viernes, 5 de noviembre de 2010

Quiero romper una lanza en favor de las mujeres


Si, hoy desde mi pequeño rincón, alejado de los ruidos y de la velocidad de esta vida que no para, y de la que no te puedes bajar, quiero rendir un pequeño homenaje a todas las amas de casa, a todas las madres y a todas las mujeres en general.

Son el llamado sexo débil. Pero, ¡qué ignorancia! y que expresión más poco acertada. ¿Las mujeres el sexo débil? Nada más lejos de la realidad. Ellas son el motor silencioso que sostiene esta sociedad cada vez menos machista, afortunadamente, pero a la que aún le queda mucho por cambiar en este sentido.

El problema no es sólo legislativo, por mucho que se empeñe el gobierno en legislar al respecto.

El problema radica, principalmente, en la mentalidad machista existente aún en muchos hombres, los cuales en sus casas no recibieron la educación adecuada al respecto.

La mayoría de estos hombres son en la actualidad jefes, directores o propietarios de empresas en las que no se facilitan unos horarios más acordes a la realidad y necesidades sociales, y más concretamente a las de las trabajadoras.

¿Cómo se va a poder conciliar con horarios de 10 a 14 y de 16 a 20 aún existentes en algunas empresas, o teniendo una hora y media para comer, cuando con 45 minutos hay tiempo de sobra? ¿Acaso no se pueden trabajar 8 ininterrumpidas o parando media hora para comer? Formulas hay muchas, lo que falta es voluntad.

Quién piense que las mujeres, en términos generales, no son más inteligentes y validas que los hombres para el trabajo intelectual, está pero que muy equivocado. El problema es que hasta hace muy poco recibieron una enseñanza dirigida al cuidado de la familia, y por tanto no han podido desarrollar o aplicar sus capacidades.

De hecho ¿Qué tienen a su favor? El famoso dicho de: “Los débiles tienen un arma: los errores de los que se creen fuertes” y al estar la mujer en una posición más débil, el hombre se siente muy confiado porque se ve superior.

A eso le has de sumar el arma que cualquier mujer que sea muy ambiciosa no dudará en utilizar, su físico y su facilidad para engatusarte. Dado como somos la mayoría de los hombres, estamos perdidos ante esa situación

Desafortunadamente para ellas, y afortunadamente para los hombres, la mayoría de las mujeres tienen un lastre insalvable, la llamada de la maternidad. Un embarazo o más dejan a cualquier mujer fuera de juego, salvo que esté dispuesta a sacrificar el cuidado de su hijo por su carrera profesional. Esto es, que como le oí decir hace algunos años a un amigo, Director del Departamento Jurídico a nivel nacional de una gran consultora extranjera, “la mujer que se queda embarazada sabe que si se coge más de 6 semanas de baja está fuera de juego”, o lo que es lo mismo, que no tiene posibilidades en la empresa.

Por mucho que se intente legislar al respecto, las mujeres, a pesar de estar capacitadas y ser muy válidas, en su mayoría, juegan con esa desventaja, que sólo pueden eliminar teniendo un solo hijo, o ninguno, o renunciando a criar a sus hijos, porque no nos engañemos, aunque la actual legislación da posibilidad al hombre de asumir parte del protagonismo de su cuidado en las primeras semanas de nacimiento, el hombre jamás asumirá ese papel, salvo en circunstancias coyunturales.

Mención aparte tienen los casos en que las jefas son mujeres. En ese caso, y por lo general, las mujeres tienen todo perdido, porque la jefa piensa que si ella ha tenido que sacrificar tantas cosas para llegar hasta allí, su subordinada no lo va a conseguir haciendo menos y sin sacrificar nada. Craso y egoísta error.

A todo esto le sumamos que si ambos trabajan, algo cada vez más frecuente, el hombre por lo general ayuda poco, y colabora menos en las tareas de la casa, siendo la mujer la que, además de su trabajo, tiene que cargar con la limpieza de la casa, hacer la compra, cargar con el cuidado de los niños y enseñanza de los niños, etc.

Y todo porqué, porque las mujeres son más duras, y lo soportan casi todo. De hecho al leer esto a quien no se le viene a la cabeza la imagen de su mujer que según llega de trabajar, o después de haber limpiado la casa, y atendido y duchado a los niños se pone a hacer la cena a toda la familia mientras los hijos estudian o juegan, y el padre o ve la tele o lee el periódico.
¿Es que el marido no puede ayudar? ¿Para qué? si ya lo hace ella.


Aunque el hombre trabaje fuera y ella “sólo en casa”, salvo que no se tengan hijos, o se tengan muy pocos y empleada del hogar, los hombres deberíamos colaborar mucho más en casa, porque la jornada media de un ama del hogar es de entre 10 y 12 horas agotadoras y sin recompensa alguna.
En este caso, ¿se ha molestado algún hombre en comprobar alguna vez lo durísimo y poco agradecidas que son las labores del hogar?

Además ellas no paran ni aun cuando se encuentran mal o están enfermas, son como máquinas apisonadoras, pueden con todo.

El que trabaja fuera, por lo menos al final del mes recibe un salario, mientras que ellas no obtienen ni el reconocimiento familiar.

Menos machismo y más ayuda. ¿No dijimos al casarnos para la bueno y para lo malo? Pues seamos consecuentes y asumamos un papel más relevante en la vida familiar y en nuestras casas.

Queridas mujeres apliquen la siguiente máxima: “Si no les puedes convencer, confúndelos”

Desde aquí todo mi reconocimiento y gratitud para las madres y las mujeres, porque, insisto, en términos generales, son sin ninguna duda el eje y el motor de las familias, y por lo tanto, de la sociedad.

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