viernes, 19 de julio de 2013

La educación: un arma política.

Ayer leo en la prensa, sin sorprenderme en absoluto, ya que se hizo algo similar con el pacto del Tinell, que todas las fuerzas políticas han firmado un escrito de alianza por el que se comprometen a que en cuanto llegue cualquiera de los firmantes al gobierno cambiará la ley de educación aprobada por el PP y su ministro José Ignacio Wert.

Todos conformes en cambiar algo que no han probado y no saben sus resultados. Lo que si saben es que el actual sistema de educación, aprobado por el anterior gobierno socialista, ha sido un desastre.

De hecho, tanto es así, que Mr. Shoemaker ha conseguido, aunque ya no esté en el poder, que España sea en algo la primera, porque España está a la cabeza del fracaso escolar.

Lo que le interesa a algunos políticos es gente inculta, poco preparada, que no lea la ya de por si manipulad prensa (el periódico más vendido es el Marca), gente que no sepa de historia (así los Catalanes y Vascos pueden moldear la historia a su gusto) ni de nada, para poder engañarles o manipularles cuando lleguen las elecciones.

El oscuro periodo de gobierno Franquista, tuvo muchos defectos, empezando por la falta de libertades, etc, pero además de la construcción de los muchos embalses que hoy nos dan de beber, la Educación con Franco era infinitamente mejor que la actual. Se reconocía el esfuerzo, el sacrificio, la excelencia. De hecho como ya leí en una columna de un articulista “No nos engañemos, un 6 de hoy es un 3 de ante (en la educación anterior a la democracia)”.

De hecho, creo que todos somos conscientes de que ahora se estudia para el examen, y al día siguiente los estudiantes ya no se acuerdan de nada.

Nuestros padres, yo soy de la generación del sesenta, están mejor formados, saben más y están mejor preparados que nosotros, pero como hay que romper con el pasado y eso era peor pues...... mejor que haya una falta total de valores, educación, disciplina, y esfuerzo, porque muchos estudiantes y muchos padres lo prefieren. Lo mejor, la Ley del mínimo esfuerzo.

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