Los nietos son como herencias, tú los recibes sin haber hecho nada para merecerlos.
De repente caen del cielo sin tener que pasar por las penas de
amor, sin los compromisos del matrimonio, si los dolores de la maternidad. Un
nieto es realmente sangre de tu sangre, con la edad llega la nostalgia de
alguna cosa que tenías y que se fue sutilmente junto con la juventud.
Dios mío ¿a dónde se fueron los chicos?, se transformaron en
aquellos adultos llenos de problemas que hoy son los hijos que tienen suegro y
suegra, cónyuge, empleo, apartamento y obligaciones. Tú reconoces de modo
alguno a tus niños perdidos son hombres y mujeres, ya no serán más aquellos que
tú recuerdas, y entonces un día, sin que te impongan ninguna de las agonías de
la gestación o del parto el doctor te coloca en los brazos un bebé
completamente gratis, sin dolores, sin llantos, aquel niñito por el cual
morirás de nostalgia.
Símbolo
de tu juventud, lejos de ser un extraño, es uno de tus hijos que te devuelven y
lo raro es que todos te reconocen el derecho a llamarlo con extravagancia.
Tengo la seguridad de que la vida nos da nietos para compensarnos de todas las
pérdidas que acompañan a la vejez.
Son
amores nuevos, profundos y felices que vienen a ocupar aquel lugar vacío
nostálgico dejado por los arrebatos juveniles y el fallecimiento de tus padres,
y cuando tú abrazas al niño y él aún dormido abre un ojo y te dice abuelo o
abuela, tu corazón estalla de felicidad como pan en el horno.
Eso
son los nietos, el mejor regalo que de Dios te da, y por los que, como
harías por tus hijos, darías la vida.
PD:
Mis nietos me han hecho mejor persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario