Cuando noviembre crece,
aquí en el norte, a partir de las cinco de la tarde, el cuerpo pide chimenea,
despacho, escritura y libro. Y así, sin darme cuenta, un folio por aquí y una
página por allá, he alcanzado un buen trecho de mi próxima novela. Contenido
expresamente delictivo. Nada de lo que sucede entra en el tostón de lo
políticamente correcto. Todo se desarrolla en una pequeña localidad de la Alta
Castilla, entre Cervera de Pisuerga y Liébana. Se trata de un pueblo muy
habitado, rico, libre, con tres bares, dos mesones, una casa rural, y un
Ayuntamiento con abrumadora mayoría del AV, el partido local. Los tradicionales
partidos de ámbito nacional no se presentan porque hacen el ridículo. Llámase
el pueblo y territorio municipal Altanería del Valle, y como ya he adelantado,
todas las familias viven holgadamente y nadie envidia al de al lado ni al de
más allá. En las últimas elecciones, AV –Altanería del Valle–, obtuvo 9
concejales de 9 elegibles. No obstante existe otro partido político, el FOAV –Falsa
Oposición en Altanería del Valle–, que siempre se queda a las puertas de
obtener un concejal, pero todavía no se ha dado el caso. Días antes de las
elecciones se sortea a la vista de todos, en el Teatro Quevedo, a los votantes
del FOAV, cuya única opción es el ejercicio de la oposición en la calle. El
candidato del FOAV, mientras lo sea, es el único altanero autorizado a hablar
con lenguaje inclusivo. –Altaneros y altaneras–, dice. Y el pueblo se ahoga de
la risa. El Teatro se denomina «Quevedo» no por la calidad poética suprema de
don Francisco de Quevedo. Se llama así, porque el portentoso poeta de nuestro
Siglo de Oro fue Caballero de la Orden de Santiago. El Patrono del pueblo,
obviamente, es Santiago Matamoros y la patrona «la señora de Santiago
Matamoros», que no existió, pero en Altanería del Valle esos detalles carecen
de importancia.
Los altaneros sólo pueden
tener dos sexos, pito y huchita, si bien se respeta el uso de que cada uno
aplique a sus sueños y derivados. El párroco, don Juan José, es un hombre de
Dios, recto, piadoso y benevolente. Y el pueblo vive de la agricultura, la ganadería,
la caza y la pesca. La caza en su coto municipal, Sierraumbrosa, con gran
cantidad y calidad –difícil reto–, de jabalíes, venados, gamos y muflones.
También hay corzos y perdices rojas y pardillas. Y toda suerte de patos. No se
planta el arroz para las paellas. Se planta para los patos. Y si hay ataques de
lobos a las ganaderías de bovino, porcino, caprino u ovino, se pueden cazar sin
temor alguno. También hay un cuartelillo de la Guardia Civil, al que Marlaska
le negó el dinero preciso para su restauración. El pueblo se puso manos a la
obra, y el cuartel cuenta con todas las comodidades posibles, entre ellas,
gimnasio, sauna y piscina climatizada. No se admiten senderistas con chancletas
y pantalones pirata, bicicletas de montaña ni barbacoas.
En Navidad, se celebra la
Nochebuena, el fin de año y los Reyes Magos. Papa Noel tiene prohibido su
acceso al municipio, así como las brujas del «Halloween». Los niños, en el
estupendo colegio que tienen, están obligados a incorporarse cuando el profesor
sale de la clase o entra en el aula, y todas las mañanas, antes de iniciar la
jornada, se iza la Bandera y se oye el Himno Nacional. Se estudia y se analiza
la Constitución, y están bien vistas las expresiones que ahora no se pueden
decir en público en el resto de España. «Estoy negro», «cuidado, moros en la
costa», y demás tonterías. Los chicos y las chicas hacen lo mismo que los
chicas y las chicos que visitan los fines de semana el pueblo con sus familias.
No hay impuestos municipales, ni de Sucesión. Y el 99 por ciento de los
altaneros es monárquico. El 1 por ciento restante, también lo es, pero está
obligado, también por sorteo, a ser durante un año republicano.
Más o menos, con muchos
más detalles, diálogos y descripciones, he llegado a la página 57. Lo estoy
pasando muy bien.
Alfonso Ussia
El Debate
18/11/2021
No hay comentarios:
Publicar un comentario