No descarto que Sánchez se fugue, que tenga que irse de España. No lo descarto. Con maletero, o sin maletero. Ya se verá. Pero una huida en toda regla. Es más: hay precedentes. Ya lo hizo Betino Craxi, el líder del partido socialista italiano, que huyó a Túnez el resto de su vida para no responder ante la Justicia de su país tras haber saqueado las arcas públicas. Y con él, desapareció para siempre el partido socialista italiano.
Es tan brutal lo que pasa en España, es todo tan raro y
oscuro, que sólo desde la delincuencia organizada o desde el trastorno mental
de un sociópata se pueden explicar ciertas cosas: los pinchazos de Marruecos al
teléfono de Sánchez, las turbias y asimétricas relaciones de Sánchez con el rey
marroquí, el brusco y radical cambio de posición con El Sahara, las
negociaciones con golpistas prófugos, la desarticulación del CNI en Cataluña y
el País Vasco, la amnistía por cojones a terroristas y amigos de Putin, el
toqueteo del Código Penal a gusto del delincuente, la alianza con los
proetarras de Bildu, las infamias del CIS de Tezanos, la parasitación del
Tribunal Constitucional por elementos sanchistas, el abandono de la Guardia
Civil en su lucha contra el narcotráfico, etcétera, etcétera, etcétera. Todo de
una gravedad tan extrema que haría plantearse a cualquier presidente español
huir hacia Venezuela y pedir asilo político. Bueno. Mejor a Suiza, pues no se
conoce un solo caso de socialista, comunista o independentista que se haya
exiliado en Corea del Norte, en Cuba o en Venezuela. Curioso.
Pero quedaba el caso Koldo para aumentar el riesgo de
fuga del presidente Sánchez, un caso que tiene que ver con las maletas de Delsy
y con una banda de delincuencia organizada del PSOE para enriquecerse con las
mascarillas del COVID. Y perdón por repetir conceptos. Ya sé que, desde que
Sánchez llegó al poder para regenerarnos moralmente de la corrupción del PP,
decir “banda de delincuencia organizada” y decir “PSOE” son la misma cosa en
una sola frase.
Un buen día de hace dos años, de madrugada, en absoluto
secreto, Sánchez y Marlaska despiertan a Ávalos y lo envían urgentemente al
aeropuerto de Madrid para entrevistarse con Delsy, la vicepresidenta chavista
de Venezuela que tiene prohibido pisar suelo europeo por delitos de tortura y
de lesa humanidad. Delsy viaja de incógnito con muchísimas maletas. Lo que allí
pasa, dentro del avión, no se sabe con certeza, sobre todo porque existen
grabaciones del aeropuerto que contradicen las primeras quince versiones que
Ávalos da a los periodistas sobre su encuentro nocturno. A Ávalos lo acompaña
Koldo, su chófer, su gigantesco lugarteniente, su chico para todo, un matón de
discoteca, un portero de prostíbulo ascendido a mano derecha de un ministro del
Gobierno, un forzudo que también entra en el avión y coge aquel puñado de
maletas cargadas de no se sabe bien qué (vista las querencias del PSOE…
seguramente sería coca, euros o putas) y se las lleva a no se sabe bien dónde
(vista la evolución del Partido… seguramente al domicilio privado de alguien).
Tras ese servicio nocturno de guardamaletas, el tal
Koldo, ese semianalfabeto que tiene la suerte de caerle en gracia a Pedro
Sánchez y a Ávalos, cumple el sueño de cualquier socialista de pro: vivir como
un pachá de la mamandurria sin tener ni pajolera idea de absolutamente nada,
salvo de matón de discoteca y mamporrero de puticlub. En otras palabras: es el
tipo adecuado para ser Consejero de Renfe, lugar donde aterriza gracias a los
grandes servicios prestados a… a…. a…. ¿a Delsy? Pero una vez allí, en Renfe,
gracias a Koldo, el tren de alta velocidad llega por fin a Extremadura, y los
vagones de los trenes ya caben en los túneles de Cantabria. Que no se diga.
Pero a Koldo no le basta con la Renfe. Koldo quiere más
caldo, y coloca a su señora en el ministerio de Fomento como secretaria de
alguien. Tampoco nos consta que sepa leer y escribir. Digo la señora. Y digo
Koldo.
Además, viendo Koldo que faltan mascarillas en plena
pandemia COVID, monta en Zaragoza una empresa fantasma (¿con el contenido de
las maletas de Delsy?) y se mete en el bolsillo 53 millones de euros de dinero
público, un dinero proveniente de Marlaska (ministerio del Interior), de Ábalos
(ministerio de Fomento), de Baleares (Francina Armengol) y de Canarias
(ministro Víctor Torres). Y siempre por adjudicaciones a dedo. Y siempre de
ministerios y comunidades autónomas socialistas. Y siempre mentando a Ábalos.
Hecho el negocio, con la barrabasada completa, estafados
ya los españoles, Koldo se compra tres pisos de lujo, seis chupachups de
frambuesa, tres condones para usar en el puticlub y un par de terrenitos que
paga –dice la prensa de hoy– usando la cuenta de ahorro infantil de su hija
menor de edad. Porque ser socialista y palanganero no significa necesariamente
ser tonto. Basta con ser un listo.
Y ahora, cuando la Guardia Civil ha detenido a la banda
completa, nadie conoce a nadie. Sánchez, que si te vi no me acuerdo. Ábalos,
que está estupefacto. Marlaska, que no conoce ni a Ábalos. Koldo, que va a
tirar de la manta.
En fin. Que estamos en un país donde, tras cualquier
escándalo socialista, han de aparecer forzosamente algunas de las siguientes
palabras: maleta con euros, sauna gay, prostíbulo, rayita de coca, chófer
untado, pelín de farlopa, whisky de doce years, calzoncillos estampados y
señoritas que fuman.
Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.
Yo, si fuese Sánchez, ya me habría fugado a Suiza.
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
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