La carta que Arturo Pérez Reverte le dedica a Ignacio Echeverria, no sólo es digna de leer, sino que esta llena de sentido y admiración hacia un raro héroe en los tiempos que vivimos
Querido Ignacio:
No tuve el honor de conocerte. Ignoro
cuáles fueron tus creencias, tus filias y tus fobias. Y me da igual. Pero hoy,
cuando la prensa ha confirmado tu muerte en los atentados islámicos de Londres,
me siento obligado a escribirte esta carta para, además de lamentar tu
fallecimiento y expresar mis condolencias a tu familia, agradecerte tu heroico
comportamiento.
Aunque los telediarios han pasado de
puntillas sobre tu valentía al enfrentarte a la morisma asesina armado
solamente con tu monopatín, tu gesto trasciende la simple anécdota y salva la
dignidad de nuestro Pueblo.
Gracias por no dudar en arriesgar tu
vida para defender a la mujer que estaba siendo apuñalada por los musulmanes
terroristas. En este tiempo en el que el buenismo estúpido y endófobo se ha
convertido en dogma, tu valentía generosa se convierte en una acción doblemente
heroica.
Gracias por comportarte como un
caballero español en un tiempo y en un lugar en los que la cobardía y la
sumisión ante culturas hostiles son aplaudidas y elogiadas por una prensa y
unos políticos de letrina.
Gracias porque el nombre de España se
haya asociado, por una vez, a la única actitud digna que se puede adoptar ante
los que tiñen de sangre las calles de Europa mientras sus costumbres bárbaras
nos son impuestas y financiadas por unos gobernantes genuflexos y acobardados.
Gracias por devolvernos la fe en
nuestro Pueblo, tan envilecido y encanallado por ideologías disolventes y
suicidas.
Tu nobleza y tu sacrificio han puesto
de manifiesto que todavía hay españoles dignos de ese nombre y que la “memoria
histórica” no es esa pestilente charca de bilis con la que una piara de
resentidos intenta borrar sus crímenes, derrotas y complejos. La verdadera
memoria histórica es la voz de la sangre guerrera de un pueblo que forjó su
identidad a lo largo de ocho siglos de lucha contra el invasor musulmán.
Gracias porque, en esa jornada
trágica, tu humilde monopatín fue una espada de heroísmo y nobleza frente al
fanatismo y la iniquidad.
Sé que hoy, Ignacio, los héroes de las
Navas, de Lepanto y del Rif te han acogido entre sus filas eternas como a un
nuevo compañero de armas.
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