Un artículo interesante de José García Domínguez, que viene a demostrar el diferente trato que la presa y la clase política da a unos u otros expolíticos, esto es, Rodrigo Rato y Narcis Serra.
"No tengo miedo a
que me llamen ladrón, sino tonto por haber salido de Caixa Catalunya tan pobre
o tan rico como entré". Son palabras de Antoni Serra Ramoneda, presidente
de la entidad hasta que fuera sustituido por otro Serra, Narcís, varón de quien es fama que no tiene ni un pelo de tonto. Corrían por aquel entonces los
días de vino y rosas del primer Tripartito, que se apresuró a modificar la ley
tras el desembarco de don Narcís para permitir que las cajas pagasen un sueldo
a los presidentes. De ahí que el cargo de Serra, un título meramente honorífico
a lo largo de los últimos cien años, pasase a ser retribuido con un salario
base de 175.000 euros anuales. Aguinaldo
que para mayor goce de su beneficiario resultó "compatible con las dietas
que correspondan", tal como se aclaraba en la correspondiente orden del
consejero de Economía, Antoni Castells.
Gracias a ese apaño
legal, Serra levantaría un millón largo de euros libres de polvo y paja en apenas cuatro añitos. Cantidad que,
a decir del propio interesado en los tribunales, es la que "el
mercado" consideró necesario pagarle al objeto de que tuviera a bien
pasarse por allí en los ratos libres. Muy esporádicas visitas a su despacho que
solía aprovechar para subir el sueldo a su buen amigo Todó, el director general
que se embolsó otros cuatro millones de euros en las mismas fechas. Emolumentos
a los que procede sumar un plan de pensiones y otras chucherías por un total de
ocho millones de euros más. Huelga decir que ese milagro de los panes y los
peces experimentado por las nóminas de Serra y Todó ocurriría estando la caja
en quiebra gracias a su brillante gestión. Exigencias ineludibles del mercado,
es sabido. "La subida salarial evitó la fuga de directivos", ha
tenido que aclarar ahora don Narcís por si algún ignaro desconociese aún cómo
funcionan las inexorables leyes del mercado.
Al respecto, imagine por un instante el lector la honda desesperación de
Bill Gates y de los gigantes financieros de Wall Street ante la imposibilidad
material de poder fichar a Narcís Serra y a su compadre Todó para llevárselos
de altos ejecutivos a los Estados Unidos. Así las cosas, en 2008, esto es con
la entidad en la antesala de la bancarrota y los contribuyentes españoles
prestos a pagar la broma a escote, el mercado volvió a exigir, siempre según
Serra, que los consejeros todos, incluido él mismo, se llevaran a casa otros
910.000 euros en concepto de dietas. Una bonita cifra a la que procedería
agregar 664.000 euros librados a sus beneficiaros bajo el singular epígrafe de "primas
de seguros de vida y pensiones". Guarismos a los que habría que añadir
otros 3,21 millones de euros volatilizados bajo el etéreo concepto contable de "personal
clave de la dirección y miembros del consejo en su calidad de directivos". La acusación particular ha pedido cárcel. No caerá esa
breva.
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