De todos es sabido, por las recientes
noticias aparecidas en la prensa y denuncias presentadas ante la justicia, que
los partidos políticos, además de ser un saco sin fondo de gastos incontrolados
(la vara de medir del Tribunal de cuentas es particularmente laxa con los
partidos), también son focos de corrupción y corruptelas.
Pasa muy desapercibido el enorme
endeudamiento de los partidos, a los que los bancos les fían más y con menos
problemas que a los particulares y empresa, a pesar de que sus medios de
financiación son muy limitados, y en su mayor parte, vía Presupuestos Generales
de Estado.
El PSE (la O de obrero la obvio por
claras razones) se pegó un enorme batacazo electoral y por tanto recibió muchísimo
menos dinero del que esperaría, pero gastó en campaña con la convicción de que
conseguiría más votos.
Eso significa que se endeudó más aún,
como les ocurre a todos los partidos. Y eso que significa, que siguen pidiendo
dinero a los bancos sin parar, y estos entregándoselo con la única garantía de
los votos que se supone conseguirá y el dinero que le pagará.
¿Qué es lo que ocurre? Pues que todos los
partidos son prisioneros de los bancos, que antes o después esperan que les
devuelvan el favor si gobiernan, porque, entre otras cosas, los bancos, en más
de una ocasión condonan su deuda a los partidos, lo que convierte a los
partidos en secuestrados de los bancos.
Las condonaciones de deuda a los partidos
deberían estar terminantemente prohibidas, y debería de existir un límite
presupuestario o sanciones por el exceso de gasto, como ocurre con los equipos
de futbol. Si un equipo se pasa de su límite de gastos pueden imponerle, desde
una sanción económica hasta incluso
posibilidad de descenso de categoría.
Espero que los políticos, que entre ellos
se cubren las espaldas y se rigen por el “hoy por mí y mañana por ti” pongan
freno a esto, con la famosa, y no creíble, regeneración política, para que en
el futuro no ocurran casos como el indulto a Alfredo Sáez, Presidente de
Banesto (Santander), por el gobierno del Zapatero, que tuvo que devolverle el
favor a la banca cuando se le presentó la primera oportunidad.
Está casta política, y no quiero ser
pesimista, no sé regenerará hasta que pasen, por lo menos dos o tres
generaciones, y si no, tiempo al tiempo, aunque yo ya no lo veré.
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