viernes, 8 de abril de 2016

'Cintora a pie de calle'

Lo dicho por Jesús Cintora, en su programa "A pié de calle", que a continuación reproduzco, es una absoluta realidad, pero independientemente de todo ello, los receptores de los mensajes, y la falta de objetividad, formación, cultura, y pausa, lleva a que tantísima gente haya votado en España a un partido de extrema izquierda, como Podemos, que entre otras cosas defiende la autodeterminación, justifica el terrorismo de ETA, no suscribe el pacto antiyihadista, y justifica a regímenes como el Venezolano de Chaves y Maduro, o el de los Ayatolas de IRAN (antidemocráticos, regimen maxista y perseguidor de los gays, etc, etc, etc) o tantísimas otras cosas que me resisto a creer que las respalden más de cuatro millones de Españoles.
Cuanto mal ha hecho la crisis (como dejaron los socialistas en 2011 las arcas del estado) y la corrupción.

MUCHA GENTE ES INCAPAZ DE RESISTIR LA INYECCIÓN DE DEMAGOGIA QUE RECIBEN DIARIAMENTE DESDE LAS TELEVISIONES PRIVADAS. LA RESPONSABILIDAD ES DE SUS DIRECTIVOS Y SUS PROFESIONALES SECTARIOS. ELLOS SON CULPABLES O COMO MÍNIMO CÓMPLICES DEL DESASTRE GENERAL.
La mayoría de las cadenas de televisión privadas de mi país son de izquierdas. Y muchas de ellas francamente sectarias. Se ocupan de destacar a cuchillo todo lo que va mal en el país, que atribuyen a las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno de Rajoy. Incitan los instintos más primarios de la gente, que son la envidia y el resentimiento, y persuaden a los ciudadanos de que la solución de todos sus problemas está en manos del Estado, que debe impulsar un gasto público mayor, aumentar los derechos sociales, fortalecer los sistemas de protección y elevar los impuestos a todos aquellos que ganan mucho dinero, no importa que esto se deba a la pericia y el sacrificio puestos en el empeño. Las televisiones de mi país han exagerado la corrupción hasta el extremo de que han conseguido instalar en el imaginario público la idea de que todos los políticos son unos ladrones cuyo objetivo genuino es robar a los ciudadanos. Ni qué decir tiene que el daño causado por estos medios de comunicación ha sido tremendo. Han provocado una desafección hacia la clase política y las instituciones muy difícil de corregir, han socavado la moral pública, han convertido a los individuos en irresponsables -en personas infantiles cuyas desgracias jamás tienen que ver con ellos sino con un agente externo- y han impulsado con gran eficacia el populismo. Una de las razones por las que Podemos, el partido radical de extrema izquierda que lideraPablo Iglesias, tenga 69 diputados en el Congreso es precisamente el apoyo que tácita o explícitamente le han prestado estos medios de comunicación absolutamente nocivos.
A pesar de esta descripción tan literal y desgraciada del estado de la televisión privada de mi país, yo me presto a participar a veces en algunas de estas cadenas venenosas. No sólo porque, a pesar de ser liberal, tengo muchos amigos de izquierdas, incluso francamente sectarios, sino porque pagan lo suficiente como para cenar la familia un fin de semana o comprar libros, y sobre todo porque no me preocupa hacer de chivo expiatoria de la jauría si es a cambio de poder emitir libremente mis opiniones aunque provoquen el escándalo general. La costumbre de muchos de estos programas de televisión es invitar siempre, como coartada, precisamente para lavar el complejo de culpa que tienen, a una persona de derechas, que, en minoría, queda rápidamente desacreditada por el enfoque general del reportaje o de la tertulia en cuestión. No me importa. Me presto al sacrificio con mucho gusto por el bien del país, y porque pienso que quizá alguno de los que me escuchan pueda tener un arrebato de lucidez o de sentido común y reflexionar sobre si, en el fondo, no tendré algo de razón.
La semana pasada participé en un programa cuyo objetivo era hablar sobre los remedios del desempleo, así como el de las familias que tienen problemas para pagar su vivienda o están en riesgo de desahucio. Me llevaron a un pueblo muy pequeño de Toledo donde el 70% de la gente está en paro. Allí, en la plaza Mayor, rodeados por muchos de sus habitantes, la mayoría jóvenes votantes de Podemos y jubilados que reciben una pensión bastante más digna de la que correspondería a sus cotizaciones, pero todavía más radicales, mantuvimos una tertulia en la que hubo momentos en que temí por mi integridad física. Lo primero que dije es que para reducir las altas tasas de paro, sobre todo entre los jóvenes, había que reducir o liquidar el salario mínimo. Después, que prohibir de manera indiscriminada, por ley, los desahucios de las personas que no pueden hacer frente a sus obligaciones tendría unas consecuencias devastadoras sobre el mercado del alquiler, perjudicando sobre todo a los jóvenes, que no están en condiciones de adquirir una vivienda en propiedad. Naturalmente, la reacción del público que me escuchaba fue iracunda, en gran parte porque el programa estaba concebido para transmitir precisamente unas ideas contrarias a las mías: que los empresarios deben aumentar los salarios o que los gobiernos deben facilitar una vivienda gratis a todo el mundo.
Me dio igual. Seguí con mi tesis de que cada persona con trabajo tiene, en condiciones normales, el sueldo que se merece, el que está de acuerdo con la productividad de la que es capaz según su cualificación, y sostuve que, por desgracia, la mayor parte de los jóvenes que me rodeaban ni tenían la aptitud suficiente para aportar el valor añadido que esperan los empresarios, y que, en todo caso, éstos podrían contratar a muchos de ellos para desempeñar algunas tareas pero a un precio más bajo que el que marca el salario mínimo oficial, que cuanto más alto más desincentiva la creación de empleo. Concluí, en medio del abucheo general, que es mejor trabajar a cualquier precio, con el salario que sea, antes que estar tumbado en casa a la bartola viviendo del subsidio de paro, porque esto último sólo abunda en la molicie, la pereza y la destrucción del poder de creación de riqueza que, por pequeño que sea, siempre anida en las personas. A pesar de un ambiente tan hostil, salí ileso, me quedé tan ancho, con la sensación de haber cumplido con una obligación cívica.
Hoy solo lamento no haber tenido a tiempo el informe elaborado por la Oficina Federal de Empleo de Alemania en el que se hace balance de la introducción del salario mínimo en el país, que fue una de las condiciones exigidas por la izquierda para formar el gobierno de coalición con el partido de Merkel. La conclusión de este informe es que la introducción de un salario mínimo de 8,5 euros por hora desde enero de 2015 ha destruido 60.000 empleos en la principal locomotora del Continente. Y eso aunque no se aplicó a los menores de 18 años sin formación, a los aprendices, a los trabajadores que se regían por un convenio colectivo con un salario propio ni tampoco a los parados de larga duración o a los que recibían alguna clase de ayuda estatal, en cuyo caso las consecuencias habrían sido todavía más dramáticas. Es una gran ventaja que las estadísticas, que admiten muy pocas interpretaciones, constaten que los salarios mínimos frenan la contratación de los más jóvenes -que es el colectivo con más paro- y que las empresas siempre se negarán a crear empleo si la rentabilidad de éste es inferior a los costes que entraña.
En España, los partidos que aspiran a formar gobierno incluyen en sus programas un aumento del salario mínimo. Ya el infausto presidente Zapatero lo subió hasta un 40% durante los ocho años que gobernó, incluso en épocas de deflación, contribuyendo a aumentar el paro juvenil. Cuál sea la razón por la que los partidos insisten en ensayar políticas que han demostrado su fracaso forma parte del arcano de la historia. Por qué los jóvenes de ese pequeño pueblo de Toledo donde casi me linchan no son capaces de entender argumentos tan obvios, que irían en su beneficio, o no resisten la inyección de demagogia que reciben a diario desde las televisiones privadas de mi país, también. La diferencia es que todavía se puede considerar a los jóvenes inocentes. A las televisiones, a sus directivos y a sus profesionales sectarios, no. Ellos son culpables o como mínimo cómplices del desastre general.

viernes, 1 de abril de 2016

¿A qué juega Pedro Sánchez?

Lo visto hasta ahora, desde las elecciones del 20 de diciembre deja en evidencia a la clase política española, y lo que realmente les interesa.

El Partido Popular, como es habitual en la España democrática de 1978, sólo puede gobernar si tiene mayoría absoluta, o casi (tirándose en los brazos de los nacionalistas, que tanto provecho han sacado de esta circunstancia), y cuando lo ha hecho, ha sido para arreglar el desastre económico que le ha dejado su antecesor en el gobierno.

El Partido Socialista, siempre se ha aliado con quien hiciera falta para poder gobernar, importándole muy poco si lo hacía con la derechas o el centro derecha (CIU y PNV), siempre que no fuera el PP, pero lo de Pedro Sánchez no tiene nombre, pues pretende formar gobierno con el concurso de Ciudadanos, de Podemos o de quien haga falta siempre que se cumplan sus intereses personales, ser Presidente a toda costa y sin importar el precio que debamos de pagar los españoles, para que él vea cumplido su sueño, ser el Presidente, no sólo que fracaso en un absurdo intento de investidura (tomadura de pelo y perdida de tiempo hacerlo sabiendo que sólo contaba con 131 votos), sino con 90 diputados, esto es el peor resultado de la historia del PSOE, que además fue el cuarto mas votado en su circunscripción electoral, Madrid.

Resulta lamentable comprobar que todos los partidos, sin exclusión alguna, sólo buscan su posicionamiento electoral, despreciando al partido ganador, con tal de conseguir sus objetivos, y a sabiendas de que si el PP no está en el gobierno, el gobierno que pudiera resultar de los pactos anti natura que se barajan, no podría hacer, legislativamente hablando, prácticamente nada. Eso sí, Pedro Sánchez conseguiría ser ex presidente del Gobierno, la economía volvería a retroceder, y antes de terminar el año volveríamos a tener otras elecciones, en las que posiblemente el PSOE se hundiría definitivamente, y habría el gobierno Constitucionalista que el PSOE se niega a formar ahora.

El señor Zapatero, el presidente que llegó por accidente en un tren de cercanías, jamás se imaginó que el dicho "otros vendrán, que bueno me harán", lo iba a poder utilizar, pues tras dejar España medio en la ruina, nunca pudo pensar que su sucesor en el PSOE fuera una persona tan intransigente, negligente, inútil, chaquetera, interesada y poco democrática, como es Sánchez, y que llevaría al PSOE a los peores resultados electorales de la historia reciente del PSOE.

Señores políticos, o se ponen de acuerdo para formar un gobierno estable, o nos veremos abocados a otra recesión económica y política, que por lo visto hasta el momento, a ustedes no les importa ni lo más mínimo.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Yihadistas = Asesinos

Una vez más, Europa se viste de luto por el terrorismo Islamista.

Lo cierto es que estos asesinos son gente a la que le han lavado el cerebro, y que si no fueran terroristas, como les ocurre a los Etarras en españa, serían delincuentes comunes.

La expresión yihad, se utilizó durante el periodo de expansión del islam, entre los siglos VII y XV, época marcada por las guerras dirigidas contra los árabes, judíos y cristianos, y contra todo aquel que pudiera considerarse como enemigo de la fe. Era lo que ellos consideraban, tergiversando el Coran, Guerra Santa.

Según los musulmanes, la yihad no tiene precisamente el sentido de propagar de manera violenta la fe del islam por el mundo. Al contrario, consideran que la yihad comprende el conjunto de medidas y esfuerzos del islamismo para conseguir la paz mediante la resistencia a las agresiones injustas. De allí que, según esto, la yihad puede también ser librada contra otros musulmanes que no actúan conforme a la ley de Alá.
Los extremistas y fanáticos religiosos quieren convencer a la gente manipulable/desarraigada/sin futuro, de todo lo contrario que es Alá (Dios), porque Alá (Dios) es AMOR, porque todas las religiones, sin exclusión, promueven la paz y el amor, no la violencia y la guerra.
Lo triste en estos casos es que estos asesinos Islamistas, como ocurre con los Etarras, no son denunciados por sus vecinos o conciudadanos, probablemente por miedo, no sólo a las represalias, sino a la remota posibilidad de que su Dios les castigue cuando mueran porque realmente su Dios considera que obran correctamente.
Mientras no obremos todos unidos contra el terror de estas minorías que quieren imponer sus creencias con la violencia, será muy difícil terminar con esta lacra.
Por cierto, ¿alguien me podría explicar como Podemos no ha suscrito el pacto anti Yihadista firmado por todos los partidos políticos? Cómo puede haber personas que estén de acuerdo con esto y les voten. Es más, ¿cómo se les permite que estén como observadores en las reuniones? ¿observadores de qué? ¿de la información para transmitírsela a sus aliados financieros de Iran y Venezuela?
Muchas cosas a cambiar, empezando por la formación y principios morales de los ciudadanos, en cuyas manos está la solución de todas estas cosas.

lunes, 21 de marzo de 2016

Podemos y el peligroso engaño de la Democracia Real

Por su interés y por lo certero del mismo, a continuación reproduzco el artículo publicado en el periódico Expansión, con el mismo título.

PABLO IGLESIAS Y SUS PURGAS A LO STALIN.


PODEMOS NUNCA DIRÁ QUE PRETENDE IMPLANTAR UN RÉGIMEN QUE NO SEA DEMOCRÁTICO. SUS DIRIGENTES SABEN QUE EL TÉRMINO "DICTADURA", AUNQUE SEA LA DEL PROLETARIADO, ES HOY Y AQUÍ INACEPTABLE, Y POR ESO HABLAN DE UNA DEMOCRACIA REAL, PARTICIPATIVA O RADICAL. ES UN ARTIMAÑA PARA LAMINAR LA DEMOCRACIA LIBERAL QUE DISFRUTAMOS.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras la caída de Hitler, el Ejército Rojo había ocupado Hungría. Los soviéticos se dieron cuenta de que no contaban con las simpatías de la población y como no querían, al menos en un primer momento, tener ningún conflicto con los Estados Unidos, el Kremlin proclamó su voluntad de dar nacimiento a una verdadera democracia.
En noviembre de 1945 se realizaron las primeras elecciones libres, controladas por una comisión aliada dirigida por el mariscal ruso Voroshílov. Los resultados dieron la mayoría absoluta al partido de los Pequeños Propietarios (57%), seguido del partido socialdemócrata, con un 17,7% y de los comunistas, que obtuvieron el 17%.
El líder del partido que había ganado las elecciones, Zoltan Tildy, fue nombrado presidente de la República de Hungría. A pesar de que los Pequeños Propietarios habían tenido mayoría absoluta, Voroshílov presionó a Tildy para que formara un gobierno de coalición.
Fue entonces cuando Mátyás Rákosi, secretario general del Partido Comunista húngaro y fiel súbdito de Stalin, para deshacerse de los partidos no estalinistas puso en marcha la que él denominó "táctica del salami". Rákosi, que era hijo de carnicero, sabía muy bien que rodaja a rodaja puede uno comerse un salchichón sin que nadie se dé cuenta. Aplicada a la política, la estrategia consistía en, paso a paso, rodaja a rodaja, laminar los partidos que fueran contrarios al régimen de Moscú.
En marzo de 1946, Voroshílov obligó a Tildy a que nombrara Ministro del Interior al comunista Lázlo Rajk. Éste creó una policía política que se encargó de vigilar, perseguir, denunciar y encarcelar a todos los que se consideraron enemigos de Stalin. Los primeros en caer fueron los conservadores del Partido de los Pequeños Propietarios.
En 1947 se celebraron nuevas elecciones. Esta vez ganaron los comunistas con el 22,3% de los votos, el Partido Demócrata consiguió el 16,5% y los socialdemócratas el 14,9%. El Partido de los Pequeños Propietarios obtuvo el 15,3% de los votos; en tres años había perdido más del 40% de sus votantes.
Un año más tarde se fundaba el Partido de los Trabajadores, fruto de la fusión de comunistas y socialdemócratas. Para entonces todos los líderes de partidos no comunistas habían sido arrestados, silenciados, o habían huido del país. En agosto de 1949 se aprobó una nueva constitución, calcada de la soviética, y se proclamó la República Popular de Hungría bajo el poder absoluto de Mátyás Rákosi. Las libertades individuales y de expresión dejaron de existir. Hungría se convirtió en un satélite de Moscú. Más tarde, Rákosy utilizaría la misma estrategia para limpiar su partido y convertirse en el único líder. Durante la Guerra Fría, la expresión "táctica del salami" se utilizó para explicar la estrategia utilizada por Stalin para someter a los países de Europa del Este.
Analistas políticos del chavismo dicen que Hugo Chávez fue un experto en utilizar la misma táctica, no solo para hacerse con el poder, sino también cuando, una vez alcanzado, puso en marcha el proceso dictatorial de la República Bolivariana de Venezuela. Paso a paso, rodaja a rodaja, fue suprimiendo las libertades civiles de los venezolanos. Los pasos eran tan pequeños que la gente apenas percibía el cambio, pero si alguien se hubiera ocupado de reconstruir rodaja a rodaja el salami completo, hubiera podido comprender cómo había llegado a ser aplastada la libertad individual en Venezuela.
El pasado 20 de diciembre Podemos se convirtió en el tercer partido político más votado por los españoles. Dadas las conexiones de Podemos con la Venezuela de Chávez no sería de extrañar que los chicos de Pablo Iglesias se hubieran traído de allí la táctica del salami. Eso podría explicar cómo, en tan solo dieciocho meses, Pablo Iglesias ha conseguido construir un partido de extrema izquierda que tiene ya 69 escaños en el Parlamento. El líder de Podemos laminó Izquierda Unida, juntó rodajas de fuerzas políticas minoritarias y ahora trabaja para ocupar el espacio de toda la izquierda española.
Si se quiere conocer de primera mano cuál es el proyecto político de Podemos no hay más que leer los escritos de sus dirigentes. En mayo de 2015, antes de que se celebraran las elecciones autonómicas y municipales, se publicó un libro de conversaciones entre Iñigo Errejón, portavoz de Podemos, y Chantal Mouffe, viuda de Ernesto Laclau, teórico del populismo, asesor ideológico de los Kirchner y uno de los intelectuales que más ha influido en los elaboradores del cuerpo doctrinario de Podemos.
Solo el título del libro, Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia, dice ya mucho sobre el carácter revolucionario del proyecto político de Podemos. Cuando Pablo Iglesias hablaba de "asaltar el cielo" la mayoría entendimos que quería tomar al asalto el poder. Eso sería demasiado simple, los líderes de Podemos han llegado a la política con un propósito mucho más ambicioso. Están imbuidos de un espíritu redentor. Quieren cambiar el mundo, construir un pueblo, crear el hombre nuevo colectivo del que hablaba Rousseau, aquel capaz de entregar su libertad a la voluntad del Estado. No está de más recordar que, para Isaíah Berlin, Rousseau era uno de los seis mayores enemigos de la libertad humana.
En Construir pueblo, Iñigo Errejón y la viuda de Laclau hablan de Gramsci, de su concepto de hegemonía, de "identidades colectivas", de posmarxismo, de populismo... y lo hacen utilizando una confusa jerga para explicar su pensamiento político. Un lenguaje para iniciados que recuerda a la "neolengua" del libro 1984 de George Orwell.
Si algo dejan claro los autores en este libro es que Podemos es un partido que surge del 15M. Recogieron todas sus demandas y elaboraron un ideario político de izquierdas que ofrecía soluciones para los distintos colectivos que entonces se movilizaron.
Podemos considera que la democracia liberal (parlamentaria) nacida de la Constitución de 1978 ha resultado un fracaso. El movimiento 15M reclamaba una "democracia real ya". No queda claro qué tipo de democracia quieren implantar los ideólogos de Podemos. Hablan de una "radicalización de la democracia" mientras van dando pasos hacia la construcción de una "democracia directa" no parlamentaria.
La democracia parlamentaria, con todos sus defectos, es mucho más garante de las libertades individuales que cualquier otra forma de democracia y, por supuesto, infinitamente más liberal que cualquier dictadura. Podemos nunca dirá que pretende implantar un régimen que no sea democrático. Los dirigentes de Podemos saben que el término "dictadura", aunque sea la del proletariado, es hoy y aquí inaceptable, por eso hablan de una democracia real, participativa o radical. Siempre dirán que ellos lo que quieren es mayor participación popular y mucha más democracia, pero también lo decían los comunistas del siglo pasado. Es importante recordar que la Hungría dominada por Stalin se llamó República Popular de Hungría, que la Alemania del Este era la República Democrática Alemana y que la República Popular Democrática de Corea es hoy Corea del Norte, la Corea comunista.
La táctica del salami, como se ha visto en Venezuela, funciona tanto para eliminar partidos como para suprimir libertades. Muy bien podría Podemos utilizar la estrategia del salchichón para cambiar nuestro sistema parlamentario por una "democracia directa" sin que apenas nos diéramos cuenta. Bastaría con mantener y respetar, porque no les queda otra, las reglas democráticas actuales y, al mismo tiempo, crear una vía de participación popular que fuera haciéndose cada vez más amplia. El salami parlamentario iría desapareciendo rodaja a rodaja mientras la democracia directa se iría construyendo pasito a pasito.
El método sería muy similar al que, según Iñigo Errejón, debe Podemos utilizar para transformar la "vieja política" en una nueva política. "Yo creo -dice el hoy portavoz de Podemos- que hay que moverse en dos carriles. Uno, el de la disputa mediática, del presente, que se juega con unas reglas, con una cultura política, que fundamentalmente ha construido el adversario (...) Y luego otro carril en paralelo: nosotros decimos 'de paso corto y mirada lejos". Ese otro carril, el del paso corto, es el que estaría reservado para, "la necesaria reconstrucción popular, cultural y comunitaria, que recomponga lo roto por décadas de fragmentación neoliberal". Si no he entendido mal, esto significa que los líderes de Podemos, mientras luchan por alcanzar cuanto antes el poder, irán, sin prisa pero sin pausa, creando una nueva mentalidad, una nueva forma de ser y de pensar para ese pueblo que quieren construir.

¿DEMOCRACIA REAL? LAS INSTITUCIONES REPRESENTAN A TODOS

Y en esa radicalización de la democracia está el gobierno delAyuntamiento de Madrid. Se han puesto en marcha varios espacios de participación ciudadana con el objetivo, según dicen los responsables municipales, de fomentar la democracia directa en Madrid. Nadie puede estar en contra de que los vecinos opinen y debatan sobre las cuestiones de su ciudad. Es una buena cosa que los concejales tengan en cuenta las sugerencias de los ciudadanos, pero ello debería hacerse respetando siempre el reglamento. No podría ser que decisiones que corresponden al Pleno Municipal se tomaran en asambleas o a través de las redes sociales. Los concejales tenemos la representación de nuestros votantes. En el Pleno Municipal están pues representados, no unos cuantos, sino todos los madrileños.
Parece como si el Ayuntamiento, para poner en marcha ese proceso de implantación de una democracia directa en Madrid, estuviera empleando la táctica del salami. Y es que, pasito a pasito, rodaja a rodaja, abre ámbitos de participación directa en barrios y distritos sin cambiar la normativa municipal. Como ellos mismos suelen decir, "vamos despacio porque vamos lejos". Para ellos lo importante no es la meta, son los procedimientos. Ya lo dijo la alcaldesa parafraseando a Antonio Machado: "se hace camino al andar". Su "lejos", su meta, no es el poder, ya lo tienen. Su objetivo más inmediato es la "radicalización de la democracia". Después vendrá la transformación de la sociedad y la "hermosa" tarea de construir un nuevo pueblo.
Alicia Delibes es concejal del PP en el Ayuntamiento de Madrid. Este artículo se publicó inicialmente en Libertad Digital.

lunes, 29 de febrero de 2016

Por qué es bueno que fracase la investidura (Miguel Ángel Belloso)

Muchos observadores con poco tino han dicho que el acuerdo alcanzado entre el PSOE y Albert Rivera tiene un tono centrista, que es un pacto que incluso podría firmar sin despeinarse el propio Mariano Rajoy. Los firmantes, por su parte, han procurado arrimar el ascua a su sardina aunque pienso que Sánchez ha dejado que Rivera se apuntase el tanto de afirmar que en el acuerdo se incluía el 80% de los planteamientos de Ciudadanos, a sabiendas de que es una gran mentira. Por aquello de hacerle un favor, de que quede bien, y no pierda votos por la derecha, que los perderá seguro.

Pero cuando se leen las 60 páginas del documento se llega a una conclusión irrefutable: el acuerdo es casi una copia literal del programa electoral del PSOE, algo por otra parte lógico, ya que los socialistas cuentan con 90 diputados, y más que doblan los escaños de Ciudadanos. Y esta es la razón principal para que el señor Sánchez sea derrotado en la primera sesión de investidura. Porque el programa con el que se presenta es malo para el país. Hay muchas razones que avalan esta tesis, pero la principal es que es un acuerdo que eleva al gasto público y que conduce inevitablemente a subir los impuestos. Introducir al mismo tiempo una renta mínima y un complemento salarial garantizado requerirá de recursos muy superiores a los 7.000 millones calculados angelicalmente por el dueto Sánchez Rivera. El coste puede cuadriplicarse.

Y como es natural, los impuestos precisos para enjugar este aumento brutal del gasto público tienen que aumentar. Es verdad que se dice que se congelarán las tarifas del Impuesto sobre la Renta, pero este avance es menor si al mismo tiempo se eliminan desgravaciones, que es algo que se omite y que seguramente está en el pensamiento de los autores del plan. También se deduce del documento que subirá la tributación para las rentas del capital -una de las obsesiones de los socialistas-, así como para los beneficios de las empresas, en el Impuesto de Sociedades, lo que expulsará el ahorro y la inversión y castigará la creación de empleo.
Se eleva el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, porque las autonomías que lo tienen completamente bonificado, como es el caso de Madrid, La Rioja y otras, se verían obligadas a cobrarlo. Se aumentan los impuestos medioambientales de tal manera que se perjudicará a las familias con menos ingresos, que no pueden comprar los coches más caros con motores más desarrollados, y también está previsto aumentar las cotizaciones sociales -que son el verdadero impuesto sobre el empleo-, al eliminarse los actuales incentivos a la contratación. El único impuesto que baja es el IVA para el cine y los espectáculos, para contentar a los señores del ramo, a los de la ceja.
La estrategia de política económica practicada durante la pasada legislatura puso el énfasis en impulsar la competitividad de la economía española -la palabra competitividad sólo aparece una vez en el documento de marras- a través de una reforma laboral que permitiera a las empresas adaptarse con flexibilidad al ciclo, y elegir, en caso de necesidad, vías de ajuste diferentes a la del despido, bajando salarios o cambiando otras condiciones de trabajo. Esta estrategia ha sido un éxito. La economía crece por encima del 3% y ha sido capaz de crear el 60% de todo el empleo de la unión. La estrategia que presenta Sánchez es radicalmente contraria.

Está basada en una redistribución arbitraria de los ingresos públicos en perjuicio no sólo de las clases medias sino también de los más desfavorecidos. Estos se verán especialmente perjudicados por los cambios que se quieren introducir en la legislación laboral. En particular, por el propósito de eliminar la prioridad del convenio de empresa en los dos elementos fundamentales, el salario y la jornada. De ponerse en práctica, esto impediría que las compañías pudieran adaptar el convenio a su propia situación, perjudicando la contratación. También se quiere dar marcha atrás en la supresión de la ultraactividad -la prórroga automática de los convenios-, que ha venido siendo el auténtico cáncer del mercado laboral y el principal instrumento de poder de los sindicatos, pues prolongaba convenios desfasados, con aumentos salariales desorbitados incluso en épocas de crisis, abocando a las compañías a la destrucción de empleo.
El acuerdo se propone igualmente la eliminación del mínimo exento de 500 euros en las cotizaciones sociales, que ha supuesto un potente incentivo para la contratación indefinida, y está en peligro la tarifa plana para los autónomos, lo que desmiente la retórica absurda del señor Rivera en el sentido de que estamos ante el primer acuerdo de la historia que los favorece. La idea que se extrae del documento es la de revertir lo que ha venido siendo un eje fundamental hasta ahora -aunque poco ambicioso pero un eje-, que era reducir los impuestos que gravan la creación de empleo -como son las cuotas- para reducir el coste de la contratación y favorecer la lucha contra el paro.
La combinación del aumento del gasto, de la subida de impuestos y la reversión de la reforma laboral, que ha merecido el elogio de las autoridades comunitarias, nos crearía, de ponerse en marcha, muchos problemas en Europa. Mucho más aún si va acompañada de la modificación pretendida del artículo 135 de la Constitución -el que se vio obligado a reformar in extremis Zapatero bajo la presión inexorable de Bruselas, y que requirió una alteración constitucional- que consagra la estabilidad presupuestaria, popularmente conocida como la persecución del déficit cero. Un cambio de las reglas del juego en este aspecto condenaría a España a pagar mayores tipos de interés por su deuda pública, lo que reduciría su capacidad de crecimiento y sus posibilidades de sostener un gasto público que sigue siendo, en los niveles actuales, demasiado elevado.
Por resumir, el pacto alcanzado entre los señores Sánchez y Rivera revierte ( o directamente deroga) reformas que han sido fundamentales para que la economía española haya vuelto a crecer en los dos últimos años -a partir de la segunda mitad de la legislatura popular- y para que haya recuperado, también en ese tiempo, la mayor parte de la competitividad perdida. Es un pacto que aborda en el peor sentido posible otras cuestiones trascendentales, como la política energética, que por primera vez después de los ocho años de Zapatero, ha logrado detener y corregir el déficit de la tarifa eléctrica. La aborda en el peor sentido posible porque también quiere dar marcha al tras al nuevo modelo y abandona como prioridad tener la energía más barata posible.
Pero dejémoslo aquí. Ya me parece suficiente como para concluir que este acuerdo, de entrar en vigor -y por fortuna no ocurrirá, de momento- sería perjudicial para el país. Sánchez ha dicho, y con tal espíritu ha convocado a los militantes, obteniendo el respaldo suficiente, que este acuerdo hace posible el Gobierno del cambio y de progreso que pidieron los electores en las urnas. Pero primero, los electores no pidieron nada. Votaron a quienes quisieron. Punto. En segundo lugar, el ganador con una diferencia notable en las pasadas elecciones fue el PP. Tercero, PSOE y Ciudadanos, que son los agentes en cuestión, apenas suman ocho diputados más que el PP, y cuentan también con el rechazo de Podemos, o sea que están condenados al fracaso.
Finalmente, el acuerdo es desde luego de cambio...pero a peor, es regresivo y contrario al progreso y el bienestar común. De manera que por fortuna, ni Sánchez será investido presidente en primera instancia, ni este acuerdo dañino para los intereses del país saldrá adelante. ¡De momento! Habremos ganado un poco de tiempo, aunque la política siempre puede deparar sorpresas, y me temo, por desgracia, que todas malas -quizá un acercamiento entre Sánchez e Iglesias que todavía podría ser más letal-. Hay un escenario alternativo que sería el mejor de los posibles: que unas nuevas elecciones produzcan una realidad distinta o infundan más sentido común al conjunto de los partidos políticos.

viernes, 19 de febrero de 2016

El que esté libre de pecado.....

El controlar los medios de comunicación facilita que ocurra lo que se expone en esta información, de forma que siempre parezca que los corruptos son los mismos, y los demás no han roto un plato.

Los populares se quejan de que sólo ellos tienen una lupa de aumento encima. El día en que un diario abría con un “Rajoy acosado por la corrupción”, un barón socialista era señalado de nuevo
El viernes, cuando todo el mundo hablaba del registro del despacho del exgerente del PP de MadridBeltrán Gutiérrez, El Mundo abría a cinco columnas con el gigantesco titular Rajoy acosado por la corrupción y Esperanza Aguirre comparecíaen la comisión parlamentaria sobre corrupción creada en la Asamblea de Madrid, un barón socialista recibía una muy mala noticia.
Ese día la Audiencia Provincial de Lugo rechazaba un recurso interpuesto por el líder del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, en la causa que tiene abierta por su enriquecimiento personal y en la que está imputado por cuatro presuntos delitos: cohecho, prevaricación, tráfico de influencias y contra la ordenación del territorio.
En un auto difundido por el Tribunal Superior de Justicia gallego, la Audiencia Provincial consideraba "razonable" una "exhaustividad en la investigación" habida cuenta de la gravedad de los hechos que se le imputan a Gómez Besteiro, bautizado como "el imputado VIP de Pedro Sánchez". Y al que el líder del PSOE se ha negado sistemáticamente a apartar de su cargo pese a que siempre ha presumido de ser inmisericorde con la corrupción. Aunque en su día se hiciera el remolón con Manuel Chaves y José Antonio Griñán.
El varapalo judicial a Gómez Besteiro, que en principio será el candidato del PSdeG a las elecciones gallegas de este otoño, ha pasado totalmente desapercibido en la prensa nacional. Es más. Ni siquiera La Voz de Galicia abrió su portada del sábado con ello, sino con la reunión entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez de la tarde del viernes en el Congreso.
Y ello pese a que sobre el líder socialista recae la sospecha de que, siendo concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Lugo -en 2004-, compró una vivienda a un precio inferior al del mercado a cambio de autorizar una polémica promoción inmobiliaria. Para más inri, siempre según la juez, la reforma posterior se la hizo gratis otra empresa. 
Hay todavía más. El abogado del socialista, Cándido Conde-Pumpido (hijo del exfiscal general del Estado), fue acusado de coacciones a la juez del caso a través de un correo electrónico que le envió hace año y medio, aunque el Consejo General del Poder Judicial haya decidido hace unos días frenar el tema. 
Pero no, a pesar de todo ello Gómez Besteiro no ha ocupado estos días ni un minuto de los informativos, ni una columna de opinión en la prensa nacional, ni un comentario en las tertulias. Tan protegido por Pedro Sánchez y tan inmune se siente que hasta se permite ironizar. Hace poco decía en la Radio Galega, tras cargar contra la magistrada de su caso: "No estuve en Dallas cuando asesinaron a Kennedy".
Desde hace tiempo el PP viene quejándose de que la lupa de aumento que tiene encima para los casos de corrupción no existe en el PSOE. Que por ejemplo desde el 1 de febrero tiene a una exalcaldesa de Jerez en la cárcel, Pilar Sánchez, condenada a cuatro años y medio de prisión por malversación, falsedad en documento oficial y prevaricación.
Ella ya no ocupaba el cargo, Gómez Besteiro sí, aunque a Pablo Iglesias tampoco parezca importarle para pactar con Pedro Sánchez. "El PSOE es el partido con más causas abiertas por corrupción", recordaba un argumentario interno enviado a los cargos del PP desde La Moncloa el lunes.

Escrache/acoso: donde las dan, las toman.

Escrache fue la palabra del año 2013. Como una Miss o un coche. La Fundación de Española Urgente (Fundéu), que busca siempre con ánimo juvenil los nuevos términos que van apareciendo en el ideario mental etimológico de nuestra vivaz y cambiante sociedad, así lo decidió hace ya más de dos años.
Viene del argentino. Escrachar: romper, destruir, aplastar. O también fotografiar a una persona. Alude "a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos", aunque también se acepta como barco si los manifestantes se encuentran a su víctima despistada por la calle.
Hasta aquí la acepción seca. Luego vienen las definiciones filosófico-políticas y poéticas. Pablo Iglesias los definía entonces como "un mecanismo democrático para que los responsables de la crisis sientan una mínima parte de sus consecuencias". La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, cuando no lo era, sostenía que son "protestas necesarias, que indican la vitalidad de una sociedad que se defiende ante una situación injusta (...) son ejercicios de algo que es todavía mucho más hermoso, la solidaridad". Su homóloga barcelonesa, Ada Colau, los definía como una actividad "profundamente democrática".
Aquello era antes, y ninguno de los mencionados arriba tenían los importantes puestos de responsabilidad que ahora desempeñan. Eran otros tiempos. La casta campaba a sus anchas por los pasillos políticos y la influencia del activismo era "inofensivo" institucionalmente. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), cuna política de Colau, fueron los primeros en desarrollar los escraches con vigor y periodicidad. En respuesta a los desahucios, frecuentaban los hogares de políticos para que probaran su propia medicina. Luego los escraches fueron evolucionando, y desembocaron en una causa más general. Colau celebró en 2013 el "éxito total" de un escrache a la política popular Maria Ángeles Esteller, "que acumula cargo de concejala [en el Ayuntamiento de Barcelona] y de diputada en el Congreso". Cristina Cifuentes vivió un escrache cuando era delegada del Gobierno en Madrid, en 2014, y Rosa Díez, la exlíder de UPyD, también, en la Complutense, donde estaba Pablo Iglesias.
Todo eso ocurría sin embargo cuando los activistas eran activistas, porque posteriormente fueron ocupando otras carteras políticas, como eurodiputados, ediles, consejeros y diputados, a medida que iban pasando las elecciones del Cambio. La urgencia social daba paso a otras prioridades que había que compaginar. La sociedad cambiaba, la política cambiaba, y asimismo cambiaba nuestro vocabulario y sus definiciones.
Y el escrache también ha mudado de piel, y poco a poco se va tornando equivocado, inoportuno, erróneo y agresivo. Hasta culminar una nueva esencia esta semana, cuando el concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, Javier Barbero, sufrió un escrache de policías municipales que protestaban por la disolución de una unidad de antidisturbios por parte del consistorio de Carmena. Barbero, que había participado anteriormente en varios escraches, sostiene que esto "no es un escrache", sino un "acoso" y un "ataque a una persona que representa una institución," afirma (sin darse cuenta de que está ofreciendo otra perfecta definición para el término escrache). Y luego remata: "Los escraches se hacen cuando no hay espacios de interlocución. Hay diálogo con sindicatos. Esto no ha sido un escrache". Pablo Iglesias advierte de que "hay que distinguir entre la libertad de expresión y las situaciones que puedan vulnerar la integridad física".
Y así vamos llegando a un punto en que quienes se muestran ahora ofendidos por las criaturas que ellos espolearon, van moldeando el lenguaje hasta el punto de que el escrache, palabra del año 2013, ha sido vaciado de sus acepciones originales: ahora, desde los despachos institucionales significa otra cosa y es malo, porque ahora hay espacios de diálogo: y se llaman Vicepresidencias del Gobierno