CARTA DEL HIJO DE ANTONIO TEJERO
Ramón Tejero Diez, sacerdote, es hijo del teniente
coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. 36 años después del 23-F, en
el que su padre tuvo que asumir la responsabilidad que le correspondía, su hijo
reflexiona sobre qué ha llevado al actual Gobierno a no exigir la misma
responsabilidad a los golpistas que han declarado unilateralmente la
independencia de Cataluña.
Por su interés, reproducimos íntegra la carta enviada por
Ramón Tejero a La Gaceta:
MI PADRE SUFRIÓ Y CUMPLIÓ SU CONDENA
La mañana del 24 de febrero del año 1981, después del
golpe de estado del famoso 23F, me encontraba frente a la Dirección General de
la Guardia Civil esperando a mi padre, un militar que sólo unas horas antes
había tomado el Congreso de los Diputados por mandato de los Tenientes
Generales del momento y con el convencimiento –porque así se lo comunicó
expresamente el General Armada y así nos lo confirmó a sus hijos- de actuar en
nombre de su Majestad el Rey. Presencié como mi padre llegaba a la Dirección
General de la Guardia Civil como Tte. Coronel en activo. Nadie le detuvo en el
Congreso de los Diputados; él fue despidiendo a su fuerza con la elegancia y
caballerosidad de un militar que, asumiendo su responsabilidad, reconocía la
valía de aquellos que habían sido fieles al mandato recibido… algo que aquellos
que, no han vivido el espíritu castrense, nunca comprenderán.
Mi padre se entregó en libertad, consciente del delito
cometido. Le ofrecieron un avión para salir de España con todos nosotros y una
importante suma de dinero, pero lo rechazó. Tan sólo pidió que no se exigiesen
responsabilidades de capitán para abajo. No pidió nada para él, sino para los
que habían cumplido sus ordenes pensando que lo hacían por España. Un acto de
honor, del cual no fui testigo, fue la entrega de su arma reglamentaria al
director General de la Guardia Civil en su despacho… pero si fui testigo de
cómo generales, jefes y oficiales de la Guardia Civil se cuadraban ante él como
signo de respeto ante una acción que parecía ser del conocimiento de todos
ellos.
Mi padre llegó libre, con el convencimiento de haber
cometido un delito, como ha reconocido públicamente, pero con la coherencia y
el honor de ofrecerse en libertad y conocimiento pleno de sus hechos al
Director General de la Guardia Civil… Era consciente de la ilegalidad del acto
perpetrado… pero también que no había obrado por iniciativa propia, sino en
todo momento cumpliendo las órdenes de los altos mandos militares que le
pidieron tomar el Congreso de los Diputados por orden del Rey… como así nos lo
comunicó a la familia y así lo aceptamos.
Han transcurridos muchos años desde aquellas fechas y nos
encontramos ahora con una terrible realidad del asombroso “Golpe de Estado en
Cataluña”. Mi padre se hizo responsable de sus actos, asumió su
responsabilidad, cumplió con la pena impuesta –la máxima- hasta el último día y
en elocuente silencio sigue viviendo con infinito dolor por su Patria… nuestra
Patria
Y en la situación actual de nuestra amada España nos
encontramos con una realidad que nos atormenta a todos. Un expresidente de la
Generalidad que habiendo cometido un delito de rebelión no solo no se entrega
con limpieza y dignidad, sino que tras cometer un delito de rebelión de forma
pública, se va tranquilamente a su casa, viaja al día siguiente a Bruselas sin
que nadie ordene su detención o retirada del pasaporte, se ríe de todos
nosotros y sigue presumiendo públicamente de su delito y de la atrocidad de su
actitud que tanto daño ha hecho a todos los españoles.
…Porté la ropa de mi padre después del golpe de estado la
mañana del 24 de febrero… sin saber que podría ocurrir … el 25 de febrero
estaba con él en la Prisión Militar de Alcalá de Henares… con serenidad e
infinita paz. Consciente de lo ocurrido y sin rencor…. pero ahora después de
más de 36 años y tras los sucesos de Cataluña me pregunto como español e hijo….
¿Dónde está la dignidad de aquellos que han perpetrado el
Golpe de Estado en Cataluña?… ¿Por qué no son capaces de entregarse y reconocer
que han cometido un delito?… Cómo es posible que el Gobierno actual y el Poder
Judicial no actúen con la misma celeridad que en su momento tuvieron con mi
padre… ¿A que jugamos?…¿Dónde está la dignidad y el honor de aquellos que
perpetrando un golpe de estado no lo asumen?… Señores los “golpistas” del 23F
estaban detenidos en 24 horas… y los golpistas catalanes campan a sus anchas…
mostrando a la comunidad internacional la debilidad de un estado que, con
aparentes complejos, pretende expresar, desde silencio, el miedo a asumir la
tremenda realidad de un Golpe de Estado al sistema.
No tengo ni rencor ni odio… pero si creo en la verdad, en
la autenticidad, en el honor y en la valentía de asumir los hechos perpetrados.
No comprendo la cobardía, la traición y la mentira. Los españoles esperamos
contemplar la expresión clara y tangible de la justicia, necesitamos
redescubrir el Estado de Derecho. No queremos pactos, necesitamos la Verdad,
esa “Verdad que nos hace libres”, esa verdad que nos hace sentirnos personas
con todo lo que ello significa.
Cataluña es España y lo será siempre. Basta ya de jugar
con nuestros sentimientos. Apliquemos la ley, como la aplicaron con mi padre.
No juguéis con nosotros ni con España. Basta ya de palabras. Los hombres de
bien necesitamos justicia y paz en un mundo de aparente oscuridad y discordia.
Necesitamos vivir con la certeza de un Estado de Derecho, con el gozo de la
libertad y el convencimiento de que vivimos conforme a la verdad que se
manifiesta en la justicia de aquellos que anhelamos un Estado fundamentado en
los principios que nos conforman como personas. Personas que, con San Pablo,
gritamos que nuestra vocación es la libertad, una libertad fundamentada en la
verdad y la justicia
Soy sacerdote, no político, pero quiero recordar que San
Juan Pablo II manifestó firmemente que el amor a la Patria es un deber de
justicia y que faltar a ese deber es incumplir el cuarto mandamiento de la Ley
de Dios “honrarás a tu padre y a tu madre”. Según el magisterio de San Juan
Pablo II, la Patria es un madre a la que debemos amor, devoción y entrega.
Amemos a nuestra Patria España coma una madre y descubriremos su ternura y
gallardía, aquella que nos da a luz, nos cuida y nos lanza a la entrega
generosa y gratuita de la construcción del reinado de Cristo. Un reino de gracia,
de verdad, de justicia, de vida y libertad.
Dios bendiga a España Unida y nos conceda el Don de la
Paz.
Ramón Tejero Diez
Sacerdote
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