jueves, 30 de enero de 2025

Vaselina, mucha vaselina.

Su Majestad Imperial Pedro I el Enamorado, líder del antifascismo universal y azote de Donald Trump, ha tenido a bien oír la voz de sus desgraciados súbditos y paliar el “dolor social” que nos había producido la congelación de las pensiones.

El asunto se ha arreglado donde se tenía que arreglar: concretamente en Suiza, que es la sede de la Soberanía Nacional. Allí, en alguna oscura covachuela de algún oscuro sótano de un edificio muy oscuro, con mediador incluido pero sin luz ni taquígrafos, un anormal con pinta de anormal, un loco con pelamen de fregona, un tipejo buscado por la Justicia, ha decidido la cantidad de dinero que los españoles jubilados habremos de cobrar, por fin, en el año 2025. Por el culo te la hinco.

Los hechos se han perpetrado de la siguiente manera: en Madrid, veintidós ministros del Reino de España (“¡veintidós… veintidós-veintidós-veintidós!”) hubieron de aguardar en una salita contigua a la sala del Consejo a la espera de la llamada del loco de Waterloo: un toquecito de móvil que les permitiera comenzar el Consejo de ministros para aprobar aquello que al anormal le haya salido del Nabucodonosor.

Dicen las malas lenguas que los veintidós ministros del Reino de España, cual soldados en formación de revista, mientras aguardaban obedientes las órdenes de Suiza, entretenían su ocio en tres actividades concretas: decir muchas veces “todos, todas y todes”, despotricar contra Franco y aplicarse vaselina donde la espalda pierde su nombre. Horroroso, lector. Horroroso. Un último balance en las farmacias de guardia muestra, en efecto, que el estocaje de vaselina ya está en las últimas.

Lo que ayer era imposible (que Sánchez troceara su decreto para hacerlo digerible) ha sido posible hoy. Misterios de la famélica legión. Tener al país en vilo por asuntos de pensiones era un precio razonable, pues de esa manera no hablamos de lo verdaderamente importante: de la amnistía a los golpistas, de la financiación privilegiada a Cataluña, de la pseudocatedrática Begoña, del hermano músico de Sánchez, de las mascarillas de Koldo, de los hidrocarburos de Aldama, de Jéssica la de Ábalos y del fiscal imputado.  

Nada tan eficaz para trocear un decreto que se proclamaba introceable como un chiflado en Suiza moviéndote la silla y retirándote el Falcon. Pero la bebida, en realidad, no ha sido tan amarga como se podría pensar: de los 87 apartados del decreto original… se han mantenido 26. Menos de un tercio. Un exultante Pedro Sánchez, en rueda de prensa celebrada tras el Consejo de ministros, ministras, ministres y ministrillos, lo ha expresado de la siguiente manera: <<en este nuevo decreto hemos podido mantener la mayor parte de los puntos anteriores>>. Porque como todo el mundo sabe, si dejas un tercio de lo que tenías, eso es la mayor parte.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Catedrático de gilipolleces por la Universidad de Güisconsin (Albacete)

No hay comentarios:

Publicar un comentario