Lo cierto es que hoy en día estamos tan acostumbrados a no decir la verdad, o decir pequeñas mentiras para salir del paso o quitarte a alguien de encima, que no nos damos ni cuenta de que es así.
Si cada ser humano tuviera que pagar 1 euro por cada mentira, falsedad, imprecisión premeditada o acto de hipocresía que realizáramos al día, fuera a quien fuera, y se destinara ese dinero al tercer mundo, se acabaría el hambre y la pobreza en el mundo en muy poco tiempo.
Expresiones como, “sí, sí, no os preocupéis que estamos llegando al restaurante”, “no te preocupes que te hago copia de las fotos que he sacado”, “no te preocupes que ya me hago cargo yo”, “le llamaremos próximamente”, y así, un sin fin de expresiones más, son tan habituales que por habituales no dejan de ser mentiras.
Y no hago mención a las mentiras que se les dicen a los niños, que algunas, en algunas ocasiones, están más que justificadas.
No por ser habitual este tipo de mentiras o mentirijillas tienen disculpa o justificación, porque lo cierto es que se dicen muchas cosas que no haría falta decir o que no pasa nada porque se diga la verdad, ya que incluso muchas personas que te piden o dicen algo, lo hacen a sabiendas de que no les interesa o les da igual, con lo que al preguntado, que le interesa o importa menos, le ponen en bandeja la respuesta “sí, sí, no te preocupes que te lo mando o te lo hago o lo que sea”.
En fin este tipo de actitud, que a mi me pone muchas veces de los nervios, se ha convertido en parte de nuestras vidas, y junto a otras cosas, serán algo tan habitual, que por habitual será lo normal.
No olvides que se pilla antes a un mentiros que aun cojo.
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