La verdad es que de pequeño, mi padrino me regaló el
uniforme del Atleti, y aunque también se lo regaló a mi hermano, siendo mi
padre del Real Madrid, el único que sucumbió ante esos colores fui yo.
Lo cierto es que no soy un Atlético al uso, ya que no soy
antiMadridista, salvo que perjudique a los intereses de mi Atleti, o se pongan
en plan fanfarrón y prepotente.
Sigo al Atleti en la medida de lo que puedo, y he ido al
campo cuando me han invitado al palco o al estadio del Madrid para ver un
derbi.
Aun así, soy un sufridor Atlético, que nunca ha
renunciado a sus colores, a pesar de que bajo el equipo a segunda división dos
años, y de que las alegrías son pocas y contadas, aunque la etapa Quique Flores
y Simeone está siendo bastante fructífera.
La última liga de mi Atleti fue el año 1995/96, año
complicado para mi familia por el accidente de tráfico que sufrimos, pero que
el Atlético, durante mi larga convalecencia me regalo un fantástico doblete.
Y aún tengo recuerdos de mi niñez, cuando en 1974, Luís
Aragones metió ese fabuloso gol a balón parado al Bayer de Múnich, que nos daba
la Copa de Europa, y que en cuestión de minutos, y para hacer honor a su mote
de “El Pupas”, se nos escapó entre las manos.
Pues bien, dado que el primer doblete del Atleti en la
era moderna fue en un año de pocas alegrías para mí y mi familia, estoy seguro
que este año va a hacer su segundo doblete, ya que, aunque por otras
circunstancias, este año también es un año triste para mi madre, mis hermanos y
para mí.
Además, de seguirse esta proporción, me temo que para
cuando juegue el Atleti otra final de la Copa de Europa, yo ya seré o muuuy
anciano, o estaré muerto.
Por lo tanto, ¡Aupa Atleti! Y a por ellos que son menos y
más señoritos.
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