viernes, 12 de septiembre de 2014

Un mayor control presupuestario de los partidos políticos

De todos es sabido, por las recientes noticias aparecidas en la prensa y denuncias presentadas ante la justicia, que los partidos políticos, además de ser un saco sin fondo de gastos incontrolados (la vara de medir del Tribunal de cuentas es particularmente laxa con los partidos), también son focos de corrupción y corruptelas.
Pasa muy desapercibido el enorme endeudamiento de los partidos, a los que los bancos les fían más y con menos problemas que a los particulares y empresa, a pesar de que sus medios de financiación son muy limitados, y en su mayor parte, vía Presupuestos Generales de Estado.
El PSE (la O de obrero la obvio por claras razones) se pegó un enorme batacazo electoral y por tanto recibió muchísimo menos dinero del que esperaría, pero gastó en campaña con la convicción de que conseguiría más votos.
Eso significa que se endeudó más aún, como les ocurre a todos los partidos. Y eso que significa, que siguen pidiendo dinero a los bancos sin parar, y estos entregándoselo con la única garantía de los votos que se supone conseguirá y el dinero que le pagará.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que todos los partidos son prisioneros de los bancos, que antes o después esperan que les devuelvan el favor si gobiernan, porque, entre otras cosas, los bancos, en más de una ocasión condonan su deuda a los partidos, lo que convierte a los partidos en secuestrados de los bancos.
Las condonaciones de deuda a los partidos deberían estar terminantemente prohibidas, y debería de existir un límite presupuestario o sanciones por el exceso de gasto, como ocurre con los equipos de futbol. Si un equipo se pasa de su límite de gastos pueden imponerle, desde una  sanción económica hasta incluso posibilidad de descenso de categoría.
Espero que los políticos, que entre ellos se cubren las espaldas y se rigen por el “hoy por mí y mañana por ti” pongan freno a esto, con la famosa, y no creíble, regeneración política, para que en el futuro no ocurran casos como el indulto a Alfredo Sáez, Presidente de Banesto (Santander), por el gobierno del Zapatero, que tuvo que devolverle el favor a la banca cuando se le presentó la primera oportunidad.

Está casta política, y no quiero ser pesimista, no sé regenerará hasta que pasen, por lo menos dos o tres generaciones, y si no, tiempo al tiempo, aunque yo ya no lo veré.

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