miércoles, 9 de octubre de 2024

Cuál es el objetivo de la agenda 2030

 En cuanto al cambio climático ―que menciona 20 veces― la Agenda 2030 plantea un escenario catastrofista, similar al que planteó el Club de Roma, cuya única solución era la aceptación de medidas “globales” tomadas por una élite no electa.

Asegura querer poner fin al hambre y duplicar la productividad agrícola mientras propone medidas que promueven justo lo contrario. Bajo la coartada del cambio climático, propone una verdadera declaración de guerra a los agricultores y ganaderos.

Sri Lanka fue el primer conejillo de indias (tristemente, nunca mejor dicho). Prohibieron los fertilizantes y los pesticidas y en sólo seis meses la producción agrícola se hundió un 20% y los precios de los alimentos aumentaron un 50%.

Llegó la hambruna, las masas asaltaron el palacio del presidente, Gotabaya Rajapaksa, quien tuvo que huir del país. Ahora disfruta de su retiro entre Singapur y Suiza, con sus mentores del WEF. Todavía hoy el hambre producto de aquellas salvajes medidas persiste en Sri Lanka.

Bajo el bonito manto de unos fines aparentemente nobles, la Agenda 2030 oculta un programa empobrecedor y misántropo y nos dirige hacia un mundo con permanentes cartillas de racionamiento.

Afirma querer combatir la pobreza, pero sus políticas no harán más que aumentarla al suprimir la libertad y la propiedad privada, elementos esenciales para el progreso económico humano (no para el crecimiento económico animal, como el de China).

Enaltece a un Estado al que dota de atributos cuasi-divinos para solucionar los problemas, como hace cualquier ideología de izquierda radical, mientras desprecia a la persona, a la que reserva el papel de siervo de la élite gobernante.

Hace creer, contra toda evidencia, que son los Estados y no los individuos los que crean riqueza.

Plantea una actitud neocolonialista hacia los habitantes de los países más pobres, negándoles la dignidad que les corresponde y la capacidad de ser protagonistas de su desarrollo.

El globalismo sabe que la reducción de la población mundial requiere del control de las fuentes de energía y de los alimentos. Éste es el verdadero objetivo de la ingeniería social que propone la Agenda 2030.

A nadie le importa que, habiendo transcurrido más de la mitad del plazo establecido en la Agenda 2030, no se hayan avanzado en ninguno de sus objetivos: la pobreza extrema y la mortalidad infantil apenas han variado, y el «pleno empleo» es simplemente una quimera.

Porque el verdadero objetivo es la dominación totalitaria mediante la imposición de un nuevo orden mundial globalista, basado en un férreo control estatal y en la servidumbre de un ser humano despojado de sus más básicos derechos humanos, y ese es en definitiva su objetivo final, encaminado a que unas élites dominen al resto de la población.

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