganda indecente del Gobierno, el impuesto de sociedades es también más
alto del necesario para incentivar la actividad empresarial. No es cierto que
el tipo efectivo medio esté entre el 7% y el 10%, como dicen Sánchez e
Iglesias. Este dato de Hacienda se explica porque la Agencia Tributaria no
tiene en cuenta los impuestos pagados por las empresas españolas en otros
países por los beneficios obtenidos en el extranjero y porque, al valorar a los
grandes grupos, solo contabiliza los resultados positivos sin consolidar las
compañías del grupo en pérdidas.
Jamás ha
sido posible crecer subiendo los impuestos, y si no se crece es imposible
redistribuir, ni practicar una presunta justicial social que nadie sabe en qué
consiste, ni mucho menos sanear la economía reduciendo el déficit. Si aumenta
el impuesto personal, la gente trabajará menos o incurrirá en el fraude; si se
grava más a las sociedades, los propietarios de las empresas intentarán
aumentar los precios y, si esto no es posible por la competencia, reducirán sus
niveles de empleo y los salarios, al tiempo que recortarán la inversión o desplazarán
su capital hacia destinos menos hostiles, todo lo cual ralentizará la
productividad erosionando aún más el crecimiento de los salarios reales o del
empleo. España tiene una renta per cápita un 8% inferior a la media de la UE, y
un 25% por debajo de los países más avanzados del grupo. Es una aberración
tratar de armonizar nuestra presión fiscal sin haber alcanzado su nivel de
vida, y un error empeñarnos en mantener un estado de bienestar mostrenco, que
además genera perversiones como las señaladas por mi querida Mary.
(Fuente: Expansión.com)
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