Ayer lloré por no tener los zapatos de marca que
quería pero vi a un hombre dándole gracias a Dios sin tener sus pies.
Me quejo porque Dios no me dio los ojos color
café pero vi a un ciego decir gracias por un nuevo día.
Me enojo cuando tengo que caminar porque me
canso, mientras un muchacho acelera el paso en su silla de ruedas para no ser
una carga para nadie.
Me da pereza levantarme mientras otros luchan en
una cama de hospital conectados a una máquina de la cual depende su vida.
Si eres agradecido medita sobre ello, y
piensa en lo que en realidad te falta y no valoras lo que tienes.
Nos atrevemos a mandar chistes y fotos, pero
no nos atrevemos a dar gracias a Dios por nuestros amigos y familiares.
No hay silencio que Dios no entienda, ni
tristeza que él no sepa, no hay amor que él ignore, ni lágrimas que no valore.
Por último, querría resaltar algo muy habitual
en los tiempos que corremos, y es que parece que si tienes éxito
profesional o académico, incluso en los tiempos que corren a si tienes
trabajo, la felicidad está asegurada. Pero eso no es así, ignoramos nuestro
más valioso tesoro, la salud y la familia, porque lo tenemos, lo damos por
descontado, pero cuando eso falla o falta ¡ahí sí que somos infelices y tenemos
un grave problema! ¿trabajo? Siempre se podrá acabar de cualquier cosa, pero ¿salud? Bendito e ignorado tesoro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario