Aquí nadie mueve un papel, desde hace ya tiempo, y la única forma que tenemos de comunicarnos con cualquier Administración pública son los famosos Portales electrónicos (o equivalentes). No soy el único que ha criticado ácidamente el pésimo resultado de estos Portales, tanto por su escasa capacidad como por su defectuoso sistema de funcionamiento, a lo que debe añadirse que quienes se encuentran a cargo de resolver las múltiples incidencias que surgen, ni están ni se les espera …. Y si conseguimos (tras muchos intentos) presentar nuestros escritos, lo que nos aguarda es eso …la espera en vano de contestación, porque rara es la vez en que tal cosa sucede (con lo que volvemos a necesitar echar mano del odioso silencio negativo). ¿Has probado a dialogar o discutir con la llamada IA? Es de locos.
Por otra parte, cuando estamos pidiendo algo a la
Administración, el silencio negativo nos sirve de bien poco, ante el largo
calvario judicial que nos espera hasta llegar a tener una sentencia firme que
nos dé la razón y que, luego, sea ejecutada por la Administración (que esa es
otra). De esto ya traté en mi post anterior y no quiero volver a repetirme. Por otro lado, cuando nos oponemos a alguna actuación de la Administración
tenemos la posibilidad -teórica, al menos- de solicitar la suspensión de esa actuación
y, luego, solicitar una medida cautelar en sede judicial. Una medida
cautelar que, como es bien sabido, muy rara vez es concedida, porque
nuestros Tribunales siguen funcionando bajo la premisa de que todo cuanto hace
la Administración es legal (lo cual dista mucho de obedecer a la realidad). Y
lo anterior sucede un día sí y otro también, porque así funcionan nuestra
Administración y nuestros Tribunales.
¿Cuál es, entonces, la situación en la que se encuentran
los particulares frente a las AAPP en el momento actual? Pues,
sencillamente, la de una absoluta indefensión “de facto”, puesto que, si
solo pueden personarse en las oficinas públicas con cita previa y, además,
tienen como único medio de comunicación los Portales telemáticos …apañados
vamos. No es solo ya el “vuelva ud. mañana” de Larra, sino que ni
siquiera parece haber nadie al otro lado (o sea, en las AAPP) y en lugar de
funcionarios nos encontramos con máquinas (ordenadores) que realizan la mayor
parte de las tareas que les corresponden y con las que el simple diálogo
resulta imposible.
Pues bien, ante semejante panorama (ausencia casi total de
diálogo real con el personal de nuestras AAPP), no es de extrañar que nuestra
sociedad se esté dividiendo, a pasos agigantados, en dos segmentos de población
diferentes. Más diferentes que el sesgo político de cada uno, porque están
enfrentando a quienes viven del dinero público (trabajen o no trabajen) y
quienes solo tienen ingresos si trabajan, (como es el caso de los autónomos y
los profesionales) Hasta hace poco, lo público y lo privado caminaban de la
mano porque se necesitaban mutuamente, pero desde que vivimos en un estado
de alarma casi permanente las cosas han cambiado mucho.
Y las cosas han cambiado (ahí radica el problema que ahora
quiero transmitir) porque este Gobierno ausente (pero solo cuando lo
necesitas) ha trasladado a todo su aparato burocrático esa falta de
comunicación con el ciudadano. Y pobre del funcionario honrado que atienda
lo que razonadamente reclama un ciudadano, porque será condenado al ostracismo
más absoluto. Por tanto, ahora, es el conjunto Gobierno-burocracia quien se
apunta al carro de no hacer nada por remediar los problemas de quienes tienen
que trabajar para ganarse la vida.
Además, detrás de un asalariado siempre hay una empresa,
y detrás de una empresa lo que hay, en estos momentos, es una batalla por la
supervivencia especialmente en aquellos sectores más vulnerables a las
restricciones en la movilidad. El resultado de este mar revuelto lo muestran
los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE): en 2024 se
disolvieron o cerraron 57.851 empresas lo cual supone un 4 por ciento superior
al registrado en 2023. Así vamos …
Porque estos inconscientes que nos gobiernan es adonde nos
conducen: a un estado “publificado” en donde no exista, o sea mínima y
marginal, la iniciativa privada, tal y como sucede en los Estados comunistas.
Durante el mandato del actual Gobierno, se está produciendo una peligrosa
disminución de nuestro sector privado (que vive, cada vez, con mayor penuria) y
un “deslizamiento” simultaneo hacia el sector público, que debería
preocuparnos mucho. No se puede comprender que, con la brutal crisis
económica y social que tenemos se esté incrementando el gasto público en cargos
elegidos “a dedo” que solo a los intereses de quien los ha colocado.
En el caso específico del personal asesor no es fácil seguir su rastro más allá
de cifras aproximadas, pese a la existencia del denominado “Portal de
Transparencia”. Y es que el número de asesores del Gobierno de Pedro
Sánchez alcanzó el pasado julio -último dato disponible- un récord
histórico, situándose en 971, lo cual representa 129 más
que hace, tan solo, solo seis meses, cuando se registró ya un máximo de
842.[4] Cifras en absoluto justificables que vienen a demostrar lo cierto
que es el hecho de que la burocracia es una máquina gigantesca manejada por
pigmeos (Balzac dixit).
Aunque … como decía Kipling, eso es otra historia, sobre la
que volveré a escribir otro día, limitándome, ahora, a poner de manifiesto que,
con semejante desprecio por lo privado, no vamos a ir muy lejos o, todo lo
más, a un Estado de corte chavista que, por lo visto, es lo que desean nuestros
actuales Gobernantes. Y es que del Gobierno inoperante hemos pasado, en muy
poco tiempo, a una Administración igualmente inoperante, en donde la burocracia
muestra sus mayores defectos, todo ello en claro perjuicio del sector privado
que parece ser el chivo expiatorio de todo este rosario de despropósitos.
Ordenadores y programas informáticos es lo que nos
encontramos cuando tenemos algún problema, con lo cual no vamos a ninguna
parte. Nadie da explicación alguna en persona, comenzando por el propio
Presidente del Gobierno, que solo parece hablar para quienes le siguen y comen
de sus prebendas como siervos de la gleba.
Pues con semejantes pensamientos a flor de piel, y sin
desesperar, a pesar de todo, me despido, recordando que la esperanza es el
único bien común a todos los seres humanos; los que todo lo han perdido la
poseen aún. Por eso digo a nuestros gobernantes …no creáis que habéis ganado
vuestra batalla; los ciudadanos aún tenemos mucho que decir y más por lo que
luchar …
José Luis Villar Ezcurra
Prof. Titular de Dº Administrativo
Socio Fundador de Villar y Asociados, Abogados
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