Por su interés reproduzco este artículo de Isabel San Sebastián publicado el 22/03/2020.
A riesgo de quebrantar la consigna oficial que nos insta a
permanecer silentes ante la inepcia culposa que está demostrando el Gobierno en
la gestión de esta pandemia, yo acuso.
Acuso al presidente y sus ministros de faltar
estrepitosamente a su deber de tomar en cuenta lo que estaba ocurriendo en
China e Italia y hacer acopio del material sanitario indispensable para hacer
frente a la catástrofe.
Acuso al presidente y sus ministros de agravar esta
negligencia al sumar el sectarismo izquierdista a la imprudencia y empeorar las
cosas anunciando y practicando requisas indiscriminadas que han alarmado, con
razón, a los proveedores de dicho material e impiden que llegue a los hospitales
y demás centros necesitados con la urgencia que demanda la emergencia que nos
aflige.
Acuso al presidente y sus ministros de poner en serio
peligro la salud de nuestros sanitarios, así como la de otros trabajadores
expuestos al virus, al forzar con esta incuria unas condiciones laborales que
no garantizan la protección adecuada.
Acuso al presidente y sus ministros de actuar con una
insensatez clamorosa al alentar las manifestaciones del 8-M cuando ya disponían
de información sobrada para saber el riesgo que suponían dichas
concentraciones.
Acuso al presidente y sus ministros, en especial a Pablo
Iglesias, de constituirse en ejemplo de conducta insolidaria al romper
ostensiblemente la cuarentena preceptiva en su situación.
Acuso al presidente y sus ministros de malgastar sus
comparecencias dedicando horas de televisión a justificar su actuación y tratar
de desviar la culpa hacia otras administraciones, a la cabeza de las cuales se
sitúa la Comunidad de Madrid, cuyas autoridades están volcándose para paliar en
lo posible la negligencia del Ejecutivo central.
Acuso al presidente y sus ministros de manipular los
mensajes que trasladan a la opinión pública con el fin de eludir la
responsabilidad que les compete en la elevadísima cifra de muertos y
contagiados que arroja cada día la estadística: Primero negaron que el Covid-19
supusiese una amenaza apreciable para España, porque era indispensable incitar
a la gente a llenar las calles el 8-M. Después, ante el estallido de la
enfermedad, escurrieron el bulto alegando que era imposible prever la
virulencia de su ataque. Y ahora se defienden asegurando (Pedro Duque en RTVE)
que ya en enero, en cuanto se conoció la patología, nuestros científicos se
pusieron a trabajar intensamente. ¿En qué quedamos? ¿Conocían o no conocían el
peligro al que nos enfrentábamos?
Acuso al presidente y sus ministros de aprovechar esta
situación de alarma para colar de tapadillo en el BOE del 20 de marzo una
resolución del Ministerio de Justicia por la que «se acuerda la reanudación del
procedimiento para solicitar y conceder la gracia del Indulto». ¿Están pensando
en abrir la puerta de atrás a los sediciosos independentistas ahora que todos
tenemos la cabeza en otra parte?
Acuso al presidente y sus ministros, con la única
excepción de Margarita Robles, titular de Defensa, de callar ante las injurias
proferidas contra España en un medio británico antaño prestigioso por el
miserable que detenta, pese a estar inhabilitado, la representación de los
catalanes.
Acuso al presidente y sus ministros de ofender a nuestras
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad al asegurar textualmente el sábado que «ahora
las percibimos como imprescindibles y no como un gasto superfluo».
Podría seguir, pero me quedo sin espacio. Cuando todo
esto pase, habrá que pedir cuentas donde corresponda. De momento, callar sería
otorgar y yo me niego a comportarme como si lo que estamos sufriendo fuera una
plaga divina y no el fruto de la soberbia aliada a la incapacidad.
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