miércoles, 25 de septiembre de 2024

Las mascarillas. Algo huele muy mal.

Toda esta historia de la compra de mascarillas y demás material sanitario de uso personal al comienzo de la pandemia, merece un capítulo entero de investigación y de depuración de responsabilidades.

Empezando por el principio, os comento que a primeros de marzo del 2020, cuando la pandemia se encontraba totalmente fuera de control y el virus mataba a decenas de personas cada día, el sistema sanitario español se mostró completamente desbordado, como todos los demás del mundo entero.

Los enfermos críticos no cabían en las UCI de nuestros hospitales y los médicos y enfermeras se tenían que cubrir con plásticos y bolsas de basura, como le ocurrió a nuestra hija en un hospital público de Madrid, que tal y como nos dijo, "si no me contagian, sólo me faltará chupar el suelo para que así sea".

En ese contexto tan dramático, Amancio Ortega, Pablo Isla y su equipo de dirección en Inditex, entendieron que son mucho más que un grupo industrial y que necesariamente tenían que dar un paso al frente asumiendo, una vez más, un papel generoso y desprendido, que sirviera de referencia a todo nuestro entorno.

Y ante la pasividad y la incompetencia del Gobierno de España, decidieron tomar la iniciativa para comprar masivamente material sanitario en China, que en aquel momento era el único proveedor de este tipo de productos sanitarios para el mundo entero.

Dentro de Inditex, este delicado encargo recayó en el Director General del grupo en ese país asiático y quien, al estar gestionando desde Shanghai más de novecientas tiendas de marcas del grupo, conocía perfectamente cómo contactar con proveedores locales y con los organismos encargados de otorgar las oportunas licencias de exportación.

Por otra parte, Inditex contaba con la necesaria capacidad logística para embarcar todo ese material chino, con rumbo a España, camiones, almacenes, todo, pero como estaban considerando la posibilidad de adquirir millones de mascarillas y de material sanitario y lo necesitaban urgentemente, lo que le faltaba a Inditex eran los medios de transporte adecuados.

Y para cubrir esa necesidad tan vital, contactaron con la Directora Comercial y de Desarrollo de Iberia  quién obtuvo inmediatamente todas las autorizaciones internas necesarias para ofrecer a Inditex toda la flota de aviones de Iberia que hiciera falta para transportar gratuitamente y lo antes posible todo el producto a España.

He de decir además que los pilotos de Iberia y sus respectivas tripulaciones, que en aquel momento se encontraban confinados en casa, respondieron inmediatamente a la llamada de su centro de coordinación y casi todos se presentaron voluntarios para hacer los vuelos sin cobrar ningún sueldo.

Idéntica respuesta se obtuvo del personal de tierra, de apoyo y de mantenimiento de la aerolínea. Total, que cuando todo estaba preparado y listo, desde Inditex le ofrecieron al Gobierno de España utilizar esta misma fuente de abastecimiento y este medio de transporte para que, sin abonar nada a cambio, pudiera abastecerse del mismo material sanitario.

Es decir, que de lo único que tendrían que ocuparse nuestras autoridades era pagar a los proveedores chinos que proporcionaran el producto. Sobra decir que en aquel momento, a los asiáticos les quitaban las mascarillas de las manos. Con todo el mundo tratando de comprar, el Gobierno de España solo tendría que abonar el precio.

Por tanto, el mérito de Inditex consistía en garantizar la prioridad para adquirir el producto y además asegurar un precio justo y equitativo que evitara la especulación y la ventana de oportunidad de la que querían aprovecharse los proveedores chinos. Y hubo gente en el Ministerio de Sanidad, dirigido por Illa, Illa, maravilla, que entendieron perfectamente la enorme ventaja competitiva que suponía  aprovechar esta oportunidad, pues todo se les daba hecho y, por el precio de coste del producto en China, estarían en condiciones de aliviar el tremendo estado de necesidad en el que se encontraban nuestros hospitales. Y lógicamente, decidieron comprar.

Comprometieron miles de euros en mascarillas y demás material sanitario, cursando las órdenes de compra a través de Inditex. Pero todo el proyecto descarriló por sorpresa el domingo 21 de marzo de 2020 por la tarde, cuando dos A350 de Iberia ya volaban hacia China y la gente de Inditex lo tenía todo preparado para cargar.

Y el proyecto descarriló porque un alto cargo del Gobierno, se puso en contacto con el Gobernador del Banco de España para que no se pagara a los proveedores chinos.

 A partir de aquí, todo empezó a oler fatal. El Gobierno de España no pagó a quienes le vendían las mascarillas, los proveedores chinos se negaron en redondo a entregar el material y los aviones de Iberia tuvieron que volver a casa con el material de  Inditex pero sin nada de lo que iba a adquirir el Ministerio de Sanidad.

Nadie entendía nada. Todo el mundo se hacía preguntas. Y por supuesto que La Moncloa estaba perfectamente al corriente.

Los mal pensados advertimos que el Gobierno de España prefería sus propias líneas de abastecimiento, opacas y diferentes a las normales … Y ahora se confirman las peores sospechas … Koldo, Ábalos, Illa, Armengol, Sánchez y unos cuantos más son los responsables del desastre. Ojalá se haga justicia, aunque lo dudo mucho, porque ya han pasado 4 años, y no parece que hayan imputado a nadie. Como dijo el ABC (Manuel Contreras), ahora se entiende el odio de la izquierda a Amancio Ortega.

jueves, 19 de septiembre de 2024

El móvil más caro del mundo

Mis amigos conocen mi alergia a los teléfonos móviles. A punto estoy de jubilar, después de 12 años, mi LG de baquelita con tapa protectora, y sustituirlo por un precioso Samsung GT-C3592, de muy similares características. Llamo y me llaman, que son las funciones primarias y fundamentales de los teléfonos.

No abultan apenas y resultan muy asequibles para cualquier bolsillo. El móvil más caro del mundo no pertenece a ningún jeque árabe bañado en petróleo.

Su propietario era el presidente del Gobierno de España, pero lo perdió. Lo tiene en su poder Mohamed VI, Rey de Marruecos, y guardan una copia los servicios secretos de Israel, el célebre Mossad.

Su precio actual es de 45.000 millones de euros, que es la suma que Sánchez ha prometido invertir en Marruecos a cambio del silencio. Un móvil carísimo. Esa cantidad abrumadora podía haberla destinado a inversiones en España, porque han sido los españoles, mediante los impuestos, los que han reunido ese dineral que se va a perder en Marruecos.

Pero Sánchez, inesperadamente, algo alertado por noticias y rumores comprometidos, ha decidido invertirlos en el Reino alauita «para modernizar sus estructuras». Me figuro que los extremeños, que tienen una línea ferroviaria que ya estaba obsoleta en la Primera Guerra Mundial, allá por 1914, se habrán sentido desplazados. Como los enfermos de ELA, a los que se les niega una cantidad menor, 38 millones de euros, para vivir con dignidad y cuidados el último tramo de su vida.

Una delegación de enfermos de ELA visitó hace unos días el Congreso de los Diputados y fueron amabilísimamente recibidos por cinco congresistas.

La traducción a ese desprecio no es otra que desearles un pronto fallecimiento y que dejen de darles la lata con peticiones inasumibles. Cuarenta y cinco mil millones de euros para mejorar las infraestructuras de Marruecos, y ni un puto euro para aliviar el sufrimiento de enfermos españoles sufrientes de la esclerosis lateral amiotrófica. Cuarenta y cinco mil millones a cambio del silencio del móvil de los Sánchez, y nada para los agricultores españoles. Cuarenta y cinco mil millones para inversiones hidrográficas en Marruecos, y aquí seguimos bebiendo de los pantanos construidos por Franco con una economía lastrada por la Guerra Civil, unos impuestos ridículos, y que simultáneamente dio de sí para levantar cuatro millones de viviendas sociales.

Se trata pues, del móvil más caro del mundo, que guarda charlitas y datos de presumibles negocios particulares de cercanísimas personas al presidente del Gobierno.

Con este sistema para mantener el secreto de ese móvil, Marruecos hará lo posible para mantenerlo en silencio. El problema es que el Mossad, harto de las simpatías mostradas por Sánchez y su Gobierno al terrorismo de Hamás, decida gastarle una jugarreta. Y al final, va a resultar que los marroquíes se beneficien de esos 45.000 millones de euros a cambio de un silencio que otros no respetarán.

Y de golpe, lo de Koldo, el guardaespaldas de Ábalos, que no se ha enterado de nada. Cobraba, presuntamente, comisiones por vender mascarillas. Y se apunta que a Marlasca le vendió 3.500.000 de euros en mascarillas, y a la presidente de Mallorca, hoy sentada con su ignorante trasero en la presidencia del Congreso, le endilgó una partida de 10.000.000 de euros en mascarillas. Ya hay 20 detenidos y el asunto promete.

Un móvil con un contenido valorado en 45.000 millones de euros tiene su intríngulis. El bien que haría ese dinero a España, a la agricultura, la industria, la sanidad, las obras públicas, la construcción de nuevos pantanos superando las trabas de los ecologistas, la educación, la auténtica Cultura, el alivio fiscal, la construcción de nuevos hospitales… Cuarenta y cinco mil millones de euros dan para mucho. Y en España estamos muy necesitados de que mejoren nuestras infraestructuras. A los enfermos de ELA, este dispendio con Marruecos no les ha consolado. Como a la España vaciada, como a la España calcinada, como a la España que lo soporta todo.

Si algo sobra, para Cataluña y su independencia.

Joé con el dichoso móvil.

Alfonso Ussia (El Debate)

jueves, 5 de septiembre de 2024

Un caso aislado

 Nueva York (EEUU), 2001, Torres Gemelas: 2996 muertos y 25000 heridos en un ataque islamista con aviones.

Madrid (España), 2004, estaciones de tren: 191 muertos y 1600 heridos con bombas islamistas.


Londres (Reino Unido), 2005, metro: 56 muertos y 700 heridos con bombas islamistas.


Burgas (Bulgaria), 2012, aeropuerto: 9 muertos con bombas islamistas.


Paris (Francia), 2015, revista Charlie Hebdó: 12 periodistas muertos, ametrallados por islamistas.


Paris (Francia), 2015, supermercado: 8 muertos ametrallados por islamistas.


Paris (Francia), 2015, sala de fiestas Bataclán: 130 muertos y 300 heridos ametrallados por islamistas.


Alemania, Nochevieja de 2015: 1732 mujeres violadas en todo el país por miles de musulmanes coordinados en grupos, la mayoría refugiados sirios.


Bruselas (Bélgica), 2016, aeropuerto: 32 muertos y 300 heridos con bombas islamistas.


Niza (Francia), 2016, calles céntricas: 84 muertos y 100 heridos arrollados por un camión conducido por islamistas.


Berlín (Alemania), 2016, mercadillo navideño: 12 muertos y 32 heridos arrollados por un camión conducido por islamistas.


Londres (Reino Unido), 2017, calles céntricas: 5 muertos y 31 heridos arrollados por un todoterreno conducido por islamistas.


Estocolmo (Suecia), 2017, calles céntricas: 5 muertos y 6 heridos arrollados por una camioneta conducida por islamistas.


Manchester (Alemania), 2017, concierto musical: 22 muertos y 59 heridos ametrallados por islamistas.


Londres (Reino Unido), 2017, calles céntricas: 2 muertos y 23 heridos arrollados por una camioneta conducida por islamistas.


Barcelona (España), 2017, Las Ramblas: 16 muertos y 152 heridos arrollados por una furgoneta conducida por islamistas.


Lyon (Francia), 2019: 13 heridos por una bomba colocada por yihadistas en una panadería.


Sri Lanka, 2019, domingo de Pascua: 269 muertos y 507 heridos tras el ataque simultáneo yihadista, con bombas, a tres iglesias católicas y cinco hoteles de varias ciudades del país.


Jolo (Filipinas), 2019: 20 muertos y 82 heridos por dos bombas colocadas por yihadistas en la catedral católica de esa ciudad.


Utrecht (Países Bajos), 2019: 4 muertos y 2 heridos en un tiroteo perpetrado por un yihadista turco.


París (Francia), 2019, comisaría: 4 policías muertos y 2 heridos en un acuchillamiento múltiple perpetrado por un yihadista francés. 


Auckland (Nueva Zelanda), 2021: 7 heridos en un acuchillamiento múltiple perpetrado por un yihadista neozelandés en un supermercado.


Londres (Reino Unido), 2021, calles céntricas: 2 muertos y 3 heridos en un acuchillamiento múltiple perpetrado por un yihadista paquistaní.


Wurzburgo (Alemania), 2021, calles céntricas: 3 muertos y 5 heridos en un acuchillamiento múltiple perpetrado por un refugiado somalí.


Israel, 2023: terroristas musulmanes de Hamás invaden el sur de Israel con parapentes y atacan a un Festival Juvenil: 1200 muertos y 400 secuestrados. Varios bebés son degollados en sus cunas. Muchas mujeres son violadas.


Cherburgo (Francia), 2023: una joven, en su propio domicilio, violada y empalada con una escoba por un inmigrante subsahariano.


Algeciras (España), 2023, interior de una iglesia católica: un sacristán asesinado a machetazos por un musulmán marroquí.


Mannhein (Alemania), enero de 2024, calles céntricas: 1 muerto y 6 heridos en un acuchillamiento múltiple perpetrado por un refugiado afgano.


Y anteayer en Solingen (también en Alemania), en el caso aislado número 495.728 (digo yo), la religión de la paz ha dado una nueva muestra de cómo entiende ella al europeo: con chilaba y burka obligatorios. En la Fiesta de la Diversidad de Solingen –algo parecido al Día del Orgullo Gay– un refugiado sirio ha decidido que los participantes del evento (quizá portadores de bufandas palestinas) no merecían vivir: 3 muertos y 8 heridos acuchillados. Pero ya se han tomado las medidas de emergencia: ya hay flores, y velas, y ositos de peluche en el lugar del atentado. Falta el imán de turno abrazándose a los familiares de las víctimas.

 

¿Quién odia a quién? –me pregunto yo– ¿El que acoge, o el que paga su acogimiento con vileza? ¿Quién es más xenófobo? –me sigo preguntando– ¿El que mata, o el que protesta porque lo matan? Porque aquí, en Europa, no lo olvidemos, desde hace un cuarto de siglo sólo se mata en una dirección. En una.

 

Ya está bien de avergonzarse. Ya está bien de acobardarse ante adjetivos tales como “fascista”, “islamófobo”, “racista” y “xenófobo”. Ya está bien de asumir que nos asesinan porque nos lo merecemos: por imperialistas, por insolidarios, por colonialistas, por cristianos, por infieles, por capitalistas, por las pretéritas Cruzadas, por materialistas, por ateos, por la extinta Inquisición, por apoyar a Israel, por participar en la guerra de Irak o por la madre que nos parió. Ya está bien de chifladuras suicidas de esta izquierda de sofá. Ya está bien. Y ya está bien de querer mezclar unas democracias liberales, hijas de la Ilustración, con unas teocracias medievales. Ya está bien.

 

Que conste en acta que no lo deseo; pero no quiero ni pensar el día en que la rabia ciudadana se desborde, en que los europeos pasen de las leyes y de la policía y organicen un dos de mayo a las bravas. Porque, desgraciadamente, se organizará. Lo siento mucho, pero ya no tengo duda. Y será peor que la batalla de Poitiers o que Las Navas de Tolosa.

 

Y no añado más. Ya lo dijo todo, en el año 2001, Oriana Fallaci. Léanla antes de que algún canalla retire sus escritos.

 

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

Ciudadano indignado.

miércoles, 31 de julio de 2024

LA GRAN MENTIRA

Érase una vez que se era...

Un país donde, sin que nadie la votara, amaneció un día una República.

Los políticos de izquierdas y de derechas que habían conspirado largamente para traerla se pusieron de acuerdo, en lo que se fuma un puro, para nombrar presidente y gobierno. Fue el 14 de abril de 1931.

Tras un breve periodo constituyente se fue a elecciones (nov 1933) y éstas, vaya por Dios, fueron ganadas por las formaciones de derechas (por cierto, de manera abrumadora).

Las izquierdas ya habían advertido de que, en caso de que las urnas les fueran adversas, irían contra "la república burguesa".

Algo muy democrático, claro,  según afirma hoy el Gobierno Sánchez, haciendo de esta barbaridad ley.

Y cumplieron con lo anunciado: en octubre de 1934 se produce un levantamiento obrero en la cuenca minera asturiana, organizado, financiado y armado por el PSOE.

Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero, a la sazón líderes socialistas, habían convocado para tales fechas una Huelga General Revolucionaria, confiando en extender la insurrección armada por toda la geografía hispana, pero aquel Golpe de Estado (oigan: GOLPE DE ESTADO) se quedó en mera (aunque sangrienta) aventura, porque salvo en pequeñas localidades de Albacete y Cádiz, el obrero eligió quedarse en casa. Y más aún cuando vieron que, aprovechando que el Pisuerga para la ocasión pasaba por la cuenca del Nalón, Lluis Companys proclamaba el Estat Catalá.

Fueron dos semanas de destrucción y crimen, que obligaron al presidente Lerroux a recurrir al Ejército de África para devolver el orden constitucional.

Lógicamente los cabecillas fueron procesados y, a instancias del Gobierno, Largo Caballero, líder de la UGT, fue juzgado por el Tribunal Supremo y acusado por el Fiscal General de la República, Valentín Gamazo.

Gamazo pidió 30 años de reclusión para Largo Caballero por "rebelión militar". Sin embargo, y a pesar de las abrumadoras pruebas presentadas a lo largo de los cinco días de la vista, el líder socialista fue declarado inocente.

El Fiscal Jefe Gamazo, jurista de fuste donde los hubieren, dimitió. Desde ese día, Paco Largo, bien desde el periódico Claridad, bien en sus propios mítines, no dejó de exhibir sus ideas ante masas enfervorecidas: o Dictadura del Proletariado o guerra civil. Y oigan: la tuvo.

Luego volveremos a este punto.

Agosto de 1936, el fiscal Gamazo en compañía de su esposa Narcisa y sus 9 hijos se ha trasladado a Rubielos, una aldeita en la provincia de Cuenca. Hasta allí se llegan un par de matones mandados desde Madrid, en compañía de otros 20 milicianos de localidades próximas. Toman preso a Valentín y a tres de sus hijos: José (21 años), Francisco (20 años) y Luis (17 años).

El padre suplica que lo maten a él y tengan piedad de sus hijos, pero en una carretera próxima los matan a todos cómo a perros, siguiendo el orden de menor a mayor en un alarde de morbosa crueldad. El Fiscal Jefe de la (gloriosa) República vio como asesinaban uno tras otro a sus hijos mayores antes de morir él.

Capone fue un puto aprendiz al lado del vengativo Largo Caballero. Los cadáveres fueron abandonados en un paraje tan inhóspito que, para cuando Narcisa los encontró varios días después, ya eran sólo unos bultos hediondos.

Y esto, amiguitos y amiguitas, resume el "Estado de Derecho" de la gloriosa Segunda República Española contra la que se sublevaron un grupo de "desalmados fascistas".

Mire, querido imbécil: si la guerra civil hubiera sido un capricho de Franco no hubiera pasado de Melilla. Lea mientras pueda.

Para el recuerdo:

Valentín Gamazo fue Abogado del Estado, al igual que José Calvo-Sotelo, Juan de Isasa, Porfirio Silván, Juan Manuel de Estrada, José Gómez de la Serna, Leandro González, Manuel Gómez Acebo, Pedro Redondo, Wenceslao Manzaneque, Antonio Marín, Manuel Mondéjar, Santiago Alonso, Julio Colomer, Federico Salmón, Luis Belda, Dimas Adánez, Jesús Yébenes, Teodoro Pascual, Fermín Daza, Luis Rúiz Valdepeñas, Juan Rovira, Juan Gómez, Celestino Lázaro, Angel Aguado, Angel Castro y Juan Godinez. Todos ellos ASESINADOS en 1936 por el Frente Popular.

Dos años después   de acabada la guerra, una persona reconoció a uno de los secuestradores de la familia Gamazo. El sujeto andaba tranquilamente por las calles de la capital.

Lo denunció y, tras ser efectivamente identificado y con un juicio justo, fue condenado a muerte y ejecutado.

Aquel hijo de puta hoy es reivindicado por asociaciones de Memoria Histórica como "asesinado vilmente por el fascismo". Igual hasta sus descendientes reclaman un jornalito... "¡Ay de mi pobre abuelito!".

La verdad, la puta verdad, es que la guerra civil solo la deseaba un bando: la izquierda. Los "Golpistas" fueron aquellos convidados que no se resignaron a ser de piedra.

Y es lo que hay. Se ganó la guerra y además se ganó la paz... y eso es exactamente lo que os quieren ocultar.

Si en verdad eres un demócrata full equipe, déjanos contarlo tal cual pasó, machote.

¿Quién tiene miedo a la verdad?".

Alfonso Ussía 


jueves, 11 de julio de 2024

Simplemente, un caradura.

 No se conoce mentiroso ni caradura mayor. Tiene mucho peligro, y ha hecho el ridículo. No importa.

Lo decía Antonio Mingote, que era creyente distante: «Dios es justo. España es una nación maravillosa. Tenemos de todo. Arte, Historia, un idioma que habla medio mundo. Unos paisajes increíbles, meteorología envidiable, mar y montaña, una gastronomía única, y un sentido de la vida, la de los españoles, incomparable. Por lo tanto, Dios ha procedido a equilibrar a última hora nuestras ventajas para no reincidir en su injusticia. Y nos ha llenado España de tontos. Somos el país con más tontos del mundo, y los gobernantes más tontos del mundo, y somos tan tontos, que todavía no nos hemos apercibido de ello. Yo estoy con un pie fuera de esta vida. Lo siento por ti, que aquí te quedas».

El problema no es Sánchez, que es, simplemente, un jeta, un caradura y un mentiroso compulsivo. Un hombre hecho para sobrevivir en la trampa, el lujo, la avaricia y el poder. En otra nación, menos agraciada por la obra de Dios pero con menor número de imbéciles y vividores a costa del dinero ajeno, Sánchez no supondría un problema. El problema no es otro que los millones de españoles que creen en Sánchez, o viven muy bien gracias a Sánchez, o no saben cómo vencer a Sánchez, o se dejan engañar por un engañado a sí mismo, o los que, para chantajear al poder, han exigido y han recibido toda suerte de ventajas fiscales y políticas para extorsionar al Estado a cambio de deleznables reconocimientos y derechos inexistentes. Tenemos a Sánchez gracias a los que hemos aprobado una Constitución en la que cabe que la gobernación de España pueda decidirse por siete votos de chantajistas. Una Constitución que podría haber sido modificada por la derecha y la izquierda, pero ni una ni la otra consideró que la igualdad democrática era fundamental para la garantizar la convivencia. A los españoles, votemos a derechas o izquierdas, nos van a terminar regalando en las urnas, después de depositar nuestros votos, un chupachups y un globo, para volver a casa más contentos y felices. Y mientras tanto, el Poder Judicial caerá en manos de Sánchez, y el Supremo será de Sánchez, y se organizarán refrendos ilegales gracias a Sánchez, y los terroristas socios de Sánchez terminarán gobernando, y Aznar, Rajoy y Feijóo seguirán creyéndose oposición y no colaboradores indispensables del desastre. Porque Sánchez, es un caradura, un mentiroso, un hortera, un vividor y un peligro para la unidad de España.

Pero no es tonto. Y no ser tonto, en la España de hoy, es como ser Einstein en la Europa del siglo XX. Un Einstein sin escrúpulos, claro está.

Creo, no obstante, que Dios ha agudizado en exceso su sentido de la justicia. Podría haber puesto sobre la tierra de nuestra prodigiosa nación, un 33 por ciento de inteligentes, un 33 por ciento de españoles más o menos pensantes y un 34 por ciento de tontos. Pero el porcentaje del equilibrio es desequilibrado. En España, hoy por hoy –y me incluyo–, hay como poco, un 78 por ciento de tontos, de vagos que viven de los demás, de recién llegados que lo obtienen todo cuando a los jubilados españoles se les resta su derecho acumulado durante cuarenta años de trabajo y cumplimiento de sus cotizaciones sociales. Tenemos un desarrollado sentido de la comprensión de la grosería, la violencia, la degeneración subvencionada, el periodismo comprado –¡Bieito, cuenta conmigo!–, y del abuso del dinero público en beneficio de la barbarie y la mentira. Una nación que en el siglo XXI abraza y vota al comunismo es una nación de idiotas.

Sánchez se limita a conocer la situación y se aprovecha. Es simplemente, un vividor, un psicópata y un caradura.

Pero no es tonto.


Cosas que pasan. Alfonso Ussía.

El Debate




lunes, 27 de mayo de 2024

NO DESCARTO QUE SÁNCHEZ SE FUGUE

No descarto que Sánchez se fugue, que tenga que irse de España. No lo descarto. Con maletero, o sin maletero. Ya se verá. Pero una huida en toda regla. Es más: hay precedentes. Ya lo hizo Betino Craxi, el líder del partido socialista italiano, que huyó a Túnez el resto de su vida para no responder ante la Justicia de su país tras haber saqueado las arcas públicas. Y con él, desapareció para siempre el partido socialista italiano.

Es tan brutal lo que pasa en España, es todo tan raro y oscuro, que sólo desde la delincuencia organizada o desde el trastorno mental de un sociópata se pueden explicar ciertas cosas: los pinchazos de Marruecos al teléfono de Sánchez, las turbias y asimétricas relaciones de Sánchez con el rey marroquí, el brusco y radical cambio de posición con El Sahara, las negociaciones con golpistas prófugos, la desarticulación del CNI en Cataluña y el País Vasco, la amnistía por cojones a terroristas y amigos de Putin, el toqueteo del Código Penal a gusto del delincuente, la alianza con los proetarras de Bildu, las infamias del CIS de Tezanos, la parasitación del Tribunal Constitucional por elementos sanchistas, el abandono de la Guardia Civil en su lucha contra el narcotráfico, etcétera, etcétera, etcétera. Todo de una gravedad tan extrema que haría plantearse a cualquier presidente español huir hacia Venezuela y pedir asilo político. Bueno. Mejor a Suiza, pues no se conoce un solo caso de socialista, comunista o independentista que se haya exiliado en Corea del Norte, en Cuba o en Venezuela. Curioso.

Pero quedaba el caso Koldo para aumentar el riesgo de fuga del presidente Sánchez, un caso que tiene que ver con las maletas de Delsy y con una banda de delincuencia organizada del PSOE para enriquecerse con las mascarillas del COVID. Y perdón por repetir conceptos. Ya sé que, desde que Sánchez llegó al poder para regenerarnos moralmente de la corrupción del PP, decir “banda de delincuencia organizada” y decir “PSOE” son la misma cosa en una sola frase.

Un buen día de hace dos años, de madrugada, en absoluto secreto, Sánchez y Marlaska despiertan a Ávalos y lo envían urgentemente al aeropuerto de Madrid para entrevistarse con Delsy, la vicepresidenta chavista de Venezuela que tiene prohibido pisar suelo europeo por delitos de tortura y de lesa humanidad. Delsy viaja de incógnito con muchísimas maletas. Lo que allí pasa, dentro del avión, no se sabe con certeza, sobre todo porque existen grabaciones del aeropuerto que contradicen las primeras quince versiones que Ávalos da a los periodistas sobre su encuentro nocturno. A Ávalos lo acompaña Koldo, su chófer, su gigantesco lugarteniente, su chico para todo, un matón de discoteca, un portero de prostíbulo ascendido a mano derecha de un ministro del Gobierno, un forzudo que también entra en el avión y coge aquel puñado de maletas cargadas de no se sabe bien qué (vista las querencias del PSOE… seguramente sería coca, euros o putas) y se las lleva a no se sabe bien dónde (vista la evolución del Partido… seguramente al domicilio privado de alguien).

Tras ese servicio nocturno de guardamaletas, el tal Koldo, ese semianalfabeto que tiene la suerte de caerle en gracia a Pedro Sánchez y a Ávalos, cumple el sueño de cualquier socialista de pro: vivir como un pachá de la mamandurria sin tener ni pajolera idea de absolutamente nada, salvo de matón de discoteca y mamporrero de puticlub. En otras palabras: es el tipo adecuado para ser Consejero de Renfe, lugar donde aterriza gracias a los grandes servicios prestados a… a…. a…. ¿a Delsy? Pero una vez allí, en Renfe, gracias a Koldo, el tren de alta velocidad llega por fin a Extremadura, y los vagones de los trenes ya caben en los túneles de Cantabria. Que no se diga.

Pero a Koldo no le basta con la Renfe. Koldo quiere más caldo, y coloca a su señora en el ministerio de Fomento como secretaria de alguien. Tampoco nos consta que sepa leer y escribir. Digo la señora. Y digo Koldo.

Además, viendo Koldo que faltan mascarillas en plena pandemia COVID, monta en Zaragoza una empresa fantasma (¿con el contenido de las maletas de Delsy?) y se mete en el bolsillo 53 millones de euros de dinero público, un dinero proveniente de Marlaska (ministerio del Interior), de Ábalos (ministerio de Fomento), de Baleares (Francina Armengol) y de Canarias (ministro Víctor Torres). Y siempre por adjudicaciones a dedo. Y siempre de ministerios y comunidades autónomas socialistas. Y siempre mentando a Ábalos.

Hecho el negocio, con la barrabasada completa, estafados ya los españoles, Koldo se compra tres pisos de lujo, seis chupachups de frambuesa, tres condones para usar en el puticlub y un par de terrenitos que paga –dice la prensa de hoy– usando la cuenta de ahorro infantil de su hija menor de edad. Porque ser socialista y palanganero no significa necesariamente ser tonto. Basta con ser un listo.

Y ahora, cuando la Guardia Civil ha detenido a la banda completa, nadie conoce a nadie. Sánchez, que si te vi no me acuerdo. Ábalos, que está estupefacto. Marlaska, que no conoce ni a Ábalos. Koldo, que va a tirar de la manta.

En fin. Que estamos en un país donde, tras cualquier escándalo socialista, han de aparecer forzosamente algunas de las siguientes palabras: maleta con euros, sauna gay, prostíbulo, rayita de coca, chófer untado, pelín de farlopa, whisky de doce years, calzoncillos estampados y señoritas que fuman.

Todo de una sordidez tan cutre… que impresiona más que el delito.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Yo, si fuese Sánchez, ya me habría fugado a Suiza.

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

sábado, 4 de mayo de 2024

Culpables somos todos

 

Cuando miro atrás sobre cómo hemos llegado a que una democracia ejemplar de cuarenta años en uno de los países con más larga historia en Europa se vea contra las cuerdas acorralada por antipatriotas, me llevan los diablos por la podredumbre moral de una clase política capaz de manipular y sobornar con tal de mantenerse en el poder aunque sea con respiración asistida. De esa panda de charlatanes, fanáticos, catetos y a veces ladrones —con corbata o sin ella—, dueña de una España estupefacta, acomplejada o cómplice. De una feria de mangantes que las nuevas formaciones políticas no regeneran, sino alientan.

El disparate catalán tiene como autor principal a esa clase dirigente catalana de toda la vida, alta burguesía cuya arrogante ansia de lucro e impunidad abrieron, de tanto forzarla, la caja de los truenos. Pero no están solos.

Por la tapa se coló el interés de los empresarios cobardes y cómplices, así como esa demagogia oportunista, encarnada por los Rufiancitos de turno, aliada para la ocasión con el fanatismo más analfabeto, intransigente, agresivo e incontrolable con esa pinza siniestra de chantaje social y emocional facilitado por la dejación que el Estado español ha hecho de sus obligaciones —cualquier acto de legítima autoridad democrática y defensa de los valores nacionales se considera por intoxicación un acto fascista—, crece y se educa desde hace años a una sociedad joven de Cataluña, con sesgos de intolerancia visceral con efectos dramáticos e irreversibles, a corto y medio plazo. En esa fábrica de desprecio, cuando no de odio fanático, a todo cuanto se relaciona con la palabra España.

Pero ojo. Si esas responsabilidades corresponden a la sociedad catalana, el resto de España es tan culpable como ella. Lo fueron quienes, aun conscientes de dónde estaban los más peligrosos cánceres históricos españoles, trocearon en diecisiete porciones competencias fundamentales como la educación y las fuerzas de seguridad del estado.

Lo es esa izquierda insensata que ha pervertido al pueblo para que la bandera y la palabra España parezcan propiedad exclusiva de la derecha, y lo es la derecha que no vaciló en atribuirse como exclusivos tales símbolos en sus turbios negocios. Lo son los presidentes desde González a Rajoy, sin excepción, que durante tres décadas permitieron que el nacionalismo despreciara, primero, e insultara, luego, los símbolos del Estado, convirtiendo en apestados a quienes con toda legitimidad los defendían por creer en ellos. Son culpables los ministros de Educación y los políticos que permitieron la tóxica falsedad en los libros de texto formando generaciones en el desprecio para un futuro de enfrentamiento. Es responsable la Real Academia Española, que para no meterse en problemas negó ayuda a los profesores, empresarios y padres de familia que acudían a ella denunciando chantajes lingüísticos.

Es responsable un país que permite que grupos de miserables silben a su himno nacional y a su rey, escupan y quemen nuestra bandera que simboliza la unidad entre todos.

Son responsables los periodistas y tertulianos que ahora despiertan indignados tras mirar para otro lado durante décadas, mientras a sus compañeros  los llamaban exagerados y alarmistas.

Porque no les quepa duda: culpables somos ustedes y yo, que ahora exigimos sentido común a una sociedad civil catalana a la que dejamos indefensa en manos de manipuladores, sinvergüenzas y delincuentes. Una sociedad que, en buena parte, no ha tenido otra que agachar la cabeza y permitir que sus hijos se camuflen con el paisaje para sobrevivir. Unos españoles desvalidos a quienes ahora exigimos, desde lejos, la heroicidad de que se mantengan firmes, cuando hemos permitido que los aplasten, humillen y silencien.

Por eso, pase lo que pase, el daño es casi irreparable y el mal de la codicia sin escrúpulos, ni principios es cancerígeno, pues todos somos culpables. Por estúpidos, por indiferentes, por cobardes.

Ahora borra este mensaje y condénalo en la indigna indiferencia esperando que otros hagan el esfuerzo por ti o pásalo a tus amigos y manifestaos en contra del desmoronamiento moral de esta España histórica por la que millones dieron su vida, por defender su integridad y dignidad milenaria, de una cultura que desde fuera ha sido referencia ejemplar mundial.

¡En tus manos queda!

Arturo Pérez Reverte